Paz Padilla rompe su silencio sobre la cancelación de ‘El Show de Paz’ en Telecinco con un alto comunicado en redes sobre su fin en la cadena
Paz Padilla responde a la cancelación de ‘El show de Paz’ sin atacar a Telecinco: la audiencia explica el final, pero no toda la historia
Paz Padilla ya ha hablado después de que Telecinco decidiera poner punto final a El show de Paz.
Y quizá lo más significativo de su mensaje sea precisamente lo que no ha dicho.
No acusa a Mediaset.
No responsabiliza a la audiencia.
No habla de injusticia.
Tampoco presenta la cancelación como una conspiración contra ella.
La humorista ha preferido reivindicar aquello que cree que su programa intentó hacer durante este verano: entretener, emocionar y ofrecer historias con un tono más optimista del habitual.
Su frase final resume perfectamente esa posición:
“Se trataba de hacer televisión, sí, pero también de intentar hacer un poquito de bien”.
Es una despedida elegante.
Pero tampoco debería utilizarse para esquivar la otra parte de la historia.
El programa no ha sido cancelado por una discusión creativa. Ha sido cancelado porque sus audiencias no alcanzaron el nivel que Telecinco necesitaba.
La media ronda el 6,8% de cuota de pantalla, claramente insuficiente incluso dentro del difícil momento que atraviesa actualmente la cadena.
Ambas realidades pueden coexistir.
Un equipo puede sentirse orgulloso de un programa.
Y ese mismo programa puede no funcionar comercialmente.
Primero, una corrección de calendario: la despedida será el 29 y 30 de agosto
Algunas informaciones están publicando que las últimas emisiones tendrán lugar el “sábado 28 y domingo 29 de agosto”.
Eso no es posible.
El 28 de agosto de 2026 es viernes.
La parrilla prevista mantiene El show de Paz el sábado 29 y domingo 30, a las 16:00 horas. El domingo 30 será, por tanto, su despedida definitiva.
Después, desde el siguiente fin de semana, Fiesta recuperará la franja que había cedido durante el verano al programa de Padilla.
Puede parecer un detalle menor.
Pero cuando una noticia gira precisamente alrededor de las “dos últimas emisiones”, conviene que las fechas sean correctas.
El programa nació como una prueba de verano, no como una pieza consolidada de la temporada
Otro contexto importante.
Mediaset presentó El show de Paz en mayo como una de las grandes novedades de su programación estival.
No era inicialmente un formato histórico renovado durante varias temporadas ni un espacio asentado que Telecinco hubiera decidido destruir de repente.
Era un experimento.
La cadena buscaba soluciones para unas tardes de fin de semana que llevan tiempo provocándole problemas y decidió reducir Fiesta para abrir dos horas a una nueva propuesta.
El planteamiento oficial mezclaba humor, entrevistas, emoción y testimonios de personas anónimas. Mediaset hablaba de un espectáculo “cercano y optimista” que permitiría a Padilla recuperar distintos registros de su carrera.
La idea tenía también un evidente componente simbólico.
Era el regreso de Paz como presentadora regular de un programa propio en Telecinco después de una relación complicada con la cadena durante los últimos años.
Por eso había mucho en juego.

Y el primer dato ya encendió una alarma
El estreno llegó el sábado 27 de junio.
Telecinco había promocionado intensamente la vuelta de Padilla y el programa debutó con William Levy como principal invitado.
El resultado fue un 7,8% y 638.000 espectadores.
No era un desastre absoluto.
Pero estaba por debajo del 8,5% que promediaba Telecinco durante junio y, tratándose de un estreno ampliamente promocionado, dejaba un margen de crecimiento demasiado pequeño.
Al día siguiente ocurrió algo peor.
El programa cayó hasta el 6,7% y 590.000 espectadores.
Ese primer fin de semana ya contenía prácticamente el problema que acompañaría al formato hasta agosto:
no conseguía instalarse de manera consistente por encima del 8%.
Dos meses después, la media explica la decisión de Telecinco
Aquí conviene evitar dos extremos.
Uno sería decir que nadie veía El show de Paz.
No es cierto.
Centenares de miles de personas lo siguieron semanalmente.
El otro sería presentar su cancelación como incomprensible.
Tampoco lo es.
Las distintas mediciones publicadas sitúan su promedio alrededor del 6,8%-7% de share. El País habla del 6,8%, mientras otros balances sitúan el promedio acumulado ligeramente por encima, dependiendo de las emisiones utilizadas para el cálculo.
