Iñaki López ve lo que ha dicho Tellado de El Gran Wyoming: contesta con dos frases como dos soles.
No ha necesitado ni tres horas para acumular más de 1.000 ‘me gusta’.

Hay comparaciones que, cuando se pronuncian en voz alta, no buscan tanto convencer como provocar.
Frases que nacen en un atril, en medio de aplausos y consignas, pero que no tardan ni unos minutos en escapar de la sala y convertirse en gasolina pura para el debate público.
Eso es exactamente lo que ocurrió cuando Miguel Tellado, secretario general del Partido Popular, decidió comparar a Vito Quiles con El Gran Wyoming.
Una frase breve, aparentemente defensiva, que ha terminado abriendo una grieta profunda en la conversación política y mediática en España.
Porque no se trató solo de un comentario más en un acto de partido. Fue una declaración cargada de simbolismo, pronunciada en un contexto muy concreto, ante jóvenes militantes y con la intención clara de legitimar una figura tan polémica como la de Quiles.
Y, como suele suceder cuando se juega con referentes culturales tan potentes, la reacción no tardó en llegar. Una reacción contundente, directa y demoledora, firmada por Iñaki López.
Todo empezó en San Lorenzo del Escorial, durante la apertura de la III Academia de la Juventud Madrileña.
Un evento pensado para motivar, cohesionar y lanzar mensajes claros a la militancia más joven del PP.
Allí, Tellado quiso justificar la presencia de Vito Quiles en el cierre de campaña del PP en Aragón.
No solo eso: decidió elogiarlo públicamente, destacando su “valentía” y su supuesto papel a la hora de “dar voz a quienes no son capaces de hacerlo”.
Hasta ahí, la escena ya era polémica. Quiles no es un comunicador cualquiera. Su nombre lleva tiempo asociado a episodios de confrontación extrema, a vídeos virales basados en el choque directo y, sobre todo, a una forma de entender la comunicación política que muchos califican sin rodeos como agitación.
No en vano, la Fiscalía ha abierto diligencias contra él por presuntos desórdenes públicos e incitación al odio en la Universidad Complutense de Madrid, tras una denuncia presentada por la asociación Acción contra el Odio.
Aun así, Tellado fue un paso más allá. Respondió a las críticas que acusan a Quiles de perseguir a la gente con un micrófono con una frase que ha quedado grabada en la memoria colectiva: “Eso no es nada nuevo, se lo hemos visto al Gran Wyoming hace años”.
Y remató con una pregunta retórica que, lejos de calmar las aguas, las agitó todavía más: “¿Qué pasa, que lo pueden hacer unos y otros no?”.
Ahí estaba la chispa. Comparar a Vito Quiles con El Gran Wyoming no es una analogía menor.
Wyoming representa décadas de sátira política, humor crítico y una forma de incomodar al poder desde la ironía y la inteligencia.
Caiga quien caiga y, más tarde, El Intermedio, marcaron a generaciones enteras por su capacidad de señalar contradicciones sin necesidad de señalar personas para el linchamiento público.
Equiparar eso con prácticas que muchos consideran acoso directo fue leído, por una parte enorme de la audiencia, como una provocación deliberada.
Y entonces apareció Iñaki López.
El presentador de Más Vale Tarde no necesitó un hilo largo ni un análisis extenso. Bastaron dos frases.
Dos frases precisas, cargadas de memoria histórica y con una potencia simbólica brutal. “La diferencia entre Wyoming y Vito Quiles en comunicación debe ser como la que hay en política entre Tellado y Gregorio Ordóñez. Sideral”.
El tuit corrió como la pólvora. En menos de tres horas superó el millar de ‘me gusta’, decenas de respuestas y una difusión que evidenció hasta qué punto había tocado un nervio sensible.
No era solo una crítica a Tellado. Era una bofetada argumental que colocaba la comparación en un plano moral y político imposible de esquivar.
Porque mencionar a Gregorio Ordóñez no es gratuito. Ordóñez fue un dirigente del PP en el País Vasco, asesinado por ETA en 1995, símbolo de una forma de hacer política valiente, comprometida y trágicamente silenciada por la violencia.
Al ponerlo frente a Tellado en esa comparación, López no estaba insultando, estaba marcando una distancia ética, histórica y política que muchos interpretaron como irrefutable.
La reacción evidenció algo más profundo: el cansancio de una parte de la sociedad ante lo que percibe como una banalización de referentes y una peligrosa confusión entre periodismo, activismo y propaganda.
