Jesús Cintora respondió a Esperanza Aguirre después de que esta criticara a RTVE por lo sucedido en Telemadrid con un comentario irritante que cambió por completo el tono del debate.
Esperanza Aguirre convierte una pregunta sobre Ayuso en un ataque a RTVE y abre un debate incómodo sobre quién puede dar lecciones de televisión pública
A veces la respuesta a una pregunta periodística termina siendo mucho más reveladora que la propia pregunta.
Eso fue lo que ocurrió este lunes 7 de septiembre cuando dos reporteros de RTVE se acercaron a Esperanza Aguirre durante un acto público. Los periodistas buscaban declaraciones relacionadas con la polémica compra de un ático de lujo realizada por una empresa pública de la Comunidad de Madrid, un asunto que durante las últimas semanas ha colocado a Isabel Díaz Ayuso bajo una intensa presión política y judicial.
Pero Aguirre decidió trasladar la conversación hacia otro lugar.
En vez de limitarse a explicar qué opinaba sobre el caso o decir que no quería responder, cuestionó las prioridades de Televisión Española, reprochó a sus profesionales que estuvieran preguntando por el ático en lugar de centrarse en Ceuta y terminó introduciendo una acusación todavía más delicada: puso en duda que RTVE estuviera defendiendo la integridad territorial de España e incluso utilizó la condición de “españoles” de sus periodistas como parte del reproche.
Aquellas palabras llegaron posteriormente al plató de Mañaneros 360.
Y Jesús Cintora respondió utilizando un espejo histórico especialmente incómodo para la antigua presidenta madrileña: Telemadrid durante sus años al frente de la Comunidad de Madrid.
Pedro Piqueras añadió después una dimensión diferente. El veterano periodista no centró su reflexión únicamente en la contradicción política, sino en las posibles consecuencias que tiene convertir a periodistas concretos en sospechosos por el simple hecho de trabajar para determinado medio.
Así, una pregunta inicialmente relacionada con un inmueble terminó abriendo un debate mucho mayor:
¿dónde termina la crítica legítima a una televisión pública y dónde empieza el señalamiento de quienes simplemente están haciendo preguntas?
La pregunta sobre el ático no apareció de la nada
Para entender el episodio conviene explicar primero qué estaban preguntando los reporteros.
La Comunidad de Madrid, a través de la empresa pública Planifica Madrid, adquirió por 6,3 millones de euros un ático situado en el barrio madrileño de Chamberí. Un juzgado abrió diligencias en agosto después de una denuncia relacionada con esa operación, y posteriormente Más Madrid y PSOE solicitaron personarse como acusación popular.
Además, durante los últimos días el Gobierno regional ha tenido que aclarar la participación de Isabel Díaz Ayuso en el asunto.
Fuentes de su Ejecutivo confirmaron que la presidenta visitó el inmueble después de haberse realizado la adquisición. El Gobierno madrileño sostiene que no estaba decidido en el momento de la compra que el ático fuera a utilizarse como despacho temporal de Ayuso mientras se reformaba la Real Casa de Correos.
Por tanto, preguntar a una antigua presidenta de la Comunidad y figura histórica del Partido Popular por la controversia no parece, en principio, extraordinario.
Esperanza Aguirre podía responder.
Podía defender a Ayuso.
Podía cuestionar la investigación.
Podía considerar que el asunto está exagerado.
Incluso podía negarse a comentar.
Todo eso habría sido completamente normal.
Sin embargo, eligió cuestionar a quienes formulaban las preguntas.

De Ayuso a Ceuta en cuestión de segundos
Según la reconstrucción publicada por Vertele, Pablo Collantes, reportero de Mañaneros 360, insistió en obtener su valoración sobre el asunto del ático.
Aguirre reaccionó afirmando que le indignaba que Televisión Española prestara atención a esa cuestión mientras España atravesaba una crisis en Ceuta.
El reportero le recordó entonces que ya le habían preguntado precisamente por Ceuta al comienzo del encuentro.
La conversación se tensó todavía más.
Aguirre llegó a advertir sobre posibles riesgos vinculados a personas que habían entrado durante la crisis migratoria y después cuestionó el enfoque de RTVE.
Finalmente pronunció una frase especialmente llamativa dirigida a los periodistas: vino a plantear que aquello era de lo que deberían preocuparse si realmente eran españoles.
Cuando Collantes reaccionó sorprendido, la expresidenta madrileña matizó que sí eran españoles, pero añadió que, en su opinión, no estaban defendiendo la integridad territorial de España.
