Raquel Perera, ex de Alejandro Sanz, decide contar al fin la verdad de su polémica separación.
Raquel Perera vuelve al capítulo más doloroso de Alejandro Sanz: la carta a sus hijos que explica cómo decidió transformar una ruptura en otra forma de familia.
Hay rupturas que terminan cuando una pareja deja de convivir. Y hay otras que necesitan años para encontrar un lugar desde el que puedan ser recordadas sin que el dolor vuelva a ocuparlo todo.
Raquel Perera parece encontrarse desde hace tiempo en ese segundo punto.
Su reciente paso por el pódcast El Rincón de los Errores ha vuelto a situar bajo los focos su separación de Alejandro Sanz y, especialmente, una carta dirigida a Dylan y Alma en la que cuenta cómo vivieron sus padres aquel final. Perera vuelve a reconocer que fue una experiencia dolorosa y que ella sintió que pudo cargar con la parte más difícil, pero también rechaza construir el relato como una guerra donde uno de los dos tuviera que aparecer necesariamente como vencedor y el otro como culpable.
Y precisamente ahí se encuentra lo verdaderamente interesante.
No está intentando demostrar que ganó el divorcio.
Está intentando explicar a sus hijos cómo dos personas pueden dejar de ser pareja sin dejar de formar parte de la misma familia.
La gran precisión: esta carta no acaba de escribirse
El titular de “Raquel Perera cuenta al fin la verdad” resulta atractivo, pero simplifica demasiado la cronología.
La carta procede de Para que no te olvides. Cómo afrontar la vida con valores y autoestima, libro publicado por Espasa en mayo de 2023. La propia editorial lo define como un testimonio emocional construido a partir de los aprendizajes vitales de Perera y pensado para servir de guía ante momentos difíciles.
Cuando presentó aquella obra hace más de tres años, Raquel ya explicó públicamente que la concebía como una especie de “testamento emocional” para Dylan y Alma: un texto al que sus hijos pudieran regresar cuando fueran mayores, cuando ella no estuviera cerca o cuando necesitaran comprender determinadas decisiones de su vida familiar.
También leyó entonces el fragmento referido a Alejandro Sanz.
Por tanto, no estamos ante una revelación inédita sobre las causas del divorcio.
Estamos ante algo quizá más interesante: una mujer regresando años después a un texto que escribió desde la reconstrucción y comprobando cómo empiezan a entenderlo los hijos para quienes fue escrito.


A nuestro juicio, lo más poderoso de la carta es lo que evita hacer
No acusa.
No exige que sus hijos escojan.
No convierte el divorcio en una competición por determinar quién sufrió más.
Incluso cuando reconoce que ella pudo recibir “la parte más dura”, inmediatamente añade que fue doloroso para ambos.
Esa segunda mitad importa muchísimo.
Porque existe una diferencia enorme entre decir:
“Yo sufrí más, por tanto vuestro padre fue el culpable”.
Y decir:
“Yo sentí que me tocó una parte especialmente difícil, pero aquello fue triste para los dos”.
La primera frase construye bandos.
La segunda conserva complejidad.
Y cuando los destinatarios son tus propios hijos, esa diferencia resulta esencial.
También hay que evitar romantizar demasiado aquella separación
Reconocer la serenidad actual no debería borrar los momentos difíciles.
Los procedimientos judiciales de 2020 muestran que existieron desacuerdos suficientemente serios como para que ambas partes acudieran a tribunales en jurisdicciones diferentes antes de alcanzar finalmente un pacto.
La reconciliación parental posterior no convierte automáticamente todo aquello en una ruptura ejemplar desde el primer día.
Quizá precisamente ahí radique el valor del proceso.
No necesitaron hacerlo perfecto desde el comienzo.
Necesitaron aprender a hacerlo mejor después.
Muchas separaciones reales funcionan así.
Primero llega el impacto.
Después las decisiones económicas.
La vivienda.
Los hijos.
Las nuevas parejas.
El resentimiento.
Las negociaciones.
Y solo mucho más tarde puede aparecer una relación distinta.
“No hay finales en el afecto”
Cuando presentó el libro en 2023, Perera resumió su visión mediante una idea especialmente clara: el amor puede transformarse aunque termine la pareja.
Tres años después, esa parece seguir siendo su posición.
No reivindica volver con Alejandro.
No plantea una reconciliación sentimental.
Tampoco niega todo lo que ocurrió.
Simplemente se niega a aceptar que la única continuación posible después de un divorcio sea el resentimiento permanente.
Y quizá esa sea la parte que sus hijos comprenderán mejor cuando sean adultos.
Sus padres no consiguieron seguir casados.
Pero podían intentar seguir siendo padres juntos.
No es lo mismo.
Y, en realidad, probablemente sea mucho más difícil.
Nuestra valoración: lo nuevo no es la “verdad” sobre Alejandro Sanz, sino ver qué ha sobrevivido después de la tormenta
El aspecto más llamativo de estas declaraciones no debería ser buscar una frase escondida que demuestre quién provocó la ruptura de 2019.
Perera no ofrece esa respuesta.
Lo interesante está en observar qué queda siete años después.
Queda una mujer capaz de admitir que aquello la desbordó.
Queda un hombre que continúa siendo el padre de sus hijos.
Quedan diferencias sobre cómo educarlos.
Queda una carta escrita para cuando Dylan y Alma tengan edad suficiente para hacer preguntas.
Y queda una promesa que, con todas las dificultades intermedias, ambos parecen haber intentado mantener: proteger a sus hijos de una ruptura que ellos no habían elegido.
Por eso quizá el gran titular no debería ser que Raquel Perera “rompe su silencio”.
Ese silencio ya se rompió en 2023.
Lo verdaderamente nuevo es que los niños a quienes dirigió aquella carta están creciendo.
Y el texto empieza a cumplir la función para la que fue escrito.
Dylan empieza a preguntar.
Alma lo hará probablemente algún día.
Cuando eso ocurra, encontrarán el testimonio de una madre que no escondió que sufrió, pero tampoco necesitó enseñarles a odiar al hombre con quien compartió trece años.
Tal vez ése sea el verdadero legado de Para que no te olvides:
no enseñar a sus hijos que sus padres tuvieron una historia perfecta, sino mostrarles que incluso una historia que termina mal puede reconstruirse sin obligar a nadie a vivir eternamente dentro de su peor capítulo.
Y ahí queda una pregunta especialmente interesante: ¿creéis que hablar con sinceridad a los hijos sobre una separación les ayuda a comprender mejor su historia familiar, o existen dolores de pareja que deberían quedarse siempre exclusivamente entre los adultos?