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Todo parecía bajo control en el estudio de TVE. El mensaje se consideró cuidadosamente, las respuestas se prepararon y hubo un claro esfuerzo por cerrar el escándalo de la DANA. Pero Javier Ruiz no argumentó con opiniones, sino con hechos. Tres hechos, en el contexto adecuado, bastaron para exponer las contradicciones en el testimonio de Feijóo que nadie se atrevió a señalar directamente. En la televisión pública, donde cada palabra tiene peso, el verdadero golpe no proviene del tono, sino de hechos innegables.
El Parlamento estalla en un enfrentamiento directo: Feijóo menciona a Adamuz y, por primera vez, hace perder el control a Rufián, convirtiendo el parlamento en una auténtica arena política con gritos y una tensión incontrolable.
Las llamadas secretas entre el príncipe Haakon y Marius Borg Høiby se filtran justo antes del juicio, sacudiendo los cimientos de la Casa Real noruega. En una monarquía construida sobre la discreción y el control del relato, el verdadero escándalo no está en el contenido de las llamadas, sino en quién decidió romper el silencio… y por qué precisamente ahora.
Joaquín Prat se pronuncia sobre la prohibición de redes sociales a menores de 16 años: ¿protección necesaria o un control que llega demasiado lejos?
Sin acusaciones directas ni declaraciones rimbombantes, la infanta Cristina rompió el silencio con una acción que tuvo más peso que cualquier declaración posterior a la entrevista de Iñaki Urdangarin. No solo reabrió recuerdos incómodos, expuso grietas, silencios orquestados y un capítulo aparentemente cerrado en la familia real.