Aquí está, para mí, el primer problema relevante.
No porque Aguirre critique RTVE.
Eso es perfectamente legítimo.
El problema surge cuando la nacionalidad o el patriotismo de un periodista se vinculan a las preguntas que decide formular.
Un periodista no tiene que demostrar que es español mediante su cuestionario
Este punto merece cierta atención.
Una televisión pública española debe informar sobre Ceuta.
Naturalmente.
Debe informar también sobre política regional, contratos públicos, decisiones judiciales, corrupción, vivienda, sanidad, economía y cualquier otro asunto de interés público.
No existe una regla según la cual la presencia de una gran crisis nacional obligue a suspender el resto de preguntas.
Un periodista puede preguntar por Ceuta a las diez de la mañana y por un contrato público cinco minutos después.
Eso no convierte una cuestión en menos importante que la otra.
Y, sobre todo, formular una pregunta incómoda a una dirigente política no debería convertirse en una prueba sobre el grado de patriotismo de quien la realiza.
Si aceptáramos ese criterio, entraríamos en un terreno peligroso.
¿Quién decide qué preguntas son suficientemente españolas?
¿Un Gobierno?
¿Un partido?
¿La oposición?
¿El presentador?
La función del periodista no consiste en demostrar lealtad política mediante sus preguntas.
Consiste en obtener información.
Cintora respondió mirando hacia el pasado de Telemadrid
Cuando las imágenes llegaron al estudio de Mañaneros 360, Jesús Cintora no dejó pasar la referencia de Aguirre a la calidad de RTVE.
Su respuesta tuvo un componente claramente histórico.
Recordó que la expresidenta madrileña había gobernado una comunidad cuya televisión pública sufrió durante aquellos años graves denuncias internas por supuesta manipulación informativa.
Y aquí es necesario añadir contexto porque no estamos hablando únicamente de un reproche partidista realizado veinte años después.
En 2007, trabajadores y representantes sindicales de Telemadrid llevaron hasta el Parlamento Europeo una denuncia en la que acusaban a la dirección del canal autonómico de “tergiversación”, “censura”, “tendenciosidad” y utilización política de la información.
La Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo había admitido previamente a trámite una denuncia del comité de empresa sobre una posible vulneración del derecho a recibir información plural.
Varios periodistas de la cadena llegaron a denunciar públicamente que existían instrucciones editoriales destinadas, según su versión, a favorecer al Gobierno regional y atacar al Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.
Es importante añadir también la otra parte.
La dirección de Telemadrid negó esas acusaciones y defendió que sus informativos eran rigurosos, veraces y objetivos.
Es decir, no sería correcto transformar aquellas denuncias en una sentencia judicial definitiva que hubiera probado que Esperanza Aguirre ordenaba personalmente cada contenido.
Pero sí es factual afirmar que durante su mandato existió una crisis muy seria entre una parte de la plantilla y la dirección de la televisión autonómica alrededor de la independencia informativa.
Y ese es el precedente al que se refería Cintora.
El antecedente es incómodo precisamente porque los denunciantes eran trabajadores de la propia cadena
Esta diferencia importa.
Si las críticas a Telemadrid hubieran procedido únicamente del PSOE, podrían interpretarse fácilmente como una batalla entre partidos.
Pero hubo periodistas y representantes del comité de empresa que denunciaron públicamente la situación.
Veintiún trabajadores viajaron a Bruselas para presentar sus quejas ante la Eurocámara. También existieron protestas internas y periodistas que dejaron de firmar piezas como forma de denunciar lo que consideraban interferencias editoriales.
Por eso la réplica de Cintora tiene un fundamento histórico reconocible.
Ahora bien, tampoco debería utilizarse ese antecedente como argumento mágico que invalide todo lo que Aguirre diga sobre RTVE.
Dos cosas pueden ser ciertas simultáneamente.
Las críticas históricas a Telemadrid durante su Gobierno merecen ser recordadas.
Y RTVE actualmente también debe poder ser criticada si alguien considera que existe sesgo, falta de pluralidad o errores editoriales.
Una contradicción pasada no convierte automáticamente en falsa una crítica presente.
Pero sí obliga a quien pretende dar lecciones sobre independencia de medios públicos a aceptar que su propio historial también sea examinado.
Cintora formuló otra pregunta todavía más interesante: ¿por qué atacar al mensajero?
Después de recordar Telemadrid, el presentador puso el foco en algo más sencillo.
Esperanza Aguirre no había respondido realmente a la cuestión que estaba provocando la insistencia de los reporteros.
Había cuestionado a RTVE.
