Los lunes que Andrés Roca Rey nunca olvidó

La imagen resulta sorprendente para quienes únicamente conocen su trayectoria profesional.

Un niño de nueve años se prepara para comenzar la semana escolar, pero no quiere marcharse de casa.

No teme especialmente los exámenes ni las responsabilidades académicas.

Su preocupación es mucho más profunda.

Tiene miedo de que durante su ausencia suceda algo grave a sus padres y no pueda volver a verlos.

Andrés Roca Rey compartió este recuerdo durante una entrevista con Vicky Martín Berrocal en el pódcast A solas con, publicado originalmente en marzo de 2025.

Explicó que durante aquella etapa lloraba prácticamente todos los lunes.

La separación temporal de su familia le provocaba una angustia que le resultaba difícil manejar.

Incluso después de disfrutar de un fin de semana con sus seres queridos, sentía que no había pasado suficiente tiempo con ellos.

Quería permanecer cerca de sus padres.

Y detrás de aquel temor existía un acontecimiento familiar que había cambiado profundamente su percepción de la vida.

El problema de salud de su padre que lo cambió todo

Cuando Andrés todavía era pequeño, su padre, Fernando Roca Rey Müller, sufrió un infarto de gran gravedad.

Según recordó el torero, la situación llegó a poner seriamente en peligro su vida.

Durante aquellas horas, la familia atravesó momentos de enorme incertidumbre.

Afortunadamente, Fernando sobrevivió.

Pero la experiencia dejó una huella importante en su hijo.

Andrés explicó que, después de lo sucedido, comenzó a preocuparse intensamente por la posibilidad de perder a alguien cercano.

La enfermedad de su padre le hizo comprender, siendo todavía un niño, que incluso las personas que representan nuestra mayor seguridad pueden atravesar situaciones difíciles.

Durante la entrevista reconoció que no le resulta agradable recordar aquella época.

También explicó que su padre siempre ha representado una figura fundamental en su vida.

No se trata únicamente de una persona a la que admira.

Es alguien cuya presencia sigue teniendo un enorme valor emocional para él.

La decisión que tomaron sus padres al observar su sufrimiento

Los padres de Andrés comenzaron a percibir que su hijo necesitaba apoyo adicional.

En el colegio al que asistía en Perú ya existía un servicio de orientación psicológica destinado al alumnado.

Los niños podían hablar sobre sus emociones, expresarse mediante dibujos y compartir inquietudes.

Pero la familia consideró conveniente que Andrés recibiera también atención profesional fuera del centro educativo.

Así comenzó a acudir a un psicólogo cuando tenía aproximadamente nueve años.

El torero ha explicado esta experiencia abiertamente, sin presentarla como algo vergonzoso.

En una entrevista anterior con El País, reconoció que durante aquellas sesiones no siempre comprendía para qué servían las actividades que realizaba.

Con el paso del tiempo, sin embargo, ha podido hablar de aquella etapa desde una perspectiva diferente.

Es importante destacar que no ha ofrecido un diagnóstico clínico concreto.

Por tanto, no sería apropiado atribuirle un trastorno determinado basándonos exclusivamente en sus recuerdos.

Lo que sí conocemos es que sus padres detectaron su malestar y buscaron ayuda profesional.

Una familia muy presente en su manera de entender la vida

Andrés Raúl Roca Rey Valdez nació el 21 de octubre de 1996 en Lima, Perú.

Es el menor de tres hermanos y creció en una familia estrechamente vinculada a la tauromaquia.

Su hermano Fernando también desarrolló una carrera como torero.

Además, otros integrantes de la familia habían mantenido relaciones profesionales con el mundo taurino.

Su abuelo participó en la administración de la plaza de Acho, mientras que su bisabuelo estuvo vinculado a la cría de toros de lidia.

Pero los recuerdos familiares de Andrés no están relacionados únicamente con esa tradición.

Durante su conversación con Vicky Martín Berrocal expresó gratitud por haber crecido en un entorno unido.

