Pepe Rodríguez rompe a llorar al recordar a Paco Ron tras conocer la triste noticia de su muerte. Entre palabras entrecortadas y recuerdos compartidos, el chef rindió un último homenaje a su amigo, pero una confesión inesperada convirtió su despedida en uno de los mensajes más emotivos de las últimas horas. - News

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Pepe Rodríguez rompe a llorar al recordar a Paco Ron tras conocer la triste noticia de su muerte. Entre palabras entrecortadas y recuerdos compartidos, el chef rindió un último homenaje a su amigo, pero una confesión inesperada convirtió su despedida en uno de los mensajes más emotivos de las últimas horas.

 Una copa pendiente entre amigos: Pepe Rodríguez despide a Paco Ron y recuerda la hostelería que se construye en silencio.

 

Pepe Rodríguez llora la muerte de su amigo, el chef Paco Ron: “Abriré una botella de vino en tu honor”

 

Hay amistades que no necesitan exhibirse constantemente para demostrar su profundidad. Se reconocen en los recuerdos compartidos, en las bromas que solo comprenden quienes estuvieron allí y en esos pequeños rituales que sobreviven cuando una de las personas ya no puede sentarse a la mesa.

Pepe Rodríguez eligió precisamente uno de esos rituales para despedirse de Paco Ron. El cocinero y jurado de *MasterChef* anunció que abriría una buena botella de vino en honor a su amigo, recuperando una expresión que Ron utilizaba cuando hablaban de precios: debía ser una botella con “algún cero a la derecha”.

La frase puede parecer humorística, pero contiene mucho más que una referencia al valor económico del vino. Habla de largas sobremesas, de conversaciones entre profesionales que conocen la dureza de sostener un restaurante y de una amistad nacida cuando ambos todavía estaban recorriendo un camino incierto.

Francisco Paco Ron falleció el 20 de julio de 2026, a los 68 años, según confirmó oficialmente el equipo de Viavélez. El restaurante lo recordó como fundador, compañero, trabajador incansable y líder exigente, pero puso especial énfasis en su calidad humana. Su enfermedad, diagnosticada en 2024 según la información difundida por EFE, lo había obligado a alejarse progresivamente de los fogones.

 El primer encuentro en El Bohío

La despedida publicada por Pepe Rodríguez no comenzó hablando de premios, estrellas Michelin ni reconocimientos institucionales. Comenzó con una imagen mucho más sencilla: la primera vez que Paco Ron apareció por El Bohío, el restaurante familiar que Pepe dirige en Illescas.

Rodríguez recordó haberse preguntado quién era aquel personaje tan singular que acababa de entrar en su casa. Con el paso del tiempo, aquella curiosidad inicial se convirtió en respeto, admiración y amistad. Ambos compartieron lo que Pepe definió como la montaña rusa de administrar un negocio hostelero: jornadas interminables, dificultades económicas, decisiones arriesgadas y momentos en los que la satisfacción de un cliente puede compensar semanas de agotamiento.

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Urgente Muere de forma inesperada el querido Paco Ron, uno de los mejores cocineros de España: todo lo que se sabe

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Esa referencia conecta especialmente con quienes conocen el sector desde dentro. Desde fuera, la gastronomía de alto nivel suele asociarse con platos elegantes, guías, estrellas y cocineros convertidos en celebridades. Detrás de esa imagen existe una realidad bastante menos brillante: proveedores que fallan, equipos que deben coordinarse, gastos constantes, salas que algunos días no se llenan y una presión enorme por mantener la calidad.

Pepe y Paco entendían esa realidad porque no habían construido sus carreras únicamente desde los focos. Los dos procedían de restaurantes que necesitaban funcionar como empresas, pero también conservar una personalidad propia. Por eso la frase sobre la “montaña rusa” no es una simple metáfora. Resume la experiencia de dos cocineros que tuvieron que aprender a sobrevivir mientras defendían una manera personal de entender su oficio.

 Brindar como forma de recordar

La promesa de abrir una botella en honor a Paco introduce una cuestión muy vinculada con la gastronomía: la comida y la bebida no sirven únicamente para alimentarnos. También conservan memoria.

Una copa puede recordar una conversación. Un aroma puede devolvernos durante segundos a una mesa que ya no existe. Una receta puede convertirse en la forma más íntima de mantener presente a una persona.

Pepe Rodríguez no anunció un gran homenaje ni construyó un discurso solemne. Eligió un gesto que podría haber compartido con Paco cuando ambos estaban juntos. Brindará por él, probablemente recordando historias profesionales, desacuerdos, viajes y momentos que nunca aparecieron en la prensa.