Había hablado de Ceuta.
Había introducido el patriotismo.
Pero el asunto original seguía allí.
El ático.
Ese mecanismo comunicativo no pertenece exclusivamente a Aguirre ni al Partido Popular.
Políticos de todas las ideologías lo utilizan.
Cuando una pregunta resulta incómoda, existe la tentación de discutir la legitimidad del periodista que la formula en lugar de responder.
“¿Por qué me pregunta esto?”
“¿Por qué no pregunta por aquello?”
“Su medio nunca habla de…”
“Ya sabemos para quién trabaja.”
Es una estrategia eficaz porque desplaza la conversación.
El político deja de ser objeto de escrutinio.
El periodista pasa a defenderse.
Y, de repente, la entrevista se transforma en un debate sobre el medio.
Eso fue exactamente lo ocurrido.
Pedro Piqueras introdujo el elemento más delicado: el clima contra periodistas
Más tarde intervino Pedro Piqueras.
El antiguo director y presentador de Informativos Telecinco consideró exagerado cuestionar la españolidad de los profesionales de RTVE o afirmar de manera general que la cadena no defiende la integridad territorial.
Pero su reflexión fue más lejos.
Piqueras advirtió que determinadas declaraciones de líderes políticos pueden ser interpretadas por personas que posteriormente participan en movilizaciones y que un clima de hostilidad contra periodistas puede terminar favoreciendo nuevas agresiones.
El matiz aquí resulta esencial.
No existe evidencia que permita afirmar automáticamente:
“Esperanza Aguirre dijo esto y por eso una persona determinada golpeó a un periodista.”
Sería establecer una relación causal que no está probada.
Lo que Piqueras plantea es diferente.
Habla de clima.
De normalización.
De cómo determinadas etiquetas pueden reforzar la idea de que un periodista no es simplemente alguien haciendo su trabajo, sino un adversario político.
Esa discusión sí resulta pertinente porque las agresiones recientes son reales.
Los ataques a periodistas durante las protestas por Ceuta están documentados
Durante las movilizaciones de los últimos días, profesionales de RTVE han sufrido insultos, empujones, amenazas y agresiones mientras cubrían las protestas.
En algunos casos la Policía tuvo que intervenir.
Un reportero de Malas Lenguas recibió incluso un cabezazo durante su trabajo, mientras diferentes equipos denunciaron que les impedían realizar conexiones.
RTVE denunció públicamente estos episodios y los calificó como ataques intolerables contra el derecho a informar.
El País también documentó el acoso sufrido por trabajadores del Telediario, Mañaneros 360 y Malas Lenguas durante las manifestaciones relacionadas con Ceuta.
Por tanto, cuando Piqueras habla de un contexto peligroso no está describiendo un problema imaginario.
La cuestión discutible es qué responsabilidad concreta tiene cada declaración política dentro de ese contexto.
Y ahí deberíamos ser prudentes.
Las palabras importan, pero la responsabilidad del agresor sigue siendo del agresor
Creo que este principio permite mantener el equilibrio.
Los políticos deben poder criticar medios.
Incluso con dureza.
Un partido puede considerar que RTVE favorece al Gobierno.
Otro puede acusar a Telemadrid de favorecer a Ayuso.
Se puede cuestionar laSexta.
Telecinco.
Antena 3.
Cualquier medio.
Eso forma parte de la democracia.
Pero existe una diferencia entre criticar contenidos y convertir a los trabajadores individuales en enemigos.
Una frase como “RTVE está sesgada” puede debatirse mediante ejemplos.
Una frase que pone en duda si dos reporteros son suficientemente españoles por hacer determinadas preguntas ya actúa en otro plano.
No cuestiona una información.
Cuestiona su pertenencia.
Eso no significa que quien pronuncia la frase sea responsable jurídicamente de acciones posteriores realizadas por terceras personas.
El agresor sigue siendo responsable de la agresión.
Pero los responsables políticos tampoco deberían actuar como si el lenguaje no tuviera ninguna consecuencia social.
Piqueras también lanzó una advertencia al Partido Popular
El veterano periodista añadió después una reflexión específicamente política.
Mostró preocupación ante la posibilidad de que partidos conservadores tradicionales adopten progresivamente marcos y discursos de fuerzas situadas más a la derecha con el objetivo de evitar perder electorado.
Piqueras expresó su deseo de que el PP mantuviera, según sus palabras, cierta “cordura” frente a estos fenómenos y advirtió que determinadas declaraciones podían generar interpretaciones muy negativas sobre la posición del partido.
