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Emilio Delgado respondió a Ayuso tras su defensa de Julio Iglesias con una frase tan irónica como demoledora. No fue un exabrupto, fue una pulla calculada que dejó al descubierto el absurdo del argumento. La réplica corrió como la pólvora y convirtió el elogio en boomerang. A veces, no hace falta alzar la voz: basta con señalar la contradicción para que todo se venga abajo.
Se hizo un silencio incómodo antes de que el nombre de Jordi Sevilla volviera a ser el centro del debate político. No fue una rueda de prensa ni un discurso parlamentario. Fue solo una declaración, un gesto, una postura que muchos consideraron decisiva. Y entonces apareció Max Pradera, ofreciendo una explicación que cambió por completo la percepción de la situación. ¿Qué ocurrió realmente?
Óscar Puente no ha olvidado… ni perdonado. Sacó a relucir lo que Feijóo dijo sobre Julio Iglesias en 2023 y le puso un apodo que ahora lo atormenta una vez más. No es casualidad ni azar: es pura memoria política. Una comparación se ha viralizado en redes sociales y ha dejado una pregunta incómoda en el aire: cuando el pasado regresa, ¿quién controla realmente la narrativa?
Sarah Santaolalla rompió el silencio, criticando duramente a Ayuso por su apoyo a Julio Iglesias: “No fue una insinuación; fue una acusación directa, un mensaje que creó una incómoda brecha entre la complicidad, el poder y el silencio selectivo. ¿Fue una crítica excesiva o una verdad dolorosa porque iba dirigida directamente a quienes ostentan el poder?”
Ramón Espinar no se anduvo con rodeos. Al reaccionar a las palabras de Ayuso sobre Julio Iglesias, fue claro, incómodo y sin filtros. No buscó equilibrios ni matices amables: señaló el problema de frente. Su postura, compartida y debatida sin freno, vuelve a encender una pregunta clave en la opinión pública: ¿se puede elogiar una figura cuando hay acusaciones graves sobre la mesa… o el silencio ya es una forma de posicionarse?