Julián Torres estaba a punto de ceder su imperio naviero a su hijo Carlos, convencido de que la demencia le estaba robando la razón; pero cuando su empleada Rosa le susurró que no bebiera café, el anciano intercambió dos tazas y aún supo jugar una última partida con quien quería acabar con él para siempre. - News

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Julián Torres estaba a punto de ceder su imperio naviero a su hijo Carlos, convencido de que la demencia le estaba robando la razón; pero cuando su empleada Rosa le susurró que no bebiera café, el anciano intercambió dos tazas y aún supo jugar una última partida con quien quería acabar con él para siempre.

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