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Quería marcar perfil y terminó regalando titulares. En un mitin en Aragón, Feijóo tomó el micrófono con gesto solemne y acabó atrapado en su propio discurso. Entre reproches a Sánchez y recuerdos a Zapatero, el mensaje se desdibujó y el momento se volvió incómodo. No hubo interrupciones, pero sí miradas que lo decían todo. A veces, la historia no se escribe por lo que se promete, sino por lo que se dice sin pensar. Y este episodio ya circula como uno de esos instantes que nadie en su equipo querrá recordar.
El PP de Ayuso acorrala a una concejala tras denunciar acoso del alcalde de Móstoles: presiones internas, silencios forzados y un conflicto que nadie quiere mirar.
Las disculpas no siempre son el final. Tras las palabras de Almeida por el cuartel de “Operación Campamento”, Isabel Rodríguez respondió con una carta que cambió el tono del debate. No hubo gritos ni ruedas de prensa, solo un mensaje escrito que pesa más que muchos discursos. Entre líneas, se intuyen reproches, advertencias y una batalla política que sigue latente. Cuando una carta llega después del perdón, la pregunta ya no es qué pasó, sino qué consecuencias siguen sobre la mesa. Y esta vez, nadie parece dispuesto a pasar página.
El error fue breve, el impacto no. Feijóo dejó escapar una frase y El Gran Wyoming la atrapó al vuelo para convertirla en un espejo incómodo en El Intermedio. Sin levantar la voz, la sátira expuso lo que el discurso intentaba ocultar: fisuras, contradicciones y nervios a flor de piel. No hizo falta inventar nada, solo repetirlo con ironía. Cuando el poder se traiciona a sí mismo en directo, el humor no se ríe: señala. Y esta vez, el eco fue devastador.