La periodista Pilar Rahola hace esta llamativa comparación para referirse a Feijóo.
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Hace un traje al líder del PP.

Pilar Rahola ridiculiza la moción de censura de Feijóo y retrata su estrategia: “Es el hámster, parece que corre pero no va a ningún lugar”.
La posible moción de censura de Alberto Núñez Feijóo contra el Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en uno de los grandes debates políticos de los últimos días. El líder del Partido Popular intenta presentar la operación como una salida institucional ante el desgaste del Ejecutivo, pero la realidad parlamentaria vuelve a imponer sus propios límites: los números no dan sin apoyos muy difíciles de conseguir.
El PP puede insistir en que existe una mayoría social cansada del Gobierno. Puede repetir que España necesita elecciones cuanto antes. Puede incluso plantear una moción instrumental, con un Ejecutivo temporal y una convocatoria electoral inmediata. Pero en el Congreso de los Diputados la política no se decide por estados de ánimo, sino por escaños. Y ahí Feijóo se encuentra con un problema evidente: para que una moción prospere, necesita sumar a fuerzas que durante años han sido presentadas por el propio PP como adversarios casi irreconciliables.
El tablero es complejo. Vox no basta. Los partidos situados a la izquierda del PSOE no van a apoyar una operación diseñada por el Partido Popular. Y las únicas formaciones que podrían alterar la aritmética son el PNV y Junts. Precisamente ahí empieza la contradicción más incómoda para Génova: para desalojar a Sánchez, Feijóo tendría que convencer a partidos nacionalistas e independentistas a los que su partido ha criticado duramente durante toda la legislatura.
Junts, además, tiene una condición política clara: no respaldaría una moción de censura en la que Vox tuviera un papel decisivo. Ese solo dato convierte la operación en un rompecabezas casi imposible. Feijóo intenta resolverlo hablando de un gobierno en solitario del PP, sin presencia de Vox, con el único objetivo de convocar elecciones. Pero incluso esa fórmula no ha logrado, por ahora, abrir una vía real de negociación.
En ese contexto apareció la intervención de Pilar Rahola en Todo es mentira, el programa de Cuatro presentado por Risto Mejide. La periodista catalana, muy atenta siempre a los movimientos de Junts y del independentismo, fue especialmente dura con la estrategia de Feijóo. No solo negó que exista una operación seria detrás de la llamada moción instrumental, sino que la calificó directamente como “fake” y “mentira”.
Su frase más comentada fue una comparación que rápidamente se convirtió en munición política: Feijóo, dijo Rahola, es como un hámster. Parece que corre, parece que se mueve, parece que avanza, pero en realidad no va a ningún sitio.
La imagen es dura, pero eficaz. En pocas palabras, Rahola resumió una crítica que muchos analistas vienen haciendo desde hace días: el líder del PP genera ruido, presiona mediáticamente, lanza mensajes a Junts y al PNV, pero no parece estar construyendo una negociación real. Según la periodista, si Feijóo quisiera de verdad una moción de censura viable, no lo estaría anunciando a través de ruedas de prensa ni apelando públicamente a los empresarios catalanes. Estaría haciendo política discreta.
Ese punto es fundamental. Una moción de censura de estas características no se improvisa ante las cámaras. Requiere conversaciones reservadas, intermediarios, propuestas concretas, garantías y una arquitectura parlamentaria muy delicada. Rahola lo explicó con claridad: si alguien quiere negociar una operación así, toma el teléfono, envía emisarios, abre vías silenciosas y construye confianza. No se limita a presionar desde los medios.
La crítica va directamente al corazón del estilo político de Feijóo en esta fase. El líder del PP parece querer beneficiarse del desgaste del Gobierno sin asumir el coste de una negociación incómoda. Quiere que Junts y PNV carguen con la responsabilidad de apoyar o no un cambio de ciclo, pero sin ofrecer públicamente una propuesta suficientemente concreta. Quiere presentarse como alternativa, pero evitando una fotografía que pueda pasarle factura ante su electorado más duro.
