El juez Garzón defiende lo que ha hecho Zapatero en Venezuela y no tiene mejores palabras para responder a los ataques del PP.
El magistrado agradece la labor del expresidente: “No tengo más que palabras de agradecimiento”.

La última intervención pública del juez Baltasar Garzón ha encendido de nuevo el debate político en España, colocando sobre la mesa una discusión que va mucho más allá de lo estrictamente jurídico y que toca fibras sensibles sobre la diplomacia española, la ética política y el papel de las figuras institucionales en situaciones internacionales complejas.
En una tertulia en el programa LaSexta Xplica, Garzón se pronunció con una contundencia inusual sobre las críticas del Partido Popular (PP) al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en el contexto de la mediación española en Venezuela tras la reciente intervención de Estados Unidos en ese país latinoamericano.
Garzón no se anduvo con medias tintas. Desde el inicio de su intervención, dejó claro que para él “lo que diga el Partido Popular, o cualquier otro de la extrema derecha, en este tema, no tiene peso y es absolutamente interesado e instrumental”.
Estas palabras no solo sirven como respuesta directa a las acusaciones de la oposición, sino que plantean una crítica más profunda sobre cómo se utiliza, en ocasiones, la política exterior como herramienta de confrontación interna.
El magistrado calificó de “muy meritoria” la labor de Zapatero en Venezuela, donde el expresidente desempeñó un papel destacado en la mediación que llevó a la liberación de presos políticos, incluidos ciudadanos españoles.
Garzón enfatizó que esta mediación no surgió por imposición sino de manera voluntaria y humanitaria, y que merece reconocimiento y respeto más allá de las diferencias políticas nacionales.
“No tengo más que palabras de agradecimiento por esa labor”, afirmó, destacando que ese tipo de mediaciones se producen en múltiples lugares del mundo y que es injusto que, en este caso, se utilicen para atacar a quienes las llevaron a cabo.
Según Garzón, lo que ocurre en este caso es que “parece que cualquier situación se retuerce para volverse en contra de cualquier iniciativa de mediación humanitaria que se pueda producir”.
Esta afirmación subraya su preocupación por lo que considera una tendencia a deslegitimar la diplomacia española cuando esta no se ajusta a determinadas líneas discursivas políticas internas.
Para él, este debate refleja más una lucha política entre partidos que una discusión sobre la realidad política latinoamericana o las consecuencias de la intervención en Venezuela.
Una de las frases que más ha resonado de su intervención es la referencia directa a la visión del PP sobre la situación en Venezuela.
Garzón no se limitó a defender la actuación de Zapatero y Sánchez, sino que también criticó la expectativa de que la líder opositora venezolana María Corina Machado fuera investida de inmediato, algo que, en su opinión, demuestra un desconocimiento profundo de la realidad política en ese país y de los procesos que afectan a su compleja transición.
En el otro extremo del espectro político, la respuesta del Partido Popular ha sido igualmente rotunda y confrontativa.
En el marco de la 28ª Interparlamentaria del PP celebrada en A Coruña, la portavoz adjunta del Grupo Popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, dedicó una parte importante de su discurso a arremeter contra Sánchez y Zapatero, calificándolos como “una desgracia para Venezuela” y “una vergüenza para España”.
Álvarez de Toledo no se quedó en una crítica suave. En términos muy duros, acusó a ambos dirigentes de haber tenido una actuación permanentemente equivocada e incluso perjudicial para el pueblo venezolano, mientras defendía el respaldo de su partido al liderazgo de Corina Machado, recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
La dirigente popular aprovechó su intervención para defender el compromiso del PP con la oposición venezolana y con los presos políticos, insistiendo en que Sánchez y Zapatero “más les valdría colaborar con la justicia antes de que la justicia los alcance a ellos”.
Estas declaraciones reflejan un choque frontal entre visiones políticas profundamente distintas sobre la actuación internacional de España.
Para Garzón, la mediación humanitaria debe valorarse en términos de ayuda concreta a personas y procesos de paz, sin instrumentalización partidista.
Para el PP, por el contrario, la actuación de Zapatero y Sánchez se percibe como una prolongación de una política fallida y de posibles complicidades con el régimen venezolano, un relato que ya había sido esbozado por otros dirigentes populares en meses recientes, incluso vinculando presuntos intereses económicos del expresidente con el régimen de Nicolás Maduro.
El choque de interpretaciones pone de manifiesto la profunda polarización que existe en España en torno a Venezuela, un país que ha trascendido su propio ámbito geopolítico y se ha convertido en un campo de batalla ideológico dentro de la política española.
La intervención de Garzón no solo defiende el trabajo de Zapatero, sino que también señala el peligro de que la crítica política desenfrenada reduzca la posibilidad de acciones humanitarias eficaces en el futuro.
Desde la perspectiva del exmagistrado, cuando se trata de mediación humanitaria, lo esencial es la liberación de personas injustamente detenidas y la búsqueda de soluciones pacíficas, no el rédito político inmediato o los posicionamientos ideológicos rígidos.
Su llamado implícito es a separar la diplomacia de los intereses partidistas, algo que, según su análisis, no está ocurriendo en el escenario actual.
Pero en el PP sostienen lo contrario. Para ellos, la manera en que España ha abordado la situación venezolana refleja una debilidad política y una falta de claridad estratégica que, en su opinión, han perjudicado tanto a la población venezolana como a los propios intereses internacionales de España.
La acusación de que Sánchez se negó a utilizar términos como “dictador” para referirse a Nicolás Maduro o que Zapatero ha estado “operando para perpetuar una dictadura criminal corrupta” son parte de una narrativa mucho más amplia que busca deslegitimar la política exterior del Gobierno en este punto.
A esto se suma la insistencia del PP en que el Gobierno debería reconocer y respaldar de forma más explícita a líderes de la oposición como María Corina Machado, fortaleciendo así su posición frente al régimen chavista.
Esta postura contrasta con la de Sánchez y sus aliados, que han buscado un enfoque más diplomático y menos confrontacional, apoyando mediaciones y enfoques multilaterales antes que posicionamientos directos.
La polémica, por tanto, no es solo sobre Venezuela. Es una confrontación de modelos: el de una diplomacia de puentes y mediación internacional frente al de una política de apoyo explícito a líderes opositores como herramienta de presión política.
Y en medio de esta disputa, figuras como Garzón han optado por enfatizar la importancia de separar el contenido humanitario del debate político nacional, recordando que, al final, detrás de toda mediación hay vidas humanas afectadas directamente por la violencia y la represión.
Este choque de discursos también alimenta un debate más amplio en la política española: cómo se integra la política exterior dentro del discurso interno, cuándo una actuación puede ser genuinamente humanitaria y cuándo se convierte en un instrumento de confrontación política.
No es un debate fácil ni rápido, pero sí uno que ha demostrado tener ramificaciones que podrían influir en cómo España se proyecta en el mundo en los próximos años.
La intervención de Garzón ha obligado a reabrir muchas de estas preguntas, y la respuesta del PP ha confirmado que el tema no va a desaparecer pronto de la agenda pública
En un contexto en el que Venezuela sigue siendo uno de los asuntos internacionales más delicados y polarizadores, la política española enfrenta un momento decisivo para definir no solo sus alianzas y estrategias, sino también sus principios y prioridades como actor global con historias, voces e intereses en pugna