Esa parte constituye claramente una opinión política de Pedro Piqueras, no un hecho objetivo.
El Partido Popular puede rechazar completamente su análisis.
También puede argumentar que su crítica a RTVE está dirigida contra la dirección y determinados contenidos, no contra la seguridad física de los periodistas.
Y esa versión merece aparecer.
El problema es que la escena protagonizada por Aguirre complica ese argumento cuando la crítica institucional termina convertida en una duda sobre la condición nacional de dos profesionales concretos.
Una cosa es pedir que RTVE informe de Ceuta y otra decirle a cada periodista qué debe preguntar
Aquí está, a mi juicio, una de las fronteras más importantes.
Esperanza Aguirre tiene todo el derecho a pensar que Ceuta merece mucha más cobertura.
Puede decirlo.
Puede denunciar que considera insuficiente la atención.
Puede aportar datos de minutos de emisión.
Puede comparar cadenas.
Puede exigir explicaciones a la dirección de RTVE.
Pero un reportero situado delante de ella no representa toda la parrilla de una corporación.
No decide cuánto dura el Telediario.
No diseña el informativo de la noche.
No elige todas las conexiones del día.
Y, sobre todo, puede formular más de una pregunta.
La respuesta de Collantes resulta relevante precisamente por eso: el periodista recordó que ya habían hablado con Aguirre de Ceuta anteriormente.
Es decir, la falsa elección era innecesaria.
Podían preguntarle por Ceuta y por Ayuso.
El caso del ático merece preguntas precisamente porque involucra dinero público
También conviene evitar que el ruido mediático haga desaparecer nuevamente el origen del episodio.
Existe una investigación judicial abierta sobre la compra del inmueble.
Eso no significa que se haya demostrado delito alguno.
Una investigación es justamente eso: una investigación.
La presidenta madrileña y su Gobierno tienen derecho a defender la legalidad de toda la operación.
Pero los periodistas también tienen derecho a preguntar.
La Comunidad pagó 6,3 millones de euros mediante una empresa pública por un inmueble de lujo y posteriormente surgieron dudas sobre su finalidad y sobre el conocimiento que tenía Ayuso de la operación.
Es un asunto perfectamente informativo.
Ninguna crisis en Ceuta elimina ese interés público.
Del mismo modo que informar del ático no significa dejar de considerar importante Ceuta.
La actualidad no funciona con un solo tema a la vez.
Mi reflexión: la crítica más fuerte contra un medio es la que aporta ejemplos
Hay algo que echo de menos constantemente en estas discusiones.
Si un político considera que RTVE está manipulada, debería poder demostrarlo de manera concreta.
Este reportaje omitió este dato.
Esta entrevista no realizó esta pregunta.
Este partido recibió tantos minutos y este otro tantos.
Esta información fue incorrecta.
Ese vídeo estaba editado de forma engañosa.
Eso permite debatir.
Permite comprobar.
Permite incluso corregir.
Decir simplemente “es una vergüenza de televisión” sirve mucho mejor como titular que como argumento.
Lo mismo vale para quienes desde la izquierda denuncian automáticamente “manipulación” en cualquier medio que no comparte sus planteamientos.
El periodismo debería ser criticado con periodismo.
Hechos.
Datos.
Ejemplos.
No carnés de patriotismo.
El precedente de Telemadrid debería servir como lección, no solamente como arma arrojadiza
Cintora utilizó el pasado de Telemadrid para desacreditar la autoridad de Aguirre en esta materia.
Políticamente funciona.
Pero creo que existe una lectura más útil.
Lo que ocurrió entonces demuestra por qué los medios públicos necesitan sistemas fuertes de independencia editorial.
No importa si gobierna el PP o el PSOE.
Los trabajadores de un medio público deberían disponer de mecanismos para denunciar presiones sin arriesgar su carrera.
La dirección debería rendir cuentas.
Los consejos profesionales deberían ser escuchados.
Y los partidos deberían evitar tratar los medios públicos como extensiones naturales de sus gobiernos.
Ese es el verdadero aprendizaje del conflicto histórico de Telemadrid.
No demostrar que “los otros manipularon más”.
Cintora tampoco queda exento de escrutinio
Defender a sus reporteros no significa que Mañaneros 360 deba quedar fuera de crítica.
Cintora tiene una personalidad periodística muy marcada.
Su manera de presentar la actualidad genera apoyos y rechazo.
Es perfectamente legítimo analizar si selecciona unos temas y no otros, si interrumpe a determinadas voces o si la composición de su mesa es suficientemente plural.
