Emma García revive su polémica con Julio Iglesias y sus palabras darán mucho que hablar.
20 años después, la presentadora ha analizado la entrevista viralizada y ha admitido la incomodidad vivida.

La presentadora Emma García reacciona a su entrevista a Julio Iglesias hace 20 años.
Durante días, el nombre de Julio Iglesias ha vuelto a ocupar titulares, tertulias y conversaciones privadas, pero esta vez no por un lanzamiento musical ni por una celebración nostálgica de su legado, sino por unas denuncias de presunta agresión sexual que han sacudido con fuerza al mundo del espectáculo.
Dos extrabajadoras de sus mansiones han puesto voz a unos relatos que, de confirmarse, cambiarían para siempre la percepción pública de una de las figuras más influyentes de la música española. Y en medio de este terremoto mediático, el pasado ha empezado a mirarse con otros ojos.
Cuando estalla una polémica de este calibre, ocurre casi siempre lo mismo: se reabren archivos, se revisan entrevistas antiguas, se rescatan imágenes que durante años pasaron desapercibidas o se normalizaron bajo el paraguas de “otra época”.
Eso es exactamente lo que ha sucedido con una entrevista realizada en el verano de 2002 a Julio Iglesias y que, más de veinte años después, se ha vuelto viral en redes sociales.
Una entrevista que muchos recuerdan ahora con incomodidad y que ha llevado a su protagonista, Emma García, a romper el silencio.
La presentadora se ha pronunciado por primera vez de manera pública sobre aquel encuentro en el programa Fiesta, enfrentándose en directo a unas imágenes que, según ha confesado, llevaba dos décadas sin volver a ver.
No fue un momento fácil. Ni para ella ni para quienes, desde casa, observaban cómo ciertos gestos y comentarios que antes se interpretaban como “juguetones” hoy generan un profundo debate social.
Emma García ha querido empezar poniendo contexto. Y lo ha hecho con una serenidad que contrasta con el ruido exterior.
Ha sido clara: su experiencia personal no puede ni debe compararse con las denuncias actuales. “Esto es una anécdota”, ha repetido en varias ocasiones, marcando una línea muy clara entre lo que ella vivió y los hechos que se están investigando ahora.
Aun así, su testimonio resulta clave para entender cómo funcionaban determinadas dinámicas hace veinte años, especialmente cuando una mujer joven se sentaba frente a una figura poderosa y consagrada.
La entrevista, emitida entonces en A tu lado, muestra a un Julio Iglesias relajado, lanzando piropos, acercándose físicamente a la periodista y adoptando una actitud que muchos han calificado de invasiva.
Emma, al verse en pantalla tantos años después, reconoció haberse sentido “vacilada”, pero insistió en que no se sintió agredida.
Según explicó, el cantante no cruzó, en su opinión, una línea clara, sino que interpretó un papel que durante décadas le había funcionado: el del seductor eterno, el hombre encantador que evita la monotonía a base de cercanía y bromas.
Sin embargo, hubo un detalle que no pasó por alto. Al recordar el momento en el que Julio Iglesias le toca la barbilla, Emma fue tajante: “No me gusta que invadan mi espacio”. Una frase sencilla, pero cargada de significado.
Porque en ella se resume el conflicto de fondo: la diferencia entre lo que antes se toleraba y lo que hoy se cuestiona, entre lo que se normalizaba y lo que ahora se analiza con lupa.
La presentadora también quiso compartir cómo vivió aquella entrevista desde su situación personal y profesional.
Era joven, acababa de llegar, tenía delante a un mito de la música que, además, tenía la edad de su padre.
Su objetivo era claro: hacer bien su trabajo y regresar con una entrevista válida para su programa.
En las imágenes, Julio Iglesias no escatima en halagos: “¿De dónde has salido tú?”, “Qué guapa eres”, “¿Tienes novio?”. Comentarios que hoy generan incomodidad, pero que entonces formaban parte del paisaje habitual de la televisión.
Mirar atrás con los ojos del presente no es sencillo. Y Emma García lo ha subrayado con insistencia.
“Nos tenemos que remontar al año 2002”, ha recordado, explicando que en aquel momento los piropos se entendían de otra manera, siempre que se mantuvieran ciertas formas.
Según su análisis, el cantante sabía perfectamente lo que hacía y con quién lo hacía. Y ella, gracias a la educación recibida en casa, aprendió desde muy joven a respetarse y a no tener miedo de nadie que tuviera delante.
Este punto ha generado un amplio debate. ¿Hasta qué punto el contexto justifica comportamientos que hoy consideramos inapropiados? ¿Es posible separar la intención del impacto? Emma no esquiva estas preguntas, pero tampoco se apropia de un discurso que no siente como suyo.
Reitera que su vivencia no fue traumática y que, afortunadamente, muchos de esos comportamientos han dejado de normalizarse.
Sus palabras fueron respaldadas por varios colaboradores del programa. Marisa Martín Blázquez lo expresó de forma clara: no se puede juzgar el pasado exclusivamente con los códigos del presente.
Al mismo tiempo, celebró que hoy exista una mayor conciencia social y que ciertas actitudes ya no se acepten sin cuestionarlas. Un avance que, según coincid.