LA TENSIÓN ESTALLA EN laSexta. Juan del Val ya no pudo contenerse. En televisión nacional, atacó directamente a Jordi Évole con una acusación que silenció al estudio: “Falta de respeto”. Sin mencionar nombres ni dar explicaciones extensas, cada palabra atacó directamente la reputación de Évole. ¿Qué llevó realmente a Del Val a cruzar la línea del silencio? ¿Está este enfrentamiento provocando una fuerte división en los medios?

Juan del Val utiliza laSexta para volver a cargar contra Jordi Évole: “Es despectivo”.

 

 

 

El escritor volvió a señalar a Évole tras sus críticas al Premio Planeta.

 

 

 

Juan del Val y Nuria Roca en ‘La Roca’.

 

 

Con el final de las fiestas navideñas, la televisión española recupera poco a poco su pulso habitual.

 

Los programas vuelven a su horario regular, los presentadores regresan a plató y, con ellos, reaparecen también las polémicas que habían quedado en pausa durante unas semanas.

 

Este primer fin de semana tras la Navidad no fue una excepción. Nuria Roca regresaba a laSexta al frente de La Roca y, entre los asuntos previstos en la escaleta, uno destacó por encima del resto: el controvertido mensaje de Juan del Val en redes sociales, una respuesta directa —aunque envuelta en ironía— a quienes cuestionaron su Premio Planeta por Vera, una historia de amor.

 

Un mensaje que, lejos de quedarse en Instagram, volvió a cobrar vida frente a las cámaras y reabrió un debate que parecía dormido, pero no cerrado.

 

 

El contexto no es menor. El Premio Planeta es mucho más que un galardón literario: es un fenómeno mediático, editorial y económico que cada año genera entusiasmo, ventas masivas y, casi inevitablemente, críticas. Cuando Juan del Val se alzó con el premio, una parte del mundo cultural reaccionó con escepticismo.

 

No tanto por la obra en sí, sino por lo que representa el autor: un rostro habitual de la televisión, colaborador en tertulias, marido de una presentadora de éxito y figura pública con una clara presencia mediática. Para algunos críticos, ese perfil pesó más que la novela.

 

 

Entre las voces más comentadas estuvo la de Jordi Évole. El periodista y presentador de Lo de Évole publicó una columna en La Vanguardia en la que vinculaba el triunfo de Del Val con un clima internacional que calificaba de surrealista, marcado por la victoria de Donald Trump y otros acontecimientos políticos inesperados.

 

Su texto, cargado de ironía, decía: “La semana del triunfo de Trump, de María Corina Machado, de Juan del Val.

 

El mundo que soñamos ya está aquí”. Una frase que, para muchos, fue leída como una crítica cultural y política; para Del Val, como un ataque personal cargado de desprecio.

 

 

Durante semanas, el escritor guardó silencio. No era la primera vez que se enfrentaba a críticas por su trabajo ni por su figura pública.

 

Sin embargo, algo cambió con el paso del tiempo y, sobre todo, con los datos. Dos meses después del fallo del Planeta, las cifras de ventas de Vera, una historia de amor hablaban por sí solas.

 

La novela se había convertido en un éxito comercial, respaldada por miles de lectores.

 

Fue entonces cuando Del Val decidió responder, no desde un plató ni en una entrevista, sino a través de un “post de agradecimiento” en su cuenta de Instagram que rápidamente se hizo viral.

 

El tono del mensaje no era conciliador, pero tampoco explícitamente agresivo. Jugaba con la ironía, el sarcasmo y una aparente cortesía que escondía dardos muy concretos.

 

Del Val comenzaba reivindicando la “libertad” de quienes lo habían puesto “en el punto de mira” y habían decidido “disparar”.

 

Aseguraba, con un lenguaje deliberadamente exagerado, que sabía que no tenían nada personal contra él y que sus críticas obedecían a una causa noble: defender la “verdadera literatura” frente a esas “noveluchas que compran las señoras ignorantes”.

 

La frase, cuidadosamente construida, buscaba provocar y, al mismo tiempo, evidenciar lo que él considera un clasismo cultural latente.

 

 

El escritor continuaba el mensaje con una especie de ajuste de cuentas diferido.

 

“Transcurridos estos dos meses, y viendo las cifras de ventas, os merecéis, por fin, mi reconocimiento”, escribía, dejando claro que el éxito comercial era, para él, una forma de validación frente a las críticas.

 

No se trataba solo de vender libros, sino de demostrar que existe un público amplio que conecta con su historia y que no se siente interpelado por los juicios de ciertos sectores culturales.

 

 

A partir de ahí, el post entraba en terreno más personal. “No dudéis en daros por aludidos porque, efectivamente, sois vosotros”, advertía antes de comenzar una enumeración que muchos interpretaron como un señalamiento directo.

 

En ese listado, la referencia a Jordi Évole resultaba especialmente evidente: “Presentadores con un chándal impostado que presumen con ‘Lo de…’ ser de barrio, pero solo son ventajistas en busca del aplauso fácil”.

