Nadie esperaba que dijera esto en directo. Gloria Camila rompió el silencio en Fiesta y relató las palabras de Kiko Jiménez sobre su padre en el momento más delicado: tras el impactante arresto. El estudio se quedó en silencio, las redes sociales explotaron y una relación que se creía terminada volvió a verse arrastrada al ojo del huracán. Hay palabras, por muy lejanas que sean, que aún tienen el poder de romper cualquier barrera. Y esta podría ser la pieza inédita del rompecabezas.

Gloria Camila revela en ‘Fiesta’ lo que decía Kiko Jiménez de su padre tras detenerle por apuñalamiento.

 

 

 

Gloria Camila se ha pronunciado en ‘Fiesta’ sobre la detención del padre de Kiko Jiménez por apuñalar a otro hombre.

 

 

 

 

La televisión llevaba meses sin pronunciar su nombre. Desde el pasado verano, Kiko Jiménez había desaparecido prácticamente del foco mediático, alejado de platós, polémicas y titulares.

 

Sin embargo, esta semana su apellido ha vuelto a ocupar espacio en los programas de actualidad del corazón por un motivo tan inesperado como delicado: la detención de su padre biológico en Linares, acusado de un apuñalamiento.

 

 

La noticia estalló el jueves y, en cuestión de horas, se convirtió en uno de esos asuntos incómodos que obligan a mirar más allá del personaje televisivo para adentrarse en una historia familiar marcada por las ausencias, los silencios y una relación rota desde hace décadas.

 

No se trata solo de un suceso policial. Es, sobre todo, un relato que vuelve a poner sobre la mesa el peso del pasado y cómo este puede reaparecer incluso cuando uno cree haberlo dejado atrás.

 

 

Fue Marta Riesco quien destapó la información en el programa No somos nadie este viernes.

 

Apenas un día después, Fiesta ampliaba los detalles con el trabajo de la reportera Arabella Otero, que se desplazó hasta Linares para reconstruir qué había ocurrido realmente.

 

Según las primeras informaciones confirmadas por fuentes policiales, el padre de Kiko Jiménez habría apuñalado a otro hombre en el interior de una armería.

 

 

En un primer momento se habló de un intento de robo de la recaudación de la caja registradora.

 

Una versión sencilla, directa, casi automática cuando se informa de un suceso de este tipo.

 

Sin embargo, conforme avanzaron las horas, el relato empezó a matizarse.

 

Arabella Otero explicó en directo que, según fuentes cercanas a la investigación, el motivo económico era mucho más limitado de lo que se pensó inicialmente: apenas 45 euros.

 

Un detalle aparentemente menor que, lejos de restar gravedad a lo sucedido, añadía una capa más de desconcierto.

 

¿Una agresión con arma blanca por una cantidad tan pequeña? La respuesta parecía estar en la relación previa entre agresor y víctima.

 

Tal y como se explicó en Fiesta, el propietario de la armería y Fernando —nombre del padre de Kiko Jiménez— ya se conocían.

 

No se trataba de dos desconocidos que se cruzan por azar, sino de personas con una historia previa.

 

 

Según estas mismas fuentes, el arma utilizada habría sido un machete con una hoja de unos treinta centímetros que el propio agresor había comprado previamente en la armería.

 

Un dato que hiela la sangre y que apunta a un acto premeditado, o al menos a una escalada de tensión que terminó de la peor manera posible.

 

Lo que en un principio se presentó como un robo improvisado empezaba a perfilarse como un posible ajuste de cuentas.

 

 

Mientras los detalles del caso se iban aclarando, en el plató de Fiesta se encontraba Gloria Camila Ortega.

 

Su presencia no era casual: fue pareja de Kiko Jiménez durante una de las etapas más mediáticas de ambos.

 

Y aunque su relación terminó hace años, la conexión con la noticia era inevitable. Emma García, con cautela, quiso saber si Gloria Camila había llegado a conocer al padre biológico de su exnovio.

 

 

La respuesta fue clara y serena. No, no lo llegó a conocer personalmente. Pero su figura estuvo muy presente durante su relación con Kiko.

 

No como un padre cercano, sino como un tema recurrente, una ausencia que, paradójicamente, pesa más que muchas presencias.

 

Gloria Camila explicó que el padre de Kiko había estado en prisión hace muchos años por temas relacionados con estupefacientes y que la relación entre ambos era prácticamente inexistente.

 

“Él no tenía relación con su padre”, aclaró. Los padres se separaron cuando Kiko era muy pequeño y, según su testimonio, Fernando intentó retomar el contacto en varias ocasiones, sin éxito. No había vínculo, ni confianza, ni un pasado compartido que sostuviera una relación real.

 

 

Emma García recordó entonces uno de los momentos más recordados de Kiko Jiménez en televisión: su participación en Supervivientes y, concretamente, en “la curva de la vida”.

 

Allí, Kiko contó que conoció a su padre en la cárcel y que no volvió a verlo hasta los 17 años.