La última emisión disponible antes de anunciarse el final, la del domingo 23 de agosto, registró un 6,1% y 486.000 espectadores, igualando uno de sus peores registros.
Para una cadena que atraviesa una fuerte crisis de audiencia, eso resultaba muy difícil de mantener.
Curiosamente, los mejores datos llegaron cuando el programa se acercó al pasado de Paz
Existe además una paradoja especialmente interesante.
El show de Paz nació intentando diferenciarse de la televisión más conflictiva asociada al antiguo universo de Sálvame.
Historias humanas.
Humor.
Optimismo.
Reencuentros.
Cámaras ocultas.
Pero conforme avanzaron las semanas comenzaron a aparecer contenidos relacionados precisamente con antiguos conflictos televisivos.
Y algunos de esos programas mejoraron.
El reencuentro con Aramís Fuster llevó una emisión dominical al 7,9%, mientras que otro programa promocionado alrededor del encuentro de Paz con Yurena alcanzó aproximadamente el 8%.
No demuestra que El show de Paz tuviera que haberse convertido en Sálvame 2.
Pero sí plantea una pregunta incómoda.
¿Era el público que Telecinco esperaba encontrar para Paz Padilla el mismo público al que interesaba realmente la propuesta optimista del programa?
Tal vez ahí existió un problema de posicionamiento desde el principio.
Paz, sin embargo, ha decidido defender la intención y no los números
Su comunicado de despedida no discute las audiencias.
Tampoco intenta reinterpretarlas.
Padilla habla del equipo.
De los momentos “mágicos”.
De intentar emocionar.
Y agradece a quienes estuvieron al otro lado por haber mirado “más allá del entretenimiento”.
Puede sonar demasiado sentimental para quien juzgue un programa exclusivamente mediante el audímetro.
Pero es coherente con el concepto que Mediaset utilizó para venderlo desde antes del estreno.
La propia cadena había anunciado El show de Paz como un espacio donde las historias de “héroes anónimos” tendrían un papel central.
Por tanto, Padilla no está inventando retrospectivamente una misión para justificar el fracaso.
Está reivindicando la identidad con la que nació el formato.
Lo que no hace es cargar contra Telecinco
Este matiz resulta especialmente relevante después de la complicada historia profesional entre ambas partes.
Paz podría haber utilizado la cancelación para recordar antiguos conflictos.
No lo ha hecho.
Ni una palabra contra Mediaset.
Ni una insinuación de que la cadena no apoyara suficientemente el formato.
Ni un reproche por terminarlo antes de septiembre.
Eso convierte el comunicado más en una despedida que en una protesta.
De hecho, utilizar expresiones como “Paz Padilla estalla tras la cancelación” describiría mal lo ocurrido.
No ha estallado.
Ha reivindicado su trabajo.
Son cosas distintas.
Y aquí apareció una defensa inesperada desde RTVE
El fin del programa provocó además una reacción bastante insólita.
José Pablo López, presidente de RTVE y máximo responsable de una corporación que compite directamente con Mediaset, publicó una reflexión después de que algunos usuarios celebraran en redes la cancelación.
No mencionó inicialmente de forma expresa a Paz Padilla.
Pero el contexto hizo evidente la relación.
López criticó la crueldad con la que se festeja el fracaso de proyectos televisivos y recordó que detrás de cada cancelación existen técnicos, productores, guionistas y muchas otras personas cuyo trabajo también termina.
Su idea central era especialmente pertinente:
criticar un programa y celebrar que profesionales pierdan su trabajo no son exactamente lo mismo.
El director de la productora reconoció incluso estar sorprendido por la hostilidad
Sergio Lizarraga, responsable de Secuoya Studios Unscripted y director vinculado al proyecto, respondió directamente al presidente de RTVE.
Aseguró que nunca había vivido una reacción semejante y lamentó que algunas personas parecieran divertirse con las bajas audiencias, las dificultades del equipo y finalmente la cancelación.
Añadió además que esa actitud no había procedido únicamente de usuarios anónimos, sino también, según su percepción, de críticos y compañeros del sector.
Eso abre otro debate.
¿Puede cuestionarse duramente El show de Paz?
Naturalmente.
¿Puede decirse que sus audiencias fueron malas?
Los datos lo demuestran.
¿Puede considerarse que el formato no encontraba una identidad suficientemente atractiva?
También.
Pero nada de eso exige alegrarse personalmente porque decenas de trabajadores terminen un proyecto.

El fracaso tampoco pertenece exclusivamente a Paz Padilla
Este es otro punto importante.
El título llevaba su nombre.
