Jesús Cintora lapida la hipocresía de Feijóo con las palabras del Papa sobre la migración: “Es el mismo que…”.

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Jesús Cintora en 'Malas Lenguas' (RTVE)

La histórica visita de **León XIV** al Congreso de los Diputados continúa generando reacciones en todos los ámbitos de la política española. Lo que inicialmente fue presentado como un acontecimiento institucional sin precedentes ha terminado convirtiéndose también en un intenso debate sobre la coherencia política, la inmigración, los derechos humanos y la utilización del mensaje del Pontífice por parte de los distintos partidos.

El discurso pronunciado por el Papa en la Cámara Baja fue recibido con una prolongada ovación por parte de prácticamente todos los grupos parlamentarios. Durante varios minutos, diputados y senadores se pusieron en pie para aplaudir una intervención que abordó asuntos tan diversos como la **paz**, la **polarización política**, la **dignidad humana**, la **inteligencia artificial**, la **familia**, el **derecho internacional** y la situación de las personas migrantes.

Sin embargo, apenas unas horas después de concluir el acto, comenzaron a surgir voces que cuestionaban la aparente unanimidad mostrada durante los aplausos.

Entre ellas destacó la del periodista **Jesús Cintora**, quien durante una emisión de *Malas Lenguas* puso el foco en lo que considera una profunda contradicción entre las palabras pronunciadas por algunos líderes políticos tras el discurso y las posiciones que han defendido públicamente durante los últimos años.

La polémica gira principalmente en torno a uno de los temas más sensibles abordados por León XIV: la **inmigración**.

Durante su intervención en el Congreso, el Pontífice dedicó varios minutos a reflexionar sobre la situación de millones de personas que se ven obligadas a abandonar sus países debido a conflictos armados, persecuciones, pobreza extrema o falta de oportunidades.

Sus palabras fueron claras y directas.

Según afirmó, el fenómeno migratorio constituye uno de los grandes desafíos morales de nuestro tiempo y exige una respuesta basada en la dignidad humana.

“El trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones”, señaló.

A continuación, recordó que discriminar a una persona por su origen nacional supone una vulneración grave del principio universal de igualdad entre todos los seres humanos.

Para León XIV, las políticas migratorias no pueden construirse únicamente sobre criterios económicos o de seguridad.

Deben tener presente que detrás de cada migrante existe una historia humana concreta.

Una familia.

Un proyecto de vida.

Un conjunto de esperanzas y sufrimientos que merecen ser reconocidos.

Por ello defendió una **acogida respetuosa**, la creación de **vías legales de integración** y una respuesta internacional basada en la cooperación y la solidaridad.

Las palabras del Pontífice fueron recibidas con aplausos por parte de prácticamente todos los grupos políticos presentes en la Cámara.

Entre ellos se encontraba el líder del Partido Popular, **Alberto Núñez Feijóo**, quien posteriormente aseguró sentirse plenamente identificado con el contenido de la intervención.

 

“Yo me siento interpelado por todo lo que ha dicho el Papa”, afirmó.

“Lo único que puedo hacer es suscribir desde la primera hasta la última de sus palabras”.

La declaración llamó inmediatamente la atención de numerosos observadores políticos.

Y fue precisamente ahí donde Jesús Cintora situó el centro de su crítica.

Durante su análisis televisivo recordó que el propio Feijóo ha protagonizado en numerosas ocasiones discursos mucho más duros sobre inmigración.

Según el periodista, existe una evidente contradicción entre el respaldo absoluto expresado hacia el mensaje papal y determinadas declaraciones realizadas anteriormente por dirigentes populares.

Cintora recordó intervenciones en las que la inmigración aparecía vinculada a problemas de seguridad o a episodios de violencia.

Desde su punto de vista, ese enfoque se encuentra muy alejado del mensaje de acogida, integración y dignidad defendido por León XIV.

La pregunta que lanzó durante el programa fue tan sencilla como incómoda.

¿Cómo puede alguien suscribir íntegramente las palabras del Papa y, al mismo tiempo, mantener discursos que parecen situarse en una dirección completamente diferente?

La reflexión abrió un intenso debate en el plató.

No tanto sobre la figura de León XIV, cuya autoridad moral fue ampliamente reconocida por todos los participantes, sino sobre la interpretación política que cada formación intenta hacer de su mensaje.

Porque una de las conclusiones que dejó la jornada es que prácticamente todos los partidos encontraron motivos para reivindicar parte del discurso papal.

Los sectores conservadores destacaron sus referencias a la defensa de la vida, la familia y la libertad religiosa.

Las fuerzas progresistas pusieron el foco en la inmigración, la justicia social, la protección de los vulnerables y el derecho internacional.