 

Una historia dura, contada sin dramatismos, en la que dejaba claro que la figura paterna que marcó su vida no fue su padre biológico, sino su abuelo.

 

 

Ese detalle volvió a cobrar sentido con las palabras de Gloria Camila. “Para Kiko su abuelo era realmente su padre”, explicó.

 

Fue él quien lo crio, quien estuvo presente, quien le dio estabilidad. El padre biológico, en cambio, fue siempre una figura lejana, casi abstracta, pese a los intentos puntuales de acercamiento.

 

 

Gloria Camila aportó además un matiz importante: quien más hablaba de Fernando era Carmina, la madre de Kiko.

 

Según relató, ella incluso le enseñó cartas que él había enviado desde prisión. Cartas que, probablemente, intentaban reconstruir un vínculo roto demasiado pronto.

 

Aun así, no está claro si Kiko llegó a echar de menos a su padre en algún momento.

 

Lo que sí parece evidente es que tuvo la suerte de contar con su abuelo como referencia emocional.

 

En este punto, el relato se aleja del suceso policial para adentrarse en una cuestión más profunda: cómo se construye la identidad de una persona cuando una figura clave está ausente.

 

Kiko Jiménez, más allá del personaje televisivo, ha hablado en varias ocasiones de una infancia marcada por carencias afectivas, compensadas en parte por el cariño de su abuelo.

 

La intervención de Gloria Camila también sirvió para desmontar cualquier intento de vincular a Kiko con las acciones de su padre.

 

 

Ella fue tajante al recordar que Kiko hizo su vida sin él y que, en su opinión, acertó. Incluso reveló que, en un momento dado, una tía de Kiko intentó ponerse en contacto con ellos a través de Instagram, aprovechando la fama que él había alcanzado tras su paso por Mujeres y Hombres y Viceversa.

 

 

Ese intento de acercamiento, según Gloria Camila, no prosperó. Kiko nunca quiso saber nada de su padre.

 

Una decisión firme, coherente con la trayectoria que él mismo ha contado públicamente.

 

No hubo reconciliación, ni reencuentros emotivos, ni reconstrucción familiar de cara a la galería.

 

 

Este detalle añade otra capa al debate: hasta qué punto la fama puede convertirse en una puerta que algunos intentan abrir cuando antes estaba cerrada.

 

La notoriedad pública, en ocasiones, reaviva vínculos dormidos, pero no siempre desde el afecto, sino desde el interés o la oportunidad.

 

 

Mientras tanto, Kiko Jiménez guarda silencio. No ha hecho declaraciones públicas, no ha utilizado sus redes sociales para pronunciarse y tampoco ha aparecido en ningún programa para dar su versión.

 

Un silencio que, en este contexto, resulta comprensible. No es fácil gestionar que el apellido de uno vuelva a ser noticia por un hecho tan grave y ajeno a la propia voluntad.

 

El caso sigue su curso judicial, y será la justicia quien determine las responsabilidades del padre de Kiko Jiménez.

 

Pero el impacto mediático ya está hecho. Y deja una reflexión incómoda sobre cómo los errores de una generación pueden proyectarse, injustamente, sobre la siguiente.

 

La intervención de Gloria Camila fue, en ese sentido, clave. No habló desde el rencor ni desde la polémica.

 

Habló desde el conocimiento íntimo de una historia que vivió de cerca y desde el respeto hacia una persona con la que, pese a todo, ya no comparte su vida.

 

Sus palabras sirvieron para contextualizar, para separar al hijo del padre y para recordar que no todos los vínculos de sangre se traducen en relaciones reales.

 

 

En un ecosistema mediático acostumbrado al ruido, al juicio rápido y a la culpabilidad por asociación, este matiz es más necesario que nunca.

 

Kiko Jiménez no eligió a su padre. Eligió, en cambio, construir su camino con las herramientas que tuvo, apoyándose en quien sí estuvo a su lado.

 

La historia, en el fondo, habla de decisiones. De las que se toman a tiempo y de las que llegan demasiado tarde.

 

Habla de cómo una figura ausente puede marcar una vida, pero también de cómo esa ausencia no determina necesariamente el futuro de alguien.

 

Hoy, mientras la investigación continúa y los programas siguen desgranando detalles del suceso, queda una idea clara: detrás del titular hay personas.

 

Personas con historias complejas, con heridas antiguas y con decisiones difíciles.

 

Y quizá la mayor lección de todo este episodio sea recordar que no somos responsables de los actos de quienes comparten nuestro apellido, sino de las elecciones que hacemos cada día.

 

Kiko Jiménez, apartado de la televisión desde hace meses, vuelve a ser noticia sin quererlo.

 

Y lo hace no por un escándalo propio, sino por una sombra del pasado que reaparece de la forma más violenta.

 

En medio de todo, el silencio, la distancia y la vida que construyó lejos de su padre parecen hoy más comprensibles que nunca.

 

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