CARLOS ALSINA PILLA A FEIJÓO MINTIENDO Y SOLTANDO BULO SOBRE LA DANA “MAZÓN EXPULSADO DEL PP”.

Hay frases que persiguen a un político toda la vida. Palabras pronunciadas con solemnidad, con tono grave, mirando a cámara, convencido de que jamás volverán para morderle.
“Si os miento, no solo os pido que me echéis del Gobierno, os pido que me echéis del partido”.
Esa promesa, firmada y repetida por Alberto Núñez Feijóo, hoy resuena con fuerza renovada tras la aparición de los mensajes de WhatsApp intercambiados con Carlos Mazón el día de la DANA que arrasó Valencia y dejó 230 muertos.
No es una polémica menor ni un cruce de declaraciones partidistas. Es una cuestión de verdad, de responsabilidad política y, sobre todo, de respeto a las víctimas.
Porque cuando se revisa con calma el relato sostenido durante más de un año por el Partido Popular y se contrasta con los hechos que ahora afloran desde fuentes judiciales y periodísticas contrastadas, lo que emerge no es una simple contradicción: es un relato que se desmorona pieza a pieza.
Durante meses, Feijóo y Mazón defendieron una versión muy concreta: que no se sabía la magnitud de la tragedia, que no había información clara, que el Gobierno central no prestó ayuda, que nadie avisó a tiempo.
Esa narrativa fue repetida en mítines, entrevistas y comparecencias parlamentarias. Se convirtió en dogma. En coartada. En escudo político.
Hoy, ese escudo está lleno de grietas.
La información publicada por medios como ABC, eldiario.es y Levante-EMV, y remitida ya a la jueza de Catarroja, ha permitido reconstruir la conversación completa entre Feijóo y Mazón durante las horas críticas de la DANA.
Nueve mensajes. Nueve WhatsApps que, leídos con atención, cuentan una historia muy distinta a la que se ha vendido públicamente.
El primer mensaje llega antes de las ocho de la tarde, cuando la situación ya estaba completamente desbordada en numerosos municipios.
En ese momento, Carlos Mazón ni siquiera había llegado al CECOPI, el centro de coordinación de emergencias.
Sin embargo, Feijóo le escribe pidiéndole que lidere informativamente la tragedia. No que coordine rescates. No que active más recursos. Comunicación. Relato. Iniciativa política.
Media hora después, el líder del PP vuelve a escribir. Dice que no puede hablar porque está en un acto y pregunta si hay muertos o desaparecidos.
A esa hora, según la investigación judicial, la mayoría de las víctimas mortales ya habían fallecido. Más de doscientas personas habían perdido la vida.
El agua se había llevado casas, coches, familias enteras. Y mientras tanto, Mazón seguía sin llegar al centro de emergencias y Feijóo asistía a una entrega de premios.
Los mensajes continúan avanzada la noche. Feijóo pregunta si alguien del Gobierno central se ha puesto en contacto con Mazón y si están recibiendo toda la ayuda necesaria.
La respuesta de Mazón en esos mensajes es clara: sí ha hablado con miembros del Ejecutivo, con responsables de Defensa e Interior, y asegura que tienen lo que necesitan, especialmente la UME.
Este punto es clave. Porque durante más de un año, Mazón ha repetido públicamente que pidió ayuda y nunca la recibió.
Que nadie llamó. Que el Gobierno los abandonó. Sin embargo, en sus propios mensajes reconoce lo contrario. Reconoce contactos, reconoce coordinación, reconoce recursos desplegados.
Las contradicciones no terminan ahí.
Feijóo ha llegado a declarar ante la jueza que no sabía si había un CECOPI convocado, que desconocía dónde estaba Mazón, que solo recibía información genérica.
Pero los mensajes demuestran que sabía que la situación era grave, que había muertos y que su principal preocupación era el control del relato público. “Comunicación es la clave”, llega a escribir.
No es una interpretación interesada. Es una frase textual.
Mientras tanto, Carlos Mazón enviaba mensajes reconociendo explícitamente la gravedad: “Ya están apareciendo muertos en Utiel y van a aparecer bastantes más. Un desastre va a ser esto, presi”.
Ese mensaje desmonta otra de las afirmaciones más repetidas: que nadie sabía que la gente se estaba ahogando hasta la madrugada siguiente.
