‘De Viernes’ plantea un contraataque a Rocío Carrasco y sirve altavoz a Rocío Flores, condenada por maltrato.
A través de la alfombra que le tiende ‘De Viernes’, Rocío Flores hablará sobre lo que supuso para ella ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’, la docuserie de Rocío Carrasco que Mediaset eliminó hace semanas.

El anuncio cayó como una bomba mediática en pleno arranque de año. De Viernes, el programa de Telecinco producido por Mandarina, avanzó una entrevista documental con Rocío Flores que promete reabrir una de las heridas más profundas y divisivas de la televisión española reciente.
No es una entrevista cualquiera ni una aparición más: es, según la propia cadena, “el otro lado de la historia”, una contrarréplica directa —y largamente esperada por algunos— a Rocío, contar la verdad para seguir viva, la docuserie que su madre, Rocío Carrasco, protagonizó en 2021 y que marcó un antes y un después en la conversación pública sobre violencia, familia y medios de comunicación.
El simple uso de ese claim ya anticipa el terremoto. Porque no se trata solo de sentar a Rocío Flores frente a Santi Acosta, un periodista curtido en entrevistas largas y emocionalmente intensas.
Se trata de cuestionar un relato que fue validado judicial y socialmente, y de hacerlo en un contexto muy concreto: después de que Mediaset haya eliminado de su plataforma Infinity aquella docuserie, borrándola del catálogo como si nunca hubiera existido.
Un gesto que, para muchos, resulta tan elocuente como inquietante.
Durante años, Rocío Flores fue una figura omnipresente en el ecosistema televisivo, primero de manera indirecta y después como protagonista involuntaria del relato de su madre.
En 2021, cuando Carrasco decidió romper su silencio, lo hizo aportando documentos judiciales y narrando episodios extremadamente duros, entre ellos la agresión física de su hija, unos hechos que ya habían sido juzgados.
En 2013, el Juzgado de Menores número 4 de Madrid condenó a Rocío Flores por maltrato habitual, amenazas e injurias, una sentencia que quedó reflejada en autos judiciales y que fue publicada en su día por medios como Vanitatis.
Ese dato es clave, porque marca una línea roja que ahora vuelve a ponerse sobre la mesa.
Hasta ahora, Rocío Flores había evitado entrar de lleno en ese terreno. Había hablado en televisión, sí, y no poco.
De hecho, en la presente temporada ya suma tres apariciones en De Viernes.
Una frecuencia que contrasta con aquel discurso de rechazo a los focos que defendía no hace tanto tiempo.
Sin embargo, siempre había esquivado pronunciarse directamente sobre el contenido de la docuserie de su madre y sobre los hechos judiciales concretos.
Eso es precisamente lo que cambia ahora. Esta vez, según la promo oficial, hablará sin cortapisas de lo que supuso para ella aquel documental y del impacto que tuvo en su vida personal y psicológica.
El momento elegido no es casual. Hace apenas unos meses, la Audiencia Provincial de Madrid dictó una sentencia que dio parcialmente la razón a Rocío Flores en su demanda contra Óscar Cornejo y Adrián Madrid, productores de la docuserie.
El tribunal consideró que la revelación de determinados datos vulneró gravemente su intimidad y condenó a los creadores a dos años de prisión, dos años de inhabilitación profesional y una multa de 200.000 euros.
Aunque la sentencia no es firme y ha sido recurrida, su existencia ha sido suficiente para cambiar el tablero. Para Rocío Flores, supone una victoria simbólica que la coloca, por primera vez, en una posición de contraataque.
Es desde ahí desde donde se construye esta entrevista. Mediaset la vende como el testimonio de una joven que, tras años de silencio, se siente por fin “preparada” para contar el infierno vivido, el desgaste emocional, las consecuencias psicológicas de verse señalada públicamente y de crecer bajo el foco de una narrativa que, según ella, no la representaba.
También promete abordar el encuentro con su madre el pasado verano, producido en el contexto del juicio contra los productores, un cara a cara cargado de simbolismo y tensión que hasta ahora apenas se había relatado en público.
Pero la reacción no se ha hecho esperar. Desde que Telecinco lanzó la promo, las redes sociales y algunos sectores mediáticos han estallado en críticas.
El principal reproche es claro: no hay dos versiones posibles de una condena judicial por maltrato continuado.
Para muchas voces, dar espacio a una contrarréplica en prime time supone un ejercicio de revictimización y una forma de violencia mediática que reabre un debate que parecía cerrado, al menos en lo legal.
Se cuestiona, además, la responsabilidad de la cadena al ofrecer este altavoz justo después de haber retirado la docuserie de Carrasco de su plataforma, un movimiento que algunos interpretan como una forma de reescribir la historia.
En este contexto, la figura de Santi Acosta adquiere un peso especial. No es un entrevistador improvisado ni ajeno a la polémica.
Su estilo, pausado pero incisivo, su capacidad para sostener entrevistas de varias horas y su experiencia en relatos complejos lo convierten en una pieza clave del engranaje.
La entrevista, según avanza Mediaset, será extensa y abordará tanto la reacción de Rocío Flores a la decisión judicial como su vivencia personal durante estos años de exposición pública.
La pregunta es inevitable: ¿habrá repreguntas incómodas? ¿Se pondrán los hechos judiciales sobre la mesa con la claridad necesaria?
Más allá del contenido concreto, este movimiento revela mucho sobre el momento que atraviesa Telecinco.
En plena reconstrucción de su parrilla y tras el final abrupto del universo Sálvame, la cadena busca eventos televisivos capaces de generar conversación, audiencia y polarización.
Y pocas historias dividen tanto como esta. El riesgo es evidente: convertir un drama familiar con sentencia judicial en un espectáculo que reactive heridas y enfrente de nuevo a la opinión pública en bandos irreconciliables.
También está el factor humano, a menudo sepultado bajo titulares y debates ideológicos.
Rocío Flores no es solo un personaje televisivo; es una mujer joven que creció en un entorno profundamente conflictivo, con padres mediáticos y procesos judiciales desde la adolescencia.
Eso no borra ni relativiza los hechos por los que fue condenada, pero sí explica, en parte, la complejidad emocional de su relato.
El problema surge cuando esa complejidad se utiliza para desdibujar responsabilidades o para sembrar dudas sobre un caso que ya fue juzgado.
La entrevista de De Viernes se emite este 9 de enero, y llega envuelta en una expectación pocas veces vista
. Para unos, será la oportunidad de escuchar a alguien que se sintió silenciado durante años.
Para otros, un paso atrás peligroso en la lucha por visibilizar y proteger a las víctimas de violencia.
Para Telecinco, una apuesta de alto riesgo que puede traducirse en audiencia, pero también en un desgaste reputacional difícil de medir.
Lo que es indiscutible es que este movimiento vuelve a poner sobre la mesa el papel de los medios en la gestión de relatos judiciales, la línea difusa entre información y espectáculo, y la facilidad con la que una historia ya sentenciada puede reactivarse en nombre del entretenimiento.
La pregunta final no es solo si le compensará a Telecinco en términos de share. La pregunta es qué coste tiene, como sociedad, seguir explotando un dolor que nunca llegó a cerrarse del todo.