Porque el debate ya no gira solo en torno a Vito Quiles, sino a quién decide legitimarlo y con qué argumentos.
La presencia de Quiles en el cierre de campaña del PP en Aragón fue, en sí misma, una sorpresa.
Más aún cuando se recuerda que el joven agitador formó parte de las listas electorales de Se acabó la fiesta (SALF), el partido liderado por Alvise Pérez.
Un proyecto político que se mueve abiertamente en los márgenes del sistema y que ha hecho del discurso antisistema su principal bandera.
Ante las críticas, Quiles se apresuró a matizar su papel. Aseguró en la red social X que no había participado ni apoyado “ninguna campaña del PP”.
Según su versión, simplemente asistió a un acto con jóvenes al que fue invitado, igual que haría si lo invitaran Vox o cualquier movimiento contrario al actual gobierno.
Una explicación que, para muchos, no termina de encajar con su presencia destacada en un acto de cierre de campaña y con el respaldo público de un secretario general de partido.
Mientras tanto, el foco se desplazó inevitablemente hacia el Partido Popular. ¿Qué mensaje lanza cuando defiende y compara a figuras como Quiles con referentes históricos del humor político? ¿Es una estrategia consciente para atraer a un electorado más radicalizado? ¿O es el síntoma de una deriva que normaliza discursos y prácticas antes impensables en un partido que aspiraba al centro político?
Las redes sociales se llenaron de análisis, críticas y debates cruzados. Algunos defendían la libertad de expresión y el derecho de Quiles a estar donde quiera.
Otros advertían de los riesgos de blanquear perfiles investigados por la Fiscalía y asociados a discursos de odio.
En medio, la comparación con Wyoming seguía actuando como un recordatorio incómodo de que no todo vale bajo el paraguas de la “comunicación incómoda”.
Porque hay una diferencia esencial que muchos subrayaron: preguntar no es perseguir, incomodar no es señalar, y el humor crítico no es equivalente a la provocación sistemática.
El Gran Wyoming nunca construyó su carrera a partir del hostigamiento personal ni de la generación deliberada de conflicto social.
Su trabajo se ha basado en el contexto, la sátira y la denuncia de estructuras de poder, no en el enfrentamiento directo con individuos concretos.
La intervención de Iñaki López fue celebrada precisamente por eso. Por poner palabras a una sensación compartida.
Por establecer una línea clara donde otros optan por la ambigüedad. Y por recordar que las comparaciones no son inocentes, especialmente cuando se hacen desde posiciones de poder político.
En el trasfondo de todo esto late una preocupación más amplia: el deterioro del debate público y la tentación de convertir la política en un espectáculo permanente.
La viralidad como objetivo, el conflicto como herramienta y la provocación como lenguaje. Un terreno en el que figuras como Quiles se mueven con soltura, pero que plantea preguntas incómodas sobre los límites y las responsabilidades de los partidos tradicionales.
La Fiscalía, mientras tanto, sigue su curso. Las diligencias abiertas contra Quiles por los incidentes en la Universidad Complutense recuerdan que no se trata solo de opiniones, sino de posibles consecuencias legales.
Un detalle que muchos consideran clave y que hace todavía más llamativa la defensa cerrada que algunos dirigentes políticos han decidido hacer de su figura.
Lo ocurrido estos días no es un episodio aislado. Es un reflejo de una tensión creciente entre modelos de comunicación, entre formas de entender el periodismo y entre estrategias políticas que buscan adaptarse a un ecosistema cada vez más polarizado.
Y, sobre todo, es una señal de alerta para una ciudadanía que observa cómo se difuminan líneas que antes parecían claras.
El tuit de Iñaki López no cerró el debate. Lo amplificó. Obligó a posicionarse. Y recordó que, a veces, una sola frase bien medida puede tener más impacto que discursos enteros. En un momento en el que la confusión y el ruido parecen dominarlo todo, esa claridad resulta casi revolucionaria.
Ahora la pregunta queda en el aire. ¿Es este el camino que quiere recorrer el PP? ¿Seguir defendiendo y legitimando a agitadores bajo el paraguas de la “valentía comunicativa”? ¿O escuchar las críticas, incluso las que duelen, y reflexionar sobre el tipo de oposición y de discurso que necesita el país?
El debate está abierto. Y no se cerrará pronto. Porque no va solo de Tellado, de Quiles o de Wyoming. Va de qué entendemos por periodismo, por política y por responsabilidad pública. Y esa es una conversación que nos interpela a todos, estemos donde estemos.