 

No hacía falta mencionar nombres propios. El programa Lo de Évole y la productora Producciones del Barrio dejaban poco margen a la duda.

 

 

La publicación encendió las redes sociales. Defensores y detractores de Del Val se enfrentaron en un debate que mezclaba literatura, televisión, política y egos personales.

 

Algunos celebraban que el escritor “dijera lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir”.

 

Otros lo acusaban de soberbia, de confundir ventas con calidad literaria y de utilizar su altavoz mediático para ajustar cuentas personales. El debate estaba servido.

 

Lejos de apagarse, la polémica dio el salto a la televisión. Ya de vuelta en La Roca, Juan del Val aprovechó su espacio como colaborador para matizar —y al mismo tiempo reforzar— su postura.

 

De nuevo, sin mencionar directamente a Jordi Évole, quiso dejar claro que su respuesta no tenía que ver con las críticas literarias.

 

“A la gente le puede gustar o no mi novela, y yo lo tengo que aceptar con absoluta naturalidad”, explicaba. Ese matiz es clave: Del Val insistía en separar la crítica artística, que considera legítima, del ataque personal, que no está dispuesto a tolerar.

 

 

El núcleo de su malestar, según explicó en el programa, estaba en la comparación de su triunfo con fenómenos políticos que él considera negativos.

 

“Me dirijo a una persona que compara mi triunfo con el de Donald Trump, diciendo que ‘este es el mundo que soñábamos’.

 

Me parece despectivo”, afirmaba. Reconocía el derecho de Évole a expresarse, pero reivindicaba con la misma firmeza su derecho a responder. No desde el victimismo, sino desde lo que él entiende como un ejercicio de dignidad personal.

 

 

En ese momento, Del Val ampliaba el foco. Ya no hablaba solo de Évole, sino de todos aquellos “rostros célebres” que criticaron su Premio Planeta.

 

“Decidí hacer este post para no quedármelo dentro”, confesaba. Una frase que conectó con muchos espectadores, acostumbrados a ver a personajes públicos guardar silencio por estrategia o cálculo.

 

Del Val, en cambio, reivindicaba el derecho a defenderse. “Si alguien dice que soy una mierda de persona, le voy a contestar.

 

Si hay una disputa, yo voy a entrar. Jamás voy a huir”, aseguraba, con una franqueza poco habitual en televisión.

 

 

Este posicionamiento plantea una cuestión de fondo que va más allá del caso concreto.

 

¿Hasta qué punto deben los personajes públicos soportar ataques personales en nombre de la crítica? ¿Dónde termina la libertad de expresión y empieza el derecho al honor? Del Val marcaba una línea clara: nunca atacará a nadie que diga que su novela no le ha gustado, pero sí responderá a quienes, según él, traspasan ese límite y convierten la crítica cultural en un desprecio personal.

 

 

La figura de Jordi Évole, por su parte, representa otro modelo de comunicador. Irónico, político, acostumbrado a la provocación intelectual, Évole ha construido una carrera basada en cuestionar relatos dominantes y poner el foco en las contradicciones del poder.

 

Su columna sobre el Planeta se inscribía en esa tradición, aunque quizá no midió el impacto personal que tendría en su aludido.

 

Hasta el momento, el periodista no ha respondido públicamente al mensaje de Del Val, optando por el silencio.

 

Mientras tanto, el debate sigue abierto. En el fondo, no se discute solo un premio literario ni una columna de opinión.

 

Se habla de elitismo cultural, de la relación entre éxito comercial y prestigio intelectual, del papel de los medios en la construcción de narrativas y del derecho a defenderse cuando uno se siente atacado.

 

El caso Del Val–Évole funciona como un espejo de una sociedad cada vez más polarizada, donde las palabras pesan y las redes amplifican cualquier conflicto.

 

 

El regreso de La Roca tras la Navidad no solo marcó la vuelta de Nuria Roca a la televisión, sino también la confirmación de que ciertos debates no se toman vacaciones.

 

La polémica en torno al Premio Planeta de Juan del Val demuestra que, en España, la cultura sigue siendo un campo de batalla simbólico.

 

Un espacio donde se cruzan literatura, política, medios de comunicación y emociones personales.

 

Quizá lo más revelador de todo este episodio es la honestidad con la que Del Val ha expuesto su postura.

 

No ha pedido comprensión ni ha buscado quedar bien con todos. Ha asumido el coste de responder, consciente de que eso también genera rechazo.

 

En una época en la que muchos discursos públicos están cuidadosamente calculados, esa franqueza —gustará o no— resulta llamativa.

 

 

Al final, el lector decidirá qué peso darle a las críticas, a las ventas y a las palabras cruzadas. Vera, una historia de amor seguirá en las librerías, Jordi Évole continuará con su programa y Juan del Val con sus colaboraciones televisivas.

 

Pero el debate que han protagonizado deja una enseñanza clara: en el ecosistema mediático actual, el silencio también comunica, y la respuesta, cuando llega, puede ser tan potente como la crítica inicial.

 

 

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