Rahola sostuvo que el PSOE, con todas sus contradicciones, sí hizo en su momento algo que el PP no ha hecho: crear un ambiente para poder hablar con Junts. Se puede criticar esa negociación, se puede rechazar la amnistía, se puede cuestionar la dependencia parlamentaria de Sánchez respecto a los independentistas, pero hubo gestos, interlocución y un marco de diálogo. Según la periodista, Feijóo ha tenido dos años para construir algo parecido y no lo ha hecho.
Esa frase es especialmente contundente: “Ha tenido dos años para hablar”. En política, el tiempo también es una prueba de voluntad. Si el PP sabía que tarde o temprano podía necesitar a Junts para una investidura, una moción o una operación parlamentaria relevante, la pregunta es por qué no ha cultivado canales de comunicación sólidos. Y si no lo ha hecho, resulta difícil creer que ahora pueda obtener en pocos días lo que no construyó durante dos años.
La intervención de Rahola también apunta a una idea más profunda: Feijóo no quiere realmente una moción de censura. Según su análisis, el líder popular prefiere que el Gobierno se desgaste, que la legislatura se deteriore y que Sánchez llegue políticamente debilitado a unas futuras elecciones. La moción serviría, entonces, más como herramienta de presión que como operación parlamentaria real.
Ese diagnóstico encaja con una estrategia de oposición basada en el desgaste. Para el PP, mantener vivo el debate sobre la moción permite reforzar la idea de que el Gobierno está agotado y de que existen fuerzas suficientes que desean elecciones. Pero presentar formalmente una moción sin apoyos sería un riesgo enorme. Si fracasara, Sánchez podría utilizar ese fracaso como prueba de que la oposición tampoco tiene una alternativa real.
Feijóo camina, por tanto, sobre una línea estrecha. Si no presenta la moción, puede parecer que todo era una maniobra retórica. Si la presenta y pierde, puede reforzar al Gobierno. Si negocia con Junts, se expone a acusaciones de incoherencia por parte de Vox y de sectores duros del PP. Si no negocia con Junts, la moción no tiene posibilidades. De ahí la fuerza de la metáfora del hámster: mucho movimiento, mucha rueda, pero ningún avance.
La relación con los empresarios catalanes añade otra capa a la historia. Feijóo ha intentado acercarse al mundo económico catalán, un espacio con conexiones históricas con el nacionalismo moderado y con parte del entorno político que hoy mira hacia Junts. La idea parece clara: si no puede convencer directamente a los dirigentes independentistas, puede intentar que sectores empresariales presionen para facilitar una salida electoral.
Pero esa vía también tiene límites. Junts no es una simple correa de transmisión de los empresarios catalanes. Su estrategia responde a una lógica propia, marcada por Carles Puigdemont, por la competencia dentro del independentismo y por la relación siempre tensa con el PSOE. Pedir a los empresarios que empujen a Junts puede sonar razonable desde Madrid, pero en Cataluña puede percibirse como una forma indirecta de evitar la negociación política real.
Rahola, cercana al mundo ideológico de Junts aunque con voz propia, parece haber captado ese punto. Su mensaje fue claro: si Feijóo quiere hablar con Junts, que hable. Si tiene una oferta, que la ponga sobre la mesa. Si quiere una moción instrumental, que haga política. Lo demás, según su lectura, es humo.
La moción de censura en España no es un simple gesto parlamentario. Es un mecanismo constitucional exigente. Debe ser constructiva, es decir, no basta con derribar al presidente del Gobierno: hay que proponer un candidato alternativo. Eso obliga a quienes la impulsan a demostrar que tienen una mayoría suficiente no solo contra Sánchez, sino a favor de otra opción. Y ahí el PP se encuentra con su mayor obstáculo.
Feijóo podría ser el candidato de esa moción, pero necesitaría que partidos como Junts y PNV aceptaran investirlo, aunque fuera por un periodo breve. Para ellos, el coste también sería alto. Junts tendría que explicar por qué facilita la llegada del PP a La Moncloa después de años de confrontación. El PNV tendría que valorar si le conviene abrir una crisis institucional que podría terminar fortaleciendo a Vox o generando una legislatura aún más inestable. Nada de eso es sencillo.