Y algunos analistas señalaron que precisamente esa amplitud temática explica por qué la intervención fue recibida con una ovación tan extensa.

Pero para muchos observadores, el verdadero debate no gira en torno a los aplausos.

Gira en torno a la coherencia.

Y esa fue precisamente la línea argumental desarrollada por Jesús Cintora.

Según explicó, resulta llamativo observar cómo determinados dirigentes políticos celebran con entusiasmo un discurso cuyas principales propuestas contradicen posiciones que ellos mismos han defendido durante años.

El periodista recordó que la intervención de León XIV se produjo en un momento especialmente sensible para España.

Durante los últimos años, el debate migratorio ha ocupado un lugar central en la agenda política.

Conceptos como “invasión migratoria”, “efecto llamada” o “prioridad nacional” han ganado espacio en el discurso público.

En ese contexto, escuchar al Papa defender la igualdad de dignidad entre todas las personas adquirió una relevancia especial.

Según Cintora, las palabras de León XIV representan exactamente lo contrario de algunas narrativas que se han extendido en determinados sectores políticos.

Y por eso considera especialmente significativo que quienes habitualmente cuestionan esas posiciones hayan terminado aplaudiendo el discurso.

El debate continuó con la intervención de **Emilio Delgado**, quien ofreció una interpretación diferente aunque complementaria.

Para Delgado, los siete minutos de aplausos reflejan una disputa política mucho más profunda.

A su juicio, lo que realmente estaba en juego era la apropiación simbólica de la figura del Papa.

Explicó que León XIV representa una autoridad moral reconocida a nivel mundial y que numerosos actores políticos intentan asociarse a esa imagen de legitimidad.

Sin embargo, se preguntó qué parte exacta del discurso estaban aplaudiendo algunos dirigentes.

Porque el Pontífice habló de asuntos muy diversos.

Habló del aborto y de la eutanasia desde posiciones tradicionalmente defendidas por la Iglesia Católica.

Pero también habló del cambio climático, de la inmigración, de la regulación ética de la inteligencia artificial y de la necesidad de proteger a los sectores más vulnerables.

Según Delgado, resulta difícil entender cómo algunos partidos pueden celebrar con entusiasmo un mensaje cuando se oponen sistemáticamente a varias de las cuestiones centrales que contiene.

La observación puso de manifiesto una realidad evidente.

El discurso de León XIV fue complejo y transversal.

No se limitó a un único tema.

No fue un mensaje exclusivamente religioso ni exclusivamente político.

Fue una reflexión amplia sobre el estado actual del mundo y sobre los desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas.

Precisamente por eso resulta tan difícil apropiarse de él de forma selectiva.

Porque aceptar una parte implica enfrentarse también a las demás.

Y ahí es donde surge la incomodidad para muchos actores políticos.

La intervención papal abordó simultáneamente cuestiones que generan consenso y otras que provocan profundas divisiones.

Defendió la dignidad de los migrantes, pero también la protección de la vida desde la concepción.

Criticó la polarización política, pero también llamó a fortalecer las convicciones morales.

Reivindicó la solidaridad internacional, pero insistió en la responsabilidad de las instituciones.

Ese equilibrio explica por qué cada sector ha destacado unas frases y ha minimizado otras.

Sin embargo, también explica por qué el discurso continúa ocupando titulares días después de haber sido pronunciado.

Porque obligó a todos a posicionarse.

Porque planteó preguntas difíciles.

Y porque puso sobre la mesa cuestiones que afectan directamente a la identidad política y moral de la sociedad española.

Más allá de las controversias partidistas, lo cierto es que las palabras de León XIV han reabierto un debate de fondo sobre la manera en que se aborda la inmigración en Europa.

Han recordado que detrás de cada discusión legislativa existen personas concretas.

Han insistido en que la dignidad humana no puede depender del lugar de nacimiento.

Y han cuestionado la tendencia a convertir problemas complejos en consignas simplificadas.

Quizá por eso la intervención del Pontífice ha tenido un impacto tan profundo.

Porque no se limitó a hablar de política.

Habló de valores.

De principios.

De humanidad.

Y porque en una época marcada por la polarización y la confrontación permanente, recordó algo que a menudo queda relegado a un segundo plano: que ninguna estrategia política puede ser verdaderamente legítima si olvida la dignidad de las personas a las que afecta.

Esa es, probablemente, la razón por la que el discurso sigue generando debate.

Y también la razón por la que la pregunta planteada por Jesús Cintora continúa resonando en la esfera pública: si quienes aplaudieron al Papa estaban celebrando realmente su mensaje o simplemente la autoridad de quien lo pronunciaba.