Esa forma de despedirse resulta coherente con la personalidad que compañeros y colaboradores atribuyen a Ron. Aunque alcanzó reconocimientos importantes, no parecía interesado en convertirse en una figura definida exclusivamente por los premios. Su restaurante resumía su filosofía mediante una idea directa: la cocina podía recibir muchos apellidos —tradicional, creativa, de producto o de vanguardia—, pero el objetivo principal debía seguir siendo el sabor. Para Ron, el plato tenía que eliminar lo innecesario y conservar una identidad clara.

En tiempos en los que algunos restaurantes parecen competir por generar la fotografía más espectacular, esa defensa de la “sabrosura” adquiere un valor particular. Ron entendía que la técnica no debía borrar el producto y que la innovación no consistía en complicar un plato hasta volverlo irreconocible.

 Madrid en el nacimiento, Asturias en la identidad

Paco Ron había nacido en Madrid, pero su historia gastronómica no puede separarse de Asturias y, especialmente, de Viavélez.

La familia abrió en 1989 una pequeña taberna en este pueblo pesquero del concejo de El Franco. Era una localidad muy alejada de los grandes circuitos gastronómicos y con dificultades de comunicación que complicaban la llegada regular de clientes. Aun así, Ron consiguió convertir aquel establecimiento en un destino relevante para quienes buscaban una cocina asturiana diferente.

En 1999, la Taberna de Viavélez obtuvo la primera estrella Michelin concedida a un restaurante del occidente de Asturias. El reconocimiento no solo transformó la trayectoria del cocinero. También situó a toda una comarca en un mapa gastronómico que hasta entonces parecía concentrado en otros territorios y grandes ciudades.

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Conseguir una estrella en un pequeño puerto era una hazaña, pero mantener un negocio semejante resultaba todavía más complicado. El prestigio no solucionaba automáticamente los problemas de ubicación ni garantizaba un flujo suficiente de clientes. Ron terminó cerrando aquella primera etapa, aunque nunca rompió su relación con el pueblo.

Este aspecto permite comprender la dimensión real de su apuesta. No se limitó a reproducir una fórmula exitosa dentro de una capital. Intentó demostrar que la excelencia también podía surgir lejos de los lugares donde se concentraban la crítica, los inversores y el público con mayor poder adquisitivo.

Puede decirse que puso a Viavélez en el mapa, pero también que Viavélez permaneció para siempre dentro de su cocina.

 Cocinar la tradición sin convertirla en museo

Paco Ron fue uno de los impulsores de la Nueva Cocina Asturiana, conocida por las siglas NUCA. Junto a Nacho Manzano, Pedro Martino y José Antonio Campoviejo, formó parte de una generación que quiso actualizar el recetario del Principado sin renunciar al producto local ni a la memoria popular.

Ahora parece normal escuchar a cocineros hablar de territorio, cercanía, tradición reinterpretada y productores locales. A finales de los años noventa, esa convivencia entre raíces y modernidad todavía debía defenderse frente a quienes consideraban que innovar significaba traicionar la cocina regional.

Ron y sus compañeros demostraron que una tradición no se conserva repitiéndola eternamente de manera idéntica. Se mantiene viva permitiendo que cada generación la revise y encuentre nuevas formas de comunicarla.

Sus platos podían resultar arriesgados, pero no buscaban provocar gratuitamente. Entre sus creaciones más recordadas aparecen un gazpacho acompañado de sardinas y gelatina de pepino, una pizza con foie, queso, setas y compotas, o un bonito asado servido con chocolate y piña. También destacó en elaboraciones aparentemente menos llamativas, como fondos, caldos y guisos, que exigen conocimiento técnico y paciencia.

Aquí se encuentra una de las claves de su influencia. Era capaz de introducir combinaciones inesperadas sin despreciar la cocina popular. No pretendía demostrar que las recetas antiguas estaban equivocadas. Quería explorar hasta dónde podían llegar cuando se las observaba con libertad.

 Una trayectoria construida mediante curiosidad

Antes de consolidarse como cocinero, Paco Ron había practicado rugby y comenzó a relacionarse con la hostelería desde posiciones mucho menos visibles que la dirección de un restaurante. Trabajó inicialmente en una pizzería y pasó después por diversas cocinas españolas de gran prestigio, entre ellas las de Arzak, Martín Berasategui, Atrio, El Celler de Can Roca y El Cenador de Salvador.

Ese recorrido le permitió observar estilos muy distintos, pero no lo convirtió en una copia de sus maestros. Ron desarrolló una personalidad gastronómica propia, a veces descrita como anárquica, basada en escuchar el producto y permitir que el plato evolucionara durante el proceso creativo.

En 2007 regresó profesionalmente a Madrid para abrir Viavélez junto a su hermana Sara. Allí trasladó los sabores asturianos a un entorno urbano mediante una propuesta que combinaba un comedor gastronómico con elaboraciones populares. Guisos, croquetas, tapas y pescados del Cantábrico convivían con una cocina más creativa, manteniendo el vínculo con sus raíces.