RTVE, precisamente por ser pública, debe aceptar ese nivel de escrutinio.
La diferencia está en el método.
Criticar al periodista por su trabajo no es lo mismo que cuestionar su patriotismo.
Y esa es probablemente la parte del discurso de Aguirre que generó una reacción tan intensa.
¿Puede el discurso político influir en la calle?
La pregunta planteada indirectamente por Piqueras no tiene una respuesta simple.
Las palabras no son responsables automáticamente de cualquier acto posterior.
Pero tampoco existen en el vacío.
Cuando durante meses se describe a un grupo profesional como enemigo, traidor, propagandista o ilegítimo, puede generarse una percepción social muy diferente a la que existiría si se criticaran únicamente sus contenidos.
Eso vale para periodistas.
Políticos.
Jueces.
Sanitarios.
Profesores.
Cualquier colectivo.
El lenguaje público puede contribuir a elevar o disminuir el grado de deshumanización del adversario.
Reconocerlo no supone censurar el debate.
Supone exigir responsabilidad a quienes disponen de enormes altavoces públicos.
Hay una frase de Aguirre que resume por qué la discusión ha trascendido
“Si es que sois españoles.”
Más allá de la intención con la que fuera pronunciada, la frase resulta poderosa porque convierte una discusión periodística en una cuestión identitaria.
Y ahí todo cambia.
El reportero ya no está simplemente preguntando algo equivocado según la entrevistada.
Ahora parece estar incumpliendo una supuesta obligación nacional.
Eso es precisamente lo que debería evitarse.
El patriotismo no debería utilizarse para clasificar preguntas periodísticas.
Hay periodistas conservadores que preguntarán cosas incómodas al PP.
Periodistas progresistas que deberían preguntar cosas incómodas al PSOE.
Y profesionales cuya ideología ni siquiera debería importarnos si cumplen correctamente su trabajo.
La respuesta de Piqueras fue más interesante que el simple “zasca”
Los titulares pueden presentar su intervención como la “puntilla” a Esperanza Aguirre.
Pero reducirla a eso sería desaprovecharla.
Piqueras no se limitó a burlarse de la expresidenta.
Planteó una preocupación sobre el tipo de sociedad que se construye cuando aumenta la hostilidad hacia quienes informan.
Se puede discrepar de su análisis sobre el PP.
Pero su pregunta de fondo merece atención:
¿qué ocurre cuando el periodista deja de ser visto como un intermediario imperfecto pero necesario y pasa a ser considerado enemigo por quien no comparte lo que cuenta?
Los acontecimientos de los últimos días ofrecen una respuesta preocupante.
Empujones.
Insultos.
Cabezazos.
Cámaras atacadas.
Profesionales obligados a abandonar concentraciones.
Nada de eso debería normalizarse.
Mi conclusión: responder una pregunta siempre habría sido más sencillo
Toda la secuencia podría haberse evitado de una manera extraordinariamente simple.
Esperanza Aguirre podía haber contestado:
“Apoyo a Isabel Díaz Ayuso y considero que la Comunidad ha dado suficientes explicaciones.”
De hecho, eso fue esencialmente parte de su primera posición.
Después podía añadir:
“Y además creo que RTVE debería prestar más atención a Ceuta.”
Dos opiniones.
Perfectamente compatibles.
Pero cuando la conversación llegó a cuestionar si los periodistas eran españoles o defendían España, el asunto dejó de ser únicamente Ayuso.
Se convirtió en una discusión sobre legitimidad.
Cintora aprovechó entonces el antecedente de Telemadrid.
Piqueras abrió el debate sobre los efectos del lenguaje.
Y el ático terminó otra vez desplazado por una polémica mayor.
La ironía es evidente.
Esperanza Aguirre criticó a los periodistas porque, según ella, estaban prestando atención al tema equivocado.
Su propia respuesta consiguió que durante horas se hablara mucho menos de Ceuta.
Y muchísimo más de RTVE.
Quizá esa sea la principal lección comunicativa de esta historia.
Cuando un político ataca al periodista en lugar de responder a la pregunta, muchas veces acaba consiguiendo exactamente lo contrario de lo que pretendía: que el foco permanezca todavía más tiempo sobre aquello que quería dejar atrás.
Y la pregunta que queda para los lectores no debería plantearse en términos partidistas:
¿creéis que un político tiene derecho a cuestionar duramente la línea editorial de una televisión pública, pero debería evitar siempre poner en duda la profesionalidad o incluso el patriotismo de los reporteros que le hacen preguntas incómodas?
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