La frase que rompe el aire como un cuchillo: “Fue él… o alguien que actuó con su conocimiento.” Con esas palabras, el Tribunal Supremo deja caer un veredicto que suena a final de capítulo en un true crime político: la filtración del correo no fue un accidente, fue una acción consciente. La sombra sobre García Ortiz ya no es una sospecha: es una figura nítida en un foco frío, rodeada de preguntas que arden. Y mientras el país contiene la respiración, la historia queda abierta en el punto más inquietante: si ya sabemos “quién”, ¿qué falta por descubrir?(hh)

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