Vito Quiles subió al escenario con confianza… pero segundos después, todo cambió cuando sus ataques a Pedro Sánchez se convirtieron en el hazmerreír de la ceremonia de premios militares. Risas sarcásticas, miradas frías y un silencio inquietante hablaron más fuerte que cualquier réplica. ¿Qué sucedió realmente en esa sala y por qué se está haciendo viral este momento?

Vito Quiles, recibido con insultos a Pedro Sánchez en los Army Awards: “Me lo habéis quitado”.

 

 

 

El agitador y Gabriel Rufián han sido coronados como ‘Pareja del año’.

 

 

 

 

 

La tercera edición de los Army Awards dejó claro que ya no se trata solo de una gala de humor digital.

 

Lo ocurrido en el Madrid Arena marcó un antes y un después para un evento que nació como una parodia de los premios tradicionales y que hoy se mueve en una frontera cada vez más difusa entre entretenimiento, provocación y confrontación política.

 

Lo que debía ser una noche de risas, música y sátira terminó convertida en un espejo incómodo de la polarización que atraviesa a la sociedad española, especialmente entre los más jóvenes.

 

Cerca de cinco mil personas llenaron el recinto. El ambiente era el esperado: camisetas con memes, móviles en alto, vídeos grabándose en cada esquina y la sensación de que allí no había solemnidad alguna.

 

Sobre el escenario, Ceciarmy y Santiago Segura ejercían de maestros de ceremonias, conscientes de que el tono del evento debía ser irreverente, imprevisible y caótico. Ese ha sido siempre el espíritu de los Army Awards: reírse de todo y de todos, sin filtros y sin complejos.

 

 

La gala avanzó entre actuaciones musicales y números pensados para mantener la atención de un público acostumbrado a estímulos constantes.

 

Omar Montes, Kidd Keo, RVFV, Fernando Costa y Nueva Línea pusieron ritmo a la noche. Hubo incluso un espectáculo de hipnotismo que arrancó carcajadas y sorpresa.

 

Los premios, fieles al ADN del evento, mezclaron lo absurdo con lo viral: La Falete se llevó el galardón al ‘Outfit del año’, Erra y Juan Beata fueron reconocidos por un ‘Acto solidario’ y el premio ‘Fails’ recayó en el ya célebre viral protagonizado por Mario Taxi. Todo parecía transcurrir dentro de lo previsto.

 

 

Sin embargo, la atmósfera empezó a cambiar cuando llegó uno de los momentos más esperados y, a la vez, más controvertidos de la noche: la entrega del premio a la ‘Pareja del año’.

 

Un galardón que, por definición, juega con la ironía y el doble sentido. Los premiados eran Vito Quiles, comunicador conocido por su estilo provocador en redes, y Gabriel Rufián, diputado de ERC, que no se encontraba presente en el recinto. Desde ese instante, el tono de la gala dio un giro evidente.

 

 

La subida al escenario de Vito Quiles desató una reacción inmediata en parte del público.

 

Antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, comenzaron los cánticos contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Insultos coreados con fuerza, repetidos y amplificados por el eco del recinto.

 

Lejos de frenar la situación, Quiles sonrió, bromeó con ello y alimentó el clima de exaltación. “Me lo habéis quitado, lo iba a decir yo”, comentó entre risas, dando a entender que compartía el sentir de quienes gritaban.

 

 

A partir de ahí, su intervención se convirtió en uno de los discursos más comentados y criticados del evento.

 

Agradeció el premio a quienes habían votado y lamentó la ausencia de Gabriel Rufián con un tono irónico, insinuando que su ausencia podía deberse a unas supuestas compras navideñas.

 

La broma, cargada de sarcasmo, arrancó aplausos y risas en una parte del público, mientras otros comenzaban a mostrar signos de incomodidad.

 

 

El discurso fue subiendo de intensidad. Quiles afirmó que Rufián era “uno de los pocos políticos que le cae bien”, pero inmediatamente después lanzó una comparación que mezclaba política internacional y nacional, asegurando que “es curioso que se haya ido antes Maduro de Venezuela que el del Congreso”.

 

La frase terminó con un grito de “¡Viva Venezuela libre!”, que fue respondido con aplausos y vítores desde la grada.

 

 

En ese punto, el escenario ya no era solo el de una gala de premios satíricos. Se había transformado en una tribuna política improvisada.

 

Quiles defendió que las redes sociales son, hoy en día, uno de los últimos espacios de libertad frente a lo que considera intentos de censura por parte de los políticos.

