‘De Viernes’ elimina una publicación de la entrevista a Rocío Flores en la que se cuestionaba el intento de suicidio de Rocío Carrasco.
El equipo de ‘De Viernes’ borra la publicación en redes en la que se recogía el cuestionamiento que se hizo respecto al intento autolítico de Rocío Carrasco y su intencionalidad. Fue el momento más controvertido de la noche en Mediaset y está levantando grandes ampollas.

Hubo un momento, avanzado ya el programa, en el que algo se rompió. No fue un grito, ni una discusión descontrolada, ni siquiera una frase dicha a destiempo. Fue algo más frío y, precisamente por eso, mucho más inquietante.
Un silencio incómodo en plató, miradas cruzadas entre colaboradores y una sensación clara de que se había cruzado una línea que quizá ya no tenía vuelta atrás.
A partir de ahí, ‘De Viernes’ dejó de ser solo un programa polémico para convertirse en el epicentro de una de las mayores tormentas mediáticas de los últimos tiempos en Telecinco.
La entrevista a Rocío Flores, anunciada durante días como un acontecimiento televisivo, nació con una promesa clara: dar voz a la hija de Rocío Carrasco tras su reciente victoria judicial —no firme— contra los productores del documental ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’, condenados por un delito de revelación de secretos.
La expectativa era alta. El morbo, inevitable. Pero pocos imaginaban que la noche acabaría derivando en acusaciones de revictimización, manipulación del relato y un borrado urgente en redes sociales que solo serviría para agrandar el incendio.
Desde el inicio, el tono fue tenso. Rocío Flores entró en plató con un discurso medido, consciente de que cada palabra sería analizada al milímetro.
Insistió en varias ocasiones en que no quería jugar ni frivolizar con asuntos extremadamente graves. Sin embargo, conforme avanzaba la entrevista, el foco se desplazó hacia el pilar emocional y narrativo sobre el que se construyó la docuserie de su madre: el intento de suicidio de Rocío Carrasco ocurrido el 5 de agosto de 2019.
Ese episodio fue el punto de arranque de ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’, el relato que paralizó al país en 2021, rompió audiencias, generó un debate social sin precedentes y trascendió con fuerza los límites de la prensa del corazón.
Un testimonio que, además, fue utilizado como argumento central para reabrir discusiones judiciales, políticas y mediáticas sobre la violencia de género, la credibilidad de las víctimas y el papel de los medios.
Rocío Flores afirmó no cuestionar la gravedad de aquel episodio, pero inmediatamente introdujo una idea que lo cambiaría todo: que la información ofrecida al público había sido “sesgada” y que no se había mostrado documentación esencial que, según ella, permitiría entender mejor lo ocurrido.
No entró en detalles técnicos, pero dejó caer la duda. Y esa duda, en un plató de máxima audiencia, pesa como una losa.
Fue entonces cuando Antonio Rossi tomó la palabra. Conocido por su postura crítica hacia la docuserie desde su emisión, el periodista planteó una hipótesis que ya había defendido en otras ocasiones, pero que nunca había sido formulada de manera tan directa en un prime time: que el intento autolítico habría sido utilizado como una herramienta para intentar reabrir el procedimiento por malos tratos contra Antonio David Flores, archivado definitivamente por el Tribunal Supremo el 19 de marzo de 2019, apenas cinco meses antes de aquel suceso.
La insinuación no cayó en saco roto. José Antonio León, otra de las voces más escépticas respecto al relato de Rocío Carrasco, fue un paso más allá.
Afirmó que la documentación médica sobre la ingesta de medicamentos había sido “modificada” con el tiempo y presentada ante el juez de una forma que vinculaba directamente ese episodio con la vuelta de Antonio David Flores a la televisión en ‘GH VIP 7’, ya en otoño de 2019.
Un regreso que, además, estuvo acompañado por la presencia activa de Rocío Flores como defensora de su padre desde plató.
El ambiente se volvió irrespirable. Y entonces llegó la pregunta que marcaría la noche. José Antonio León miró directamente a Rocío Flores y le lanzó una cuestión tan directa como explosiva: “¿Crees que utiliza este momento para volver a hacer daño a tu padre?”.