También explicó que echa de menos poder compartir más tiempo con sus familiares, que viven en Perú.

Su carrera profesional le ha obligado a desplazarse constantemente y a desarrollar buena parte de su actividad en España.

Esa distancia geográfica adquiere un significado especial cuando recordamos el miedo que experimentaba durante su infancia.

El niño tímido que encontró una forma de expresarse

Antes de convertirse en una figura conocida, Andrés se describía como un niño especialmente tímido y sensible.

Le costaba expresar determinadas emociones y desenvolverse con seguridad en algunas situaciones.

Sin embargo, desde muy pequeño sentía una enorme atracción por el mundo del toreo.

La actividad que había conocido mediante su entorno familiar terminó convirtiéndose en una vocación personal.

Durante distintas entrevistas ha explicado que aquella afición le ayudó a desarrollar confianza para expresarse.

Pero sería una simplificación afirmar que su profesión resolvió automáticamente todos los temores infantiles.

El propio torero ha reconocido que algunos recuerdos y preocupaciones continuaron acompañándolo durante años.

Su historia contiene dos procesos diferentes.

Por un lado, el crecimiento profesional de un joven que tenía una vocación muy definida.

Por otro, una evolución emocional que él mismo ha descrito como gradual.

Y ambos aspectos merecen comprenderse sin confundirlos.

La carta que demuestra cuánto deseaba convertirse en torero

En septiembre de 2026, Andrés recuperó un documento especialmente significativo de su infancia.

Se trataba de una carta que había escrito cuando todavía era niño.

En ella expresaba con claridad su deseo de dedicarse profesionalmente al toreo.

Incluso manifestaba su ambición de convertirse en una figura destacada.

La revista ¡HOLA! recogió aquel recuerdo y explicó que sus padres preferían inicialmente que mantuviera la tauromaquia como afición.

Pero Andrés tenía otros planes.

Su hermano Fernando, que ya estaba relacionado con la profesión, representaba una referencia cercana.

La carta demuestra que su vocación no nació como consecuencia de su reciente popularidad.

Era una aspiración que había comenzado muchos años antes.

Y permite observar una faceta interesante: el mismo niño que necesitaba apoyo para afrontar sus temores también tenía muy claro qué quería hacer en el futuro.

De Lima a España: los primeros pasos de una carrera exigente

La trayectoria de Andrés comenzó a desarrollarse desde edades muy tempranas.

Según su biografía profesional, tuvo sus primeras experiencias taurinas durante la infancia y debutó públicamente en Acho en 2007.

En 2011 se trasladó a España para continuar su formación en la Escuela de Tauromaquia de Badajoz.

Aquella decisión supuso alejarse físicamente de buena parte de su familia.

También implicó adaptarse a nuevas responsabilidades y a un entorno profesional competitivo.

Con el paso de los años avanzó en su carrera.

En septiembre de 2015 tomó la alternativa en Nimes, Francia, con Enrique Ponce como padrino.

Posteriormente consolidó su presencia en importantes plazas españolas.

Su trayectoria ha despertado admiración entre numerosos aficionados, aunque la tauromaquia sigue siendo una actividad que genera posiciones sociales diferentes.

Pero independientemente de las opiniones sobre esa tradición, existe un aspecto humano que resulta interesante: Andrés ha hablado de sus dificultades emocionales sin reducir toda su identidad a ellas.

La contradicción entre el miedo infantil y su profesión actual

Uno de los asuntos que más llamó la atención de Vicky Martín Berrocal fue precisamente esa aparente contradicción.

¿Cómo puede una persona que sufrió tanto por la posibilidad de perder a un ser querido dedicarse después a una profesión en la que existe un riesgo físico evidente?

Andrés explicó que mantiene muy presente la fragilidad de la vida.

También considera que esa conciencia ha influido en su manera de valorar el tiempo y sus experiencias.

Sin embargo, no afirmó que el sufrimiento infantil fuera la causa directa de su vocación taurina.

