Risto Mejide reta a la dirección de Got Talent ante millones. Silencio en plató, miradas cruzadas y una línea que quizá ya no tenga vuelta atrás.

Risto Mejide lanza un órdago en directo a la cúpula de ‘Got Talent’ que deja a todos en shock.

 

 

 

El presentador de ‘Todo es Mentira’ ha anunciado que no entregará su pase de oro si la dirección no los amplía .

 

 

 

Risto Mejide no utilizará su pase de oro en ‘Got Talent’.

 

 

Nadie en el plató lo vio venir. Ni el público, ni los compañeros del jurado, ni siquiera el equipo que lleva años controlando cada segundo de Got Talent.

 

Bastaron apenas unas palabras de Risto Mejide al arrancar la cuarta gala de audiciones para que el ambiente cambiara por completo.

 

No levantó la voz. No hizo un gesto exagerado. Simplemente habló. Y con eso, dinamitó una de las reglas no escritas del programa más exitoso de la televisión.

 

Risto no iba a usar su pase de oro. Al menos, no todavía. Y no porque no creyera en el formato, ni porque quisiera llamar la atención, sino porque —según explicó— aún no había visto sobre el escenario a alguien que lo mereciera de verdad.

 

La frase cayó como una bomba silenciosa. Porque en Got Talent, el pase dorado no es solo un botón: es poder, emoción, espectáculo y narrativa televisiva. Y Risto acababa de decir que no estaba dispuesto a regalarlo.

 

Desde ese instante, la gala dejó de ser una simple sucesión de actuaciones. Se convirtió en un pulso. Un desafío directo a la mecánica del programa y, sobre todo, a su dirección.

 

“Todavía nos quedan muchas audiciones”, dijo, mirando al frente con esa mezcla tan suya de calma y provocación.

 

“Y todavía hay mucha gente ahí detrás que seguro que puede ganarlo”. No era una crítica a quienes ya habían pasado por el escenario.

 

Era algo más incómodo: una reflexión en voz alta sobre si el sistema realmente premia a los mejores o simplemente a los que llegan antes.

 

El público respondió con aplausos. No fue un aplauso de euforia, sino de reconocimiento. Muchos espectadores llevan años pensando lo mismo frente al televisor. Risto acababa de verbalizarlo en directo.

 

Pero lo más llamativo llegó después. Porque el gesto no iba dirigido a los concursantes. Tenía un destinatario muy claro.

 

“Esto es un chantaje”, reconoció él mismo sin rodeos, desarmando cualquier intento de suavizar la situación.

 

Y entonces lanzó el órdago definitivo: si la dirección del programa no ampliaba el número de pases de oro de esta edición, él no entregaría el suyo.

 

Nunca antes había ocurrido algo así en Got Talent. Nunca un miembro del jurado había condicionado su pase a una decisión estructural del programa. Nunca el botón dorado había sido “secuestrado” como herramienta de presión.

 

 

La reacción del resto del jurado fue inmediata. Paula Echevarría, sorprendida pero serena, puso sobre la mesa el riesgo evidente de la jugada.

 

“Te arriesgas a que al final no encuentres lo que buscabas”, le dijo, verbalizando la duda que muchos tenían en mente.

 

¿Y si nadie cumplía sus expectativas? ¿Y si el pase de oro de Risto quedaba sin dueño?

 

La respuesta fue tan escueta como contundente. Cuando le preguntaron cuántos pases más quería que se concedieran, Risto no dudó: “Los que considere la dirección”.

 

No estaba negociando una cifra. Estaba trasladando la responsabilidad. Si el pase no se daba, no sería por falta de talento, sino por rigidez del formato.

 

En ese momento, la tensión ya era palpable. Porque la temporada avanzaba y casi todos los pases dorados ya tenían dueño.

 

Paula Echevarría había entregado el suyo. Lorena Castell había hecho historia al concederlo incluso antes de que terminara una actuación, rompiendo todos los esquemas habituales del programa.

 

Carlos Latre también había elegido a su favorito. Incluso el pase conjunto del jurado ya estaba adjudicado, y no sin polémica.

 

Kristy Sellar, bailarina de pole dance, había sido la beneficiada de ese voto conjunto pese a la negativa de Risto, que no ocultó su desacuerdo.

 

Aun así, el pase fue concedido. Y ese detalle no es menor, porque refuerza la sensación de que Mejide se siente cada vez más desconectado de ciertas decisiones internas del programa.

 

Ahora, solo queda su pase. El último. El más imprevisible. El que nadie sabe si llegará a entregarse.

 

La incertidumbre se trasladó directamente a los concursantes que aún no habían salido a escena.

 

Porque ya no solo competían por emocionar al público o convencer al jurado. Competían contra el listón personal de Risto Mejide, uno de los más exigentes de la televisión.

 

Y todo esto ocurre con un ingrediente añadido que lo cambia todo. Esta es la última temporada de Risto como jurado de Got Talent.

 

Su despedida está marcada por este gesto que muchos interpretan como coherencia extrema y otros como desafío abierto. Pero nadie puede negar que añade una capa de dramatismo real a la edición.

 

Risto no tiene nada que perder. Y eso, en televisión, es peligroso. Porque cuando alguien habla sin miedo a las consecuencias, suele decir cosas que otros callan.

 

En redes sociales, la reacción no tardó en llegar. Algunos celebran su postura como un acto de justicia hacia los concursantes que llegan más tarde.

 

Otros lo acusan de querer protagonismo. Pero incluso sus críticos reconocen algo: ha conseguido que se hable del programa de una forma diferente.

 

La pregunta ahora no es quién recibirá el pase de oro de Risto. La pregunta es si la dirección aceptará su petición.

 

Si ampliará los pases dorados para evitar que uno de los miembros más icónicos del jurado deje el suyo sin usar. O si, por el contrario, mantendrá el formato intacto, asumiendo el riesgo de un desenlace inédito.

 

La próxima gala será clave. No solo para los aspirantes, sino para el propio programa. Porque lo que está en juego no es un botón dorado, sino el mensaje que Got Talent quiere enviar: si prioriza la emoción televisiva inmediata o la búsqueda real del talento excepcional.

 

 

 

Tal vez, cuando todo termine, este gesto marque un antes y un después. Tal vez en futuras ediciones los pases de oro se usen con más cautela.

 

O tal vez quede como una anécdota más en la larga historia del formato. Pero lo que ya es indiscutible es que Risto Mejide ha vuelto a demostrar algo que lo define desde hace años: cuando cree en algo, no negocia su criterio.

 

Y eso, en un programa donde casi todo está medido al milímetro, es tan incómodo como necesario.

 

 

Ahora, solo queda esperar. Porque el verdadero espectáculo no siempre ocurre sobre el escenario. A veces, empieza cuando alguien se atreve a no pulsar el botón.

 

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