Ella era el rostro.
Por tanto, inevitablemente se convierte en la principal responsable pública tanto del éxito como del fracaso.
Pero la decisión de lanzar el programa pertenecía también a Telecinco.
La producción correspondía a Mediaset y Secuoya Studios.
La franja fue diseñada por la cadena.
Los contenidos fueron desarrollados por un equipo.
La promoción, programación y duración también eran decisiones empresariales.
Decir que “Paz fracasó” convierte un producto colectivo en un examen individual.
Televisivamente es habitual.
Analíticamente es demasiado sencillo.
Sobre todo porque el problema de Telecinco es mucho más amplio
Si El show de Paz hubiera sido la única apuesta que no funcionó durante el verano, la lectura sería diferente.
No lo fue.
Amor… o lo que surja, presentado por Carlos Lozano, también terminó antes de consolidarse.
Las tardes laborables han experimentado diversos reajustes.
Y Telecinco cerró julio con un 7,1% mensual, su mínimo histórico, mientras agosto tampoco está ofreciendo una recuperación suficiente.
Es decir:
Paz tenía un problema.
Pero Telecinco también.
Y probablemente uno más grande.
La sustitución por ‘Fiesta’ contiene otra pequeña paradoja
Cuando El show de Paz llegó, Fiesta fue reducido para dejarle espacio.
Ahora sucede lo contrario.
La retirada del nuevo formato permitirá recuperar desde septiembre la duración habitual del magacín que presenta Emma García durante la temporada.
Telecinco vuelve así a una opción conocida después de que el experimento veraniego no consiguiera mejorar sustancialmente aquella franja.
Es una decisión conservadora.
Pero comprensible.
Cuando las novedades no funcionan, recuperar una marca más asentada reduce incertidumbre.
¿Significa la cancelación que Telecinco rompe nuevamente con Paz?
No existe ningún elemento público que permita afirmarlo.
Lo confirmado es mucho más concreto:
termina ‘El show de Paz’.
No existe por ahora una comunicación oficial anunciando que Mediaset rescinda toda relación profesional con la presentadora o que nunca vuelva a participar en otros proyectos.
Conviene separar programa y presentadora.
Una cadena puede cancelar un formato y volver a trabajar posteriormente con su rostro principal.
La televisión está llena de ejemplos.
Por eso frases como “Paz Padilla se despide para siempre de Telecinco” irían bastante más lejos de los hechos conocidos.
Nuestra lectura: el programa fracasó en audiencias, pero eso no invalida necesariamente lo que intentó hacer
A nuestro juicio, este caso permite establecer una distinción que la conversación televisiva suele perder.
El show de Paz fue un fracaso comercial para Telecinco.
Los números son suficientemente claros.
Una media alrededor del 6,8%.
Dificultades para superar el 8%.
Un último domingo en el 6,1%.
Y cancelación antes de la temporada regular.
No hace falta maquillar esos datos.
Pero “fracasar en audiencia” no significa necesariamente que cada idea del programa fuera mala.
Ni que su equipo trabajara mal.
Ni que los espectadores que disfrutaban del espacio estuvieran equivocados.
Significa algo bastante concreto:
no consiguió reunir suficientes espectadores para justificar su continuidad dentro de la estrategia de Telecinco.
Y quizá Paz haya entendido perfectamente esa diferencia
Por eso su comunicado resulta más inteligente de lo que parece.
No intenta convencer al público de que el programa fue un éxito.
Sería imposible.
No discute el audímetro.
Tampoco culpa a nadie.
Simplemente dice:
esto es lo que quisimos hacer y estoy orgullosa de haberlo intentado.
En una industria donde prácticamente cada cancelación termina convertida en una guerra pública sobre culpables, no es poco.
El domingo 30 se apagará definitivamente el plató.
Después llegará nuevamente Fiesta.
Y Telecinco seguirá buscando una solución para unas tardes que llevan demasiado tiempo convertidas en uno de sus mayores problemas.
La cancelación demuestra que la buena intención no sustituye a la audiencia.
Pero las reacciones posteriores también recuerdan algo igual de importante:
una audiencia baja tampoco convierte automáticamente un proyecto fallido en motivo para celebrar la derrota personal de quienes trabajaron en él.
Por eso la pregunta final debería ir precisamente ahí:
¿Crees que Telecinco hace bien en retirar ‘El show de Paz’ después de dos meses alrededor del 6,8% de audiencia, o una televisión demasiado obsesionada con el resultado inmediato termina impidiendo que formatos diferentes tengan tiempo suficiente para encontrar a su público?