No fue una entrevista amable. Fue una rendija abierta al interior de la monarquía. Iñaki Urdangarin admite ante Jordi Évole cómo el entorno, el poder y el estatus fueron erosionando su humildad hasta perderla por completo. Cada frase suena a ajuste de cuentas consigo mismo… y con un sistema que no perdona errores. No hay nombres propios, pero las sombras son evidentes. Cuando alguien habla tarde, lo que revela suele ser más peligroso que el silencio.

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