Esta distinción resulta importante.

Podemos reflexionar sobre la relación entre sus recuerdos y su manera de afrontar determinados desafíos.

Pero no debemos presentar una interpretación psicológica personal como si fuera una conclusión científica.

La experiencia de cada persona es compleja.

Y una misma emoción puede adquirir significados diferentes a lo largo de los años.

Mi reflexión: pedir ayuda psicológica también puede ser una muestra de responsabilidad

Personalmente, considero que el aspecto más valioso de esta historia no está en el contraste entre el niño asustado y el torero conocido.

Está en la decisión que tomaron sus padres.

Cuando observaron que Andrés lo estaba pasando mal, no ignoraron lo que ocurría.

Tampoco interpretaron automáticamente sus lágrimas como una falta de carácter.

Comprendieron que su hijo necesitaba acompañamiento y buscaron ayuda.

Creo que este detalle merece ser destacado porque todavía existen familias que encuentran dificultades para hablar abiertamente del bienestar emocional infantil.

Acudir a un profesional de la psicología no debería entenderse como un fracaso personal.

Puede ser una manera responsable de atender necesidades que un niño todavía no sabe expresar completamente.

Eso no significa que todas las situaciones requieran el mismo tratamiento ni que la experiencia de Andrés pueda generalizarse a otros menores.

Simplemente muestra el valor de escuchar y prestar atención a los cambios emocionales de quienes dependen de nosotros.

Segunda reflexión: la fortaleza no consiste en dejar de sentir miedo

Hay otra enseñanza que personalmente encuentro importante.

Durante mucho tiempo, la figura pública de Andrés Roca Rey ha estado asociada a la determinación, la intensidad y su manera de afrontar situaciones difíciles.

Sin embargo, él mismo ha reconocido que fue un niño sensible y que todavía puede emocionarse profundamente.

Desde mi punto de vista, ambas facetas no son contradictorias.

Una persona puede demostrar seguridad en su trabajo y experimentar vulnerabilidad en su vida personal.

Puede alcanzar objetivos ambiciosos y conservar recuerdos que le resultan dolorosos.

La fortaleza no exige necesariamente ocultar esas emociones.

A veces consiste precisamente en reconocerlas y comprender mejor cómo nos afectan.

Por eso considero positivo que personajes conocidos hablen con naturalidad de la ayuda profesional que recibieron, siempre que lo hagan por decisión propia.

Estas conversaciones pueden contribuir a reducir prejuicios sin convertir sus experiencias individuales en consejos médicos universales.

Una historia antigua que hoy adquiere un significado diferente

Conviene recordar que las confesiones sobre su infancia no se produjeron ahora por primera vez.

Andrés ya había hablado de sus temores en entrevistas anteriores y desarrolló estos recuerdos en el pódcast de Vicky Martín Berrocal, publicado en marzo de 2025.

La recuperación de aquellas declaraciones durante 2026 coincide con un momento de mayor atención mediática hacia su vida personal.

Pero no debe confundirse esa nueva difusión con una revelación reciente.

El valor de la historia está en lo que Andrés decidió compartir voluntariamente.

Sus recuerdos permiten conocer a una persona cuya identidad pública suele estar dominada por su profesión.

Y también muestran cuánto significan para él sus padres y sus hermanos.

¿Creéis que escuchar a personajes conocidos hablar abiertamente de sus miedos infantiles ayuda a comprender mejor su personalidad? ¿O pensáis que la vida emocional debería mantenerse al margen de la exposición pública?

Personalmente, creo que la decisión debe pertenecer siempre a cada protagonista.

Andrés ha elegido compartir una parte de su historia.

Y, gracias a ello, podemos comprender mejor que detrás de una carrera exigente también existe alguien que fue un niño preocupado por volver a casa y encontrar a sus padres esperándolo.

Quizá ese sea el detalle más humano de todo su relato.

No la fama que alcanzó años después.

Sino el valor que todavía concede a las personas que lo acompañaron cuando más lo necesitaba.