El proyecto madrileño también demostró que la cocina regional puede viajar sin convertirse en una caricatura turística. Ron no necesitaba llenar el restaurante de símbolos asturianos evidentes. Asturias aparecía en el sabor, en los ingredientes y en la manera de tratar el producto.

 La enfermedad y una retirada discreta

Los problemas de salud lo alejaron de la actividad profesional aproximadamente tres años antes de su fallecimiento. La enfermedad se había mantenido dentro del ámbito privado y no se difundió públicamente un diagnóstico específico. Por respeto a la familia, no resulta apropiado completar ese vacío con especulaciones.

En junio de 2024, ya enfermo, Ron recibió un homenaje en Viavélez al que acudieron numerosos amigos y representantes del sector. Aquel encuentro tuvo algo de regreso a los orígenes: el cocinero volvió al pequeño pueblo desde el que había iniciado una transformación gastronómica mucho más grande de lo que probablemente imaginó.

Su retirada no eliminó su presencia. De vez en cuando seguía apareciendo por el restaurante madrileño y mantenía contacto con compañeros. El oficio de cocinero difícilmente se abandona por completo. Aunque una persona deje de dirigir un servicio, continúa observando platos, pensando en sabores y preguntándose cómo podría mejorarse una preparación.

La muerte convierte ahora aquel homenaje de 2024 en una despedida anticipada, aunque entonces todavía estuviera dominado por la celebración y la esperanza.

 “El hermano mayor” de una generación

Las reacciones posteriores muestran que Paco Ron no era recordado únicamente como un buen profesional.

Pedro Martino agradeció haber coincidido con él en la vida. José Antonio Campoviejo lo despidió como compañero de viaje. Nacho Manzano compartió su dolor por quien había formado parte de una generación que abrió nuevos caminos para Asturias.

José Luis Álvarez Almeida, presidente de Hostelería de España, lo definió como un gran cocinero y, por encima de todo, una persona extraordinaria. También señaló que entendía la gastronomía como una profesión dedicada a proporcionar felicidad. Javier Martínez, presidente de Otea, destacó su carácter pionero y su capacidad para transformar la tradición asturiana mediante innovación y valentía.

Estas palabras pueden parecer habituales dentro de un obituario, pero su repetición desde entornos diferentes revela algo relevante. Compañeros, restauradores y representantes institucionales coinciden en señalar su generosidad y su papel como referente humano.

La hermana de Paco había expresado que la familia deseaba que fuera recordado, principalmente, como un hombre bueno. El propio comunicado de Viavélez transmitió una idea semejante: sus logros profesionales eran importantes, pero insuficientes para explicar quién había sido.

 El valor de los cocineros que no buscaron convertirse en personajes

La gastronomía actual está estrechamente vinculada con la televisión y las redes sociales. Muchos chefs son marcas internacionales, publican diariamente y se convierten en protagonistas de campañas comerciales.

Paco Ron perteneció a una generación distinta. No rechazaba la modernidad ni la comunicación, pero su prestigio nació principalmente del restaurante, de los platos y de la opinión de quienes habían comido o trabajado con él.

Eso explica por qué la despedida de Pepe Rodríguez resulta tan significativa. Pepe sí se convirtió en una figura televisiva muy reconocida, pero eligió hablar de Paco desde un espacio anterior a la fama: el día en que apareció por El Bohío, los problemas de la hostelería y el cariño construido durante el camino.

No lo despidió como estrella Michelin. Lo despidió como amigo.

Quizá el verdadero legado de Ron consista en haber demostrado que se puede renovar una cocina regional sin destruirla, alcanzar el prestigio sin olvidar el pequeño puerto del que se partió y dirigir equipos con exigencia sin dejar de ser recordado por la calidad humana.

Las estrellas Michelin desaparecen cuando un restaurante cierra o cambia. Las guías se actualizan cada año. Los platos abandonan las cartas y los locales pueden transformarse.

Las enseñanzas permanecen en quienes las recibieron.

Cada vez que un cocinero asturiano trate un producto local con respeto y libertad, habrá algo de aquella generación. Cada vez que en Viavélez se sirva un plato limpio, sabroso y sin elementos innecesarios, continuará presente parte de la filosofía de Paco Ron.

Pepe abrirá su botella. Probablemente tendrá ese cero adicional que habría provocado una broma entre ambos. Después servirá una copa y brindará por una amistad que sobrevivió a la competencia, a los negocios y a la montaña rusa de la hostelería.

Paco ya no podrá responder al brindis, pero estará presente en la razón por la que esa botella se abre.

¿Crees que el mayor legado de un cocinero está en sus premios o en las personas y profesionales que aprendieron algo a su lado?

 

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