Además, Junts no solo calcula en clave española. Calcula en clave catalana. Su relación con el PSOE está llena de tensiones, incumplimientos y desconfianzas, pero también le ha permitido situarse como actor decisivo en Madrid. Apoyar una moción de Feijóo podría romper ese tablero y generar consecuencias difíciles de prever. Por eso, cualquier negociación real exigiría una oferta política de gran calado. Y hasta ahora, según Rahola, esa oferta no existe.
La intervención en Todo es mentira tuvo impacto porque puso palabras simples a una situación compleja. La política española vive instalada en la sobreactuación permanente. Cada partido acusa al otro de destruir las instituciones. Cada movimiento se presenta como histórico. Cada rueda de prensa parece anunciar un giro definitivo. Pero luego llega la aritmética parlamentaria y reduce la épica a una pregunta básica: ¿tienes los votos?
Feijóo, por ahora, no los tiene.
Eso no significa que el Gobierno de Sánchez esté cómodo. La legislatura sigue siendo frágil, la dependencia de socios diversos genera tensiones constantes y los casos judiciales que afectan al entorno socialista han dado munición a la oposición. Pero una cosa es que el Ejecutivo esté desgastado y otra que exista una alternativa parlamentaria inmediata. Rahola señaló precisamente esa diferencia: el deterioro del Gobierno no equivale automáticamente a una moción viable.
El PP intenta convertir el malestar en una operación política. Pero para que esa operación funcione necesita valentía, discreción y negociación. Tres elementos que, según la periodista catalana, Feijóo no ha demostrado en este asunto. Su crítica final fue especialmente severa: una moción de censura requiere coraje, porque implica hacer política de verdad.
Esa es quizá la frase que mejor resume el debate. Hacer política no es solo denunciar al adversario. No es solo pedir elecciones. No es solo comparecer ante los medios y reclamar que otros asuman responsabilidades. Hacer política, en este caso, sería sentarse con quienes piensan distinto, asumir contradicciones, ofrecer algo concreto y aceptar el coste de cada decisión.
Feijóo quiere que Sánchez caiga. Pero para lograrlo tendría que entrar en un territorio lleno de minas: hablar con Junts, tranquilizar al PNV, contener a Vox, convencer a los empresarios catalanes, no romper a su propio electorado y presentar una salida institucional creíble. Demasiadas piezas para una operación que, de momento, parece más diseñada para alimentar titulares que para ganar una votación en el Congreso.
La dureza de Rahola no es casual. Desde el independentismo se percibe que el PP intenta utilizar a Junts como palanca sin reconocer realmente su papel político. Se le pide que ayude a desalojar a Sánchez, pero sin asumir públicamente qué se le ofrece a cambio. Se le presiona desde Madrid, pero se evita una interlocución clara. Se habla de una moción, pero no se construye el camino para hacerla posible.
Por eso la comparación del hámster ha funcionado tan bien. Porque no solo ridiculiza a Feijóo. También describe una estrategia que parece atrapada en su propia rueda: mucha velocidad, mucho ruido, mucha apariencia de movimiento, pero sin salida parlamentaria visible.
La política española queda así suspendida entre la amenaza y la realidad. Feijóo amenaza con una moción, pero no tiene los votos. Junts escucha, pero no se compromete. El PNV observa, pero no se mueve. Vox presiona desde la derecha, pero su presencia bloquea cualquier acercamiento independentista. Y Sánchez, pese al desgaste, sigue beneficiándose de la incapacidad de la oposición para articular una alternativa mayoritaria.
La pregunta ya no es solo si habrá moción de censura. La pregunta es si Feijóo está dispuesto a hacer todo lo necesario para que esa moción exista. Y, por ahora, voces como la de Pilar Rahola creen que no.
En el fondo, el líder del PP se enfrenta a una paradoja difícil de resolver. Para presentarse como alternativa al Gobierno de Sánchez necesita demostrar que puede sumar. Pero para sumar necesita hablar con partidos que ha convertido en enemigos discursivos. Y si habla con ellos, puede perder parte del relato que lo ha sostenido como oposición.
Esa contradicción explica la sensación de bloqueo. Feijóo corre. Feijóo presiona. Feijóo anuncia. Feijóo calcula. Pero, como dijo Rahola con una imagen tan cruel como memorable, quizá está corriendo dentro de una rueda.
Y en política, correr mucho no sirve de nada si al final no se llega a ninguna parte.
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