La Chirigota de Cádiz se dirige, un mes después, a Feijóo por decir que los andaluces no saben contar: hacen hasta 10 enumeraciones.
Durante las fiestas de Carnaval le han dejado las cosas claras.

Ha pasado más de un mes desde aquella cena navideña del Partido Popular en Madrid, pero en Cádiz las palabras no se olvidan tan rápido.
Menos aún cuando suenan a desprecio disfrazado de chiste. Alberto Núñez Feijóo creyó estar haciendo una broma inofensiva cuando afirmó que los andaluces “no saben contar” al comparar los kilómetros de costa de Galicia y Andalucía.
Lo dijo entre risas, copas y aplausos de los suyos. Pero en el sur, donde el humor también es memoria y dignidad, la respuesta solo estaba esperando su momento.
Y ese momento llegó en forma de chirigota.
Porque Cádiz no responde con comunicados ni con discursos solemnes. Responde cantando. Responde afinando la ironía.
Responde poniendo palabras donde otros ponen soberbia. La Chirigota de Cádiz ha devuelto el golpe con lo que mejor sabe hacer: sátira afilada, memoria política y una letra que ha corrido como la pólvora en redes sociales.
Miles de “me gusta”, miles de compartidos y una sensación clara: cuando se subestima a Andalucía, Andalucía contesta.
La escena original es conocida. Diciembre de 2025. Cena de Navidad del PP. Feijóo, en tono distendido, presume de Galicia como “un bosque”, recuerda que el 47% de la madera de España sale de allí, menciona sus ríos y concluye que su tierra tiene “los mayores kilómetros de costa de España”.
Hasta ahí, orgullo regional. Nada nuevo. El problema llega justo después, cuando añade: “Los andaluces no están de acuerdo, pero no saben contar. Las rías tienen doble costa”.
La frase pasó en un primer momento como una anécdota más de sobremesa política. Pero el eco fue creciendo. Porque no era solo una cuestión geográfica.
Era el viejo cliché. El andaluz como ignorante. Como alguien al que hay que explicar las cosas con condescendencia. Como alguien que no llega.
Y ahí es donde Cádiz dijo basta.
La chirigota no entra a discutir mapas ni fórmulas matemáticas. Entra a desmontar el mensaje de fondo.
“Porque usted se piense que los andaluces somos analfabetos, catetos con pocas luces…”, cantan antes de empezar su particular cuenta del uno al diez.
Una cuenta que no habla de kilómetros, sino de memoria política. De escándalos. De responsabilidades. De heridas abiertas.
Con el uno, la corrupción de los sobres. Una referencia directa a uno de los capítulos más oscuros del PP, imposible de borrar por más tiempo que pase. Con el dos, la financiación y la sede del partido. No hace falta dar nombres: todo el mundo entiende. El tres mira a Valencia y señala a Mazón, recordando la gestión y las familias destrozadas por la incompetencia. El cuatro apunta a Ayuso, a las residencias y a los negocios que huelen mal incluso desde lejos.
Cada número es un dardo. El cinco recuerda comidas en barcos pagadas con dinero ajeno y amistades peligrosas. El seis baja a Andalucía, pero no para insultarla, sino para señalar decisiones políticas concretas, como los cribados y el dolor de las mujeres andaluzas. El siete carga contra la ultraderecha y la normalización de su discurso. El ocho acusa directamente de mentir. El nueve pide dejar el escaño. Y el diez, sin rodeos ni eufemismos, exige respeto: “lávesela puta boca si vuelve a hablarme de Andalucía”.
No es solo una letra. Es una declaración de intenciones. Es decir: no somos el chiste de nadie. No somos el sur al que se le habla por encima del hombro. No somos ignorantes a los que se puede despachar con una sonrisa.
La viralidad no ha sido casual. En redes sociales, especialmente en X, la chirigota ha arrasado porque conecta con algo muy profundo. Con una sensación histórica de desprecio. Con el hartazgo de escuchar siempre las mismas bromas. Con la necesidad de devolver la palabra a quien se siente continuamente señalado.
Mientras tanto, el debate de los kilómetros de costa sigue ahí, como telón de fondo. Galicia, según la Xunta, tiene 2.555 kilómetros de litoral si se cuentan perímetro, islas, islotes, marismas y arenas. Andalucía, según el Ministerio para la Transición Ecológica, ronda los 1.000 kilómetros de franja litoral. Los datos son los datos. Pero el problema nunca fue ese.
Porque nadie en Andalucía está discutiendo que Galicia tenga una costa extensa. Lo que se discute es el tono. La forma. El mensaje implícito. Esa necesidad de reafirmarse rebajando a otros. Ese “no saben contar” que suena demasiado parecido a muchos otros “no saben”, “no entienden”, “no llegan”.
La chirigota no pide disculpas. No las necesita. Lo que hace es algo más poderoso: pone un espejo delante. Obliga a escuchar lo que a menudo se dice en voz baja. Y lo hace desde la cultura popular, desde el carnaval, desde un lugar que históricamente ha servido para señalar al poder cuando el poder se siente cómodo.
Feijóo no ha respondido. Tampoco era necesario. La respuesta ya ha calado. Y ha dejado una lección clara: en Andalucía se cuenta. Se cuenta la historia. Se cuentan los errores. Se cuentan las responsabilidades. Y cuando hace falta, también se cuentan las verdades cantando.
Quizá la próxima vez que alguien quiera hacer un chiste fácil sobre los andaluces, recuerde que aquí el humor no es sumisión. Es defensa.
Es inteligencia colectiva. Es memoria. Y sobre todo, es una forma muy eficaz de decir: no nos mires por encima del hombro, porque sabemos perfectamente lo que estamos contando.