Lo sabían. Lo sabían esa misma tarde. Lo sabían mientras se retrasaban decisiones clave.
Lo sabían mientras no se lanzaban alertas a la población con la contundencia necesaria. Lo sabían mientras cientos de personas quedaban atrapadas.
La reacción política no se ha hecho esperar. Diana Morant, ministra y líder del PSPV, ha sido tajante: en los momentos más difíciles de la DANA, Feijóo estaba más preocupado por la imagen de su partido que por las víctimas.
Según sus palabras, Génova puso toda su maquinaria al servicio de construir una mentira que ahora se desmonta con los propios WhatsApps del líder popular.
Pachi López ha ido aún más lejos. Ha recordado aquella frase solemne de Feijóo —“si miento, echadme del partido”— y ha afirmado que ha llegado el momento de cumplirla.
Porque, según el dirigente socialista, la última mentira no es una más: es la más dolorosa, la que afecta directamente a una tragedia con 230 muertos.
La presión no solo viene de la oposición. Dentro del propio Partido Popular, según ha publicado eldiario.es, se estudia un movimiento que hasta hace poco parecía impensable: forzar la salida de Carlos Mazón del grupo parlamentario, pedirle que entregue el acta o enviarlo al grupo mixto.
No por convicción ética, sino porque su situación judicial y política resulta incompatible con el relato de reconstrucción que el partido quiere vender a 16 meses de las elecciones.
El calendario no es casual. El 9 de febrero, con el regreso de la actividad parlamentaria, puede marcar un antes y un después.
Oficialmente, el PP niega estas maniobras. Extraoficialmente, el malestar es evidente. Mazón se ha convertido en un lastre incómodo.
A todo esto se suma otro elemento clave: las ayudas. Durante meses se ha instalado la idea de que el Gobierno central no ha desembolsado ni un euro para los afectados.
Sin embargo, los datos contradicen ese discurso. Hay miles de beneficiarios de ayudas directas, familias que ya han cobrado, recursos activados. ¿Suficientes? Probablemente no. ¿Mejorables? Sin duda. ¿Inexistentes? Rotundamente falso.
Alcaldes de municipios afectados han reconocido que muchos agricultores no han pedido créditos ICO porque son préstamos que hay que devolver con intereses.
No es falta de ayudas, es miedo al endeudamiento. Confundir una cosa con la otra es, como mínimo, desinformar.
La jueza sigue avanzando. Va a citar a declarar a chóferes, secretarias y responsables de prensa.
El círculo se estrecha. Cada declaración añade una pieza más al puzzle. Y cada pieza hace más difícil sostener la versión oficial.
Laura Ballester, periodista de investigación de Levante-EMV, lo ha explicado con claridad: Feijóo insiste en que estaba informado “en tiempo real”, pero los datos muestran que recibió apenas 23 mensajes en tres horas, muchos de ellos genéricos.
Aun así, mantiene esa expresión porque le permite construir una imagen de control que no se corresponde con la realidad.
La cuestión ya no es solo política. Es moral. ¿Qué significa decir “yo no miento” cuando los hechos te contradicen? ¿Qué valor tiene la palabra empeñada cuando se demuestra que no era cierta? ¿Qué mensaje se envía a las víctimas cuando se prioriza el relato sobre la verdad?
Este caso va más allá de Feijóo y Mazón. Habla de una forma de hacer política en la que la comunicación importa más que la gestión, en la que la imagen pesa más que la vida de las personas, en la que reconocer errores se considera una debilidad imperdonable.
Pero también habla de algo más profundo: de una sociedad cansada de que le mientan. Cansada de promesas solemnes que se evaporan. Cansada de discursos que no resisten el contraste con los hechos.
Las palabras de Feijóo siguen ahí, grabadas, repetidas, firmadas. “Si os miento, echadme del partido”. No las dijo un adversario, no las dijo un periodista crítico. Las dijo él.
Ahora la pregunta no es retórica. Es concreta. Incómoda. Inevitable.
Y no solo interpela al Partido Popular. Interpela a todos. Porque cuando la verdad se ahoga bajo toneladas de propaganda, el daño no es solo político.
Es humano. Y ese daño, como el agua de aquella DANA, acaba encontrando siempre la forma de salir a la superficie.