La respuesta de Rocío no dejó espacio para interpretaciones ambiguas. “Lo que creo es el dato objetivo: que ese intento autolítico es la prueba que ella utiliza para intentar reabrir el caso… pero el juez se lo tira para atrás”.
No fue solo lo que se dijo. Fue cómo se dijo. Sin titubeos. Sin matices. Suscribiendo abiertamente la idea de que aquel intento de suicidio tuvo una finalidad procesal. En ese instante, la polémica ya no era televisiva: era social.
Las redes sociales comenzaron a hervir incluso antes de que terminara el programa. Y, lejos de rebajar la tensión, el propio equipo de ‘De Viernes’ decidió amplificarla.
En la cuenta oficial del formato en X se publicó un clip del momento más controvertido acompañado de un texto que, para muchos, fue la gota que colmó el vaso: “Rocío Flores afirma que su madre intentó suicidarse para reabrir el caso de maltrato contra Antonio David Flores”.
La reacción fue inmediata y feroz. Periodistas, espectadores, profesionales de la salud mental y usuarios anónimos comenzaron a denunciar lo que consideraban una revictimización en toda regla.
No solo por permitir que se formulara esa acusación en plató, sino por destacarla y enmarcarla de ese modo en redes sociales, despojándola de contexto y cargándola de intencionalidad.
Durante más de una hora, la publicación siguió activa. El aluvión de críticas no dejó de crecer.
Y entonces, ya con el programa finalizado, llegó el movimiento que delató el nerviosismo interno: el tuit fue eliminado de forma repentina de los perfiles oficiales. Sin explicación. Sin disculpa. Sin aclaración posterior.
Pero el daño ya estaba hecho. Las capturas de pantalla circulaban a gran velocidad. El borrado, lejos de apagar la polémica, la confirmó.
Para muchos, fue la prueba de que alguien en Mediaset entendió tarde que se había cruzado una frontera ética muy delicada.
Para otros, un intento torpe de lavarse las manos cuando el incendio ya era incontrolable.
La acusación de “revictimización” comenzó a repetirse como un mantra. Porque no se trataba solo de un debate familiar ni de una guerra de relatos entre madre e hija.
Se estaba cuestionando públicamente, en horario de máxima audiencia, el testimonio de una mujer sobre un intento de suicidio, sugiriendo una instrumentalización judicial del mismo.
Y eso, en un contexto social especialmente sensible con la salud mental y la violencia machista, tiene consecuencias profundas.
El hecho de que ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ haya sido retirado recientemente del catálogo de Mediaset añade otra capa de complejidad.
Para algunos, ese gesto fue una rectificación silenciosa. Para otros, una maniobra estratégica tras la condena a los productores.
Pero lo ocurrido en ‘De Viernes’ demuestra que el debate sigue lejos de cerrarse y que la cadena aún no ha encontrado una posición clara y coherente sobre cómo abordar este conflicto sin seguir alimentando el daño.
Lo sucedido también reabre una pregunta incómoda: ¿todo vale por la audiencia? ¿Hasta qué punto un programa puede ampararse en la libertad de expresión para poner en duda episodios tan graves sin asumir responsabilidad editorial? ¿Dónde está el límite entre informar, opinar y hacer espectáculo con el dolor ajeno?
El caso Rocío Carrasco ya no es solo una historia personal. Es un fenómeno mediático que ha expuesto las costuras del sistema televisivo, del periodismo de plató y de una sociedad que consume estos contenidos con una mezcla de fascinación y agotamiento.
Cada paso en falso, cada titular incendiario, cada clip viral tiene un impacto real en personas de carne y hueso.
La noche de ‘De Viernes’ no pasará desapercibida. Ni para la audiencia, ni para la cadena, ni para quienes llevan años denunciando determinadas prácticas televisivas.
El borrado del tuit no borra lo dicho ni lo emitido. Solo deja una sensación amarga: la de haber asistido a un espectáculo que, quizá, fue demasiado lejos.
Y ahora la pregunta ya no es qué se dijo, sino qué se va a hacer a partir de ahora. Porque cuando la televisión cruza ciertas líneas, no basta con eliminar un mensaje. Hace falta algo más profundo: reflexión, responsabilidad y, sobre todo, memoria.
