CANCELACIÓN DE GH DÚO POR DOS MOTIVOS FUERTES.
La palabra “cancelación” lleva meses sobrevolando los despachos de Mediaset como un fantasma incómodo.
No es nueva, pero cada vez pesa más. En el caso de GH Dúo, esa sensación ya no es un rumor de redes ni una opinión de tertulia: es una hipótesis que empieza a sostenerse con datos objetivos, decisiones desesperadas y movimientos que, históricamente, siempre han sido la antesala de un final abrupto.
Porque en televisión, y especialmente en Telecinco, hay señales que se repiten. Y cuando aparecen juntas, rara vez se equivocan.
Desde su estreno, GH Dúo 4 ha cargado con un lastre que no ha logrado sacudirse ni siquiera en su primera semana: el peor arranque histórico de toda la marca Gran Hermano, sumando todas sus versiones.
No es una afirmación emocional ni una exageración interesada. Son cifras contrastadas por medios especializados como El Televisero, Vertele o Fórmula TV, que coinciden en el diagnóstico: el formato ha nacido débil en un momento crítico para la cadena.
El estreno, programado estratégicamente en jueves con la intención de reforzar también el domingo, se quedó muy lejos de las expectativas mínimas.
Un 13,7% de cuota y alrededor de 800.000 espectadores para la gala inaugural, a pesar de terminar cerca de las dos de la madrugada, no es solo un dato discreto: es un aviso serio.
Especialmente si se compara con otros estrenos recientes de la franquicia que, aun siendo considerados fracasos en su momento, lograron cifras superiores.
El problema no es solo cuántos espectadores se sentaron frente al televisor, sino cuántos decidieron no hacerlo teniendo la televisión encendida.
El Access Prime Time, tradicionalmente una franja fuerte para realities como Supervivientes o La isla de las tentaciones, sufrió un desplome hasta el 7,7%, con menos de un millón de espectadores.
En un contexto donde el consumo televisivo es alto, ese dato resulta especialmente preocupante.
Históricamente, cuando un reality de este tipo no engancha en su estreno, rara vez remonta.
La lógica del consumo es clara: quien no se sube al tren en el primer episodio difícilmente lo hará más tarde.
A diferencia de una serie bajo demanda, un reality exige continuidad, contexto y vínculo emocional desde el inicio. Si eso falla, la sangría suele ser progresiva.
Y aquí aparece el primer gran indicio de cancelación temprana: GH 20, considerado hasta ahora el peor arranque de la historia de Gran Hermano, empezó mejor que GH Dúo 4… y aun así fue recortado y clausurado antes de tiempo.
Si aquel formato, con cifras superiores, no logró sobrevivir más de mes y medio, ¿qué margen real tiene esta nueva edición?
La comparación con GH Dúo 3 tampoco juega a favor. La edición anterior rozó el millón de espectadores en su estreno.
Esta ha perdido alrededor de 150.000 fieles en apenas un año. Y en televisión generalista, perder ese volumen de audiencia en un producto tan caro es un lujo que pocas cadenas pueden permitirse.
Porque no hay que olvidar un detalle clave: Gran Hermano no es un programa barato.
Requiere una infraestructura constante, personal 24 horas, plató, presentadores, publicidad y una maquinaria que solo se justifica si las audiencias acompañan. Cuando no lo hacen, la ecuación se rompe rápidamente.
Sin embargo, las cifras, siendo demoledoras, no son el único indicio.
Hay otro elemento que en Mediaset se interpreta siempre como señal de alarma: los movimientos de casting improvisados y urgentes.
La confirmación de que Telecinco planea introducir participantes de La isla de las tentaciones cuando esa edición aún no ha terminado ha encendido todas las alertas. No es una decisión habitual.
De hecho, es algo que prácticamente nunca se ha hecho. La norma no escrita es clara: los participantes de un reality no saltan a otro hasta que su historia ha sido completamente explotada, emitida y cerrada, incluido el reencuentro.
Romper esa regla implica dos cosas. La primera, que la cadena está dispuesta a reventar narrativas aún en emisión, adelantando información que debería mantenerse en secreto.
La segunda, y más preocupante, que existe una necesidad urgente de generar ruido porque el formato no está funcionando por sí solo.
Cuando un programa necesita fichajes exprés, es porque algo falla en su estructura base. No es una estrategia creativa; es una maniobra de supervivencia.
Y aquí surge una contradicción interesante. Porque, objetivamente, el casting de GH Dúo 4 no es desastroso.
Recuperar a perfiles polémicos como Carlos Lozano, incorporar figuras temperamentales como Carmen Borrego o rostros reconocibles de otros realities recientes parecía, sobre el papel, una apuesta lógica.
El problema no está tanto en quiénes entran, sino en el contexto en el que entran.
El público está cansado. No necesariamente de los personajes, sino del formato en sí. Durante años, Telecinco ha exprimido el reality show hasta el límite, repitiendo esquemas, conflictos y dinámicas que ya no sorprenden.
Lo que antes generaba conversación hoy genera indiferencia. Y la indiferencia, en televisión, es letal.
Además, la competencia ha cambiado. El Hormiguero y La Revuelta no solo lideran en cifras, sino que han construido una relación estable con la audiencia. Frente a eso, un reality que empieza tarde, se alarga hasta la madrugada y no ofrece un gancho claro tiene todas las de perder.
Otro factor que no se puede ignorar es el contexto interno de Mediaset. La cadena atraviesa una de las peores crisis de audiencia de su historia.
Programas emblemáticos han desaparecido, otros han sido reformulados sin éxito y la confianza del espectador se ha erosionado. En ese escenario, cada fracaso pesa el doble.
Por eso, muchos analistas interpretan GH Dúo 4 como un producto puente, diseñado para rellenar parrilla hasta la llegada de Supervivientes.
Y cuando un formato nace con vocación de transición, su margen de error es mínimo. Si funciona, se estira. Si no, se corta sin contemplaciones.
La introducción precipitada de parejas de La isla de las tentaciones refuerza esta teoría.
No es una apuesta a largo plazo, sino un intento de generar titulares rápidos, clips virales y conversación en redes. Pan para hoy, hambre para mañana.
La historia reciente de Telecinco demuestra que cuando un reality entra en esta dinámica, el final suele ser cercano. Pasó con GH 20.
Pasó con otros formatos híbridos que nunca llegaron a consolidarse. Y ahora, todo apunta a que podría volver a pasar.
La gran incógnita no es si GH Dúo está en problemas. Eso ya es evidente. La pregunta real es cuándo tomará la cadena la decisión de cortar por lo sano y cómo lo hará: si con una cancelación directa, con un recorte drástico de duración o con un cierre acelerado disfrazado de final “natural”.
Mientras tanto, la audiencia observa con una mezcla de cansancio y curiosidad.
Porque hay algo que también ha cambiado: el espectador ya no se siente obligado a permanecer. Si no le convence el primer día, se va. Y no vuelve.
Quizá ese sea el mensaje más claro que está enviando el público. No es rechazo, es desapego.
Y contra eso, ni el mejor casting de emergencia ni el fichaje más polémico pueden hacer milagros.
Si finalmente GH Dúo 4 acaba cancelado antes de tiempo, no será un accidente ni una injusticia.
Será la consecuencia lógica de un modelo que ha dejado de escuchar a quien realmente manda: la audiencia.
Y cuando la televisión olvida eso, el silencio que llega después es ensordecedor.