 

Mirando al público, subrayó la importancia de los creadores de contenido y del papel de la generación joven, a la que describió como un “foro de libertad que no se puede perder”.

 

Sus palabras fueron directas, sin matices ni eufemismos. Reclamó que los creadores puedan decir y publicar lo que quieran “sin que venga ningún político de turno a censurarles”.

 

El mensaje conectó con una parte del público que ve en las redes un refugio frente a las instituciones tradicionales, pero también provocó rechazo entre quienes consideran que ese tipo de discursos, en un evento masivo, cruzan una línea peligrosa.

 

La animadversión hacia el PSOE fue explícita. Quiles recordó una crítica pasada dirigida a Ceciarmy, cuando se le acusó de apropiarse de vídeos ajenos, y la utilizó para lanzar una comparación que encendió aún más la polémica: “Más roba el PSOE y nadie dice nada”.

 

La frase, celebrada por algunos, fue recibida con estupor por otros asistentes, conscientes de que la gala estaba perdiendo su carácter lúdico.

 

El cierre de su intervención fue el punto de no retorno. Tras felicitar a Ceciarmy y reconocer que no suele acudir a este tipo de eventos, Quiles lanzó consignas políticas y terminó con un nuevo insulto directo al presidente del Gobierno, coreado por parte del público.

 

El grito resonó en el Madrid Arena y, en cuestión de minutos, comenzó a circular por redes sociales acompañado de vídeos grabados desde distintos ángulos.

 

 

Las reacciones no se hicieron esperar. En plataformas como X, Instagram o TikTok, miles de usuarios compartieron fragmentos del discurso, generando un debate intenso.

 

Para algunos, lo ocurrido fue una muestra de libertad de expresión sin filtros, un reflejo del hartazgo de una parte de la sociedad con la clase política.

 

Para otros, fue un episodio lamentable que convirtió un evento de entretenimiento en un altavoz para el insulto y la confrontación.

 

También hubo reacciones entre los propios asistentes y participantes en la gala.

 

Algunas figuras públicas que se encontraban en el recinto expresaron su malestar y reconocieron que no esperaban un giro tan político y agresivo.

 

Para ellos, los Army Awards habían perdido su esencia original, transformándose en algo muy distinto a lo que prometían.

 

El foco también se puso sobre la organización. La figura de Ceciarmy, creador del evento, quedó inevitablemente ligada a la polémica.

 

Muchos se preguntaron si era consciente de lo que podía ocurrir al otorgar un premio de ese tipo y permitir una intervención sin límites claros.

 

Otros defendieron que la esencia del evento es precisamente esa: no controlar el discurso y asumir las consecuencias.

 

La presencia de Santiago Segura como presentador añadió aún más visibilidad al asunto.

 

Su trayectoria y popularidad hicieron que la gala trascendiera el ámbito puramente digital y llegara a un público más amplio, que quizá no estaba familiarizado con el tono habitual de los Army Awards.

 

Para muchos espectadores, fue sorprendente ver cómo una ceremonia de este tipo podía derivar en un clima tan tenso.

 

 

Más allá de nombres propios, lo sucedido abrió un debate de fondo sobre el papel de los eventos de cultura digital en la España actual.

 

¿Deben ser espacios exclusivamente dedicados al humor y la sátira, o es inevitable que reflejen las tensiones políticas del momento? ¿Hasta qué punto la libertad de expresión justifica el uso del insulto en un acto público multitudinario?

 

La edición de este año dejó claro que los Army Awards ya no son un fenómeno marginal. Se han convertido en un escaparate con capacidad real de influir en el debate público, especialmente entre los jóvenes.

 

Y con esa influencia llega también una responsabilidad que muchos consideran que no se asumió esa noche.

 

Para algunos asistentes, la gala fue inolvidable precisamente por su carácter transgresor.

 

Para otros, fue una decepción que les hizo abandonar el recinto con una sensación amarga.

 

En cualquier caso, lo ocurrido no pasó desapercibido y ha marcado la conversación durante días.

 

Lo que empezó como una fiesta de memes y virales acabó siendo un retrato crudo de la polarización actual.

 

Los Army Awards demostraron que la línea entre entretenimiento y política es cada vez más fina y que, cuando se cruza, las consecuencias son inmediatas.

 

La pregunta ahora es si futuras ediciones optarán por reconducir el formato o si, por el contrario, asumirán que este es el precio de dar voz sin filtros en una sociedad cada vez más dividida.

 

 

 

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