Sonsoles Ónega da carpetazo a Ana Obregón por cuestionar así las denuncias contra Julio Iglesias: “Faltaría más”.
Sonsoles Ónega ha tenido que cortar a Ana Obregón por tratar de cuestionar la información sobre el escándalo sexual en el que se ha visto implicado Julio Iglesias presuntamente.

Hay momentos en televisión que, sin estar guionizados, retratan con precisión una tensión social mucho más profunda.
Lo ocurrido en el plató de Y ahora Sonsoles no fue solo un rifirrafe entre colaboradoras ni un simple desencuentro de opiniones: fue el reflejo en directo de cómo una parte de la sociedad reacciona cuando un ídolo cae bajo el peso de acusaciones graves, documentadas y difíciles de asumir.
Y también de cómo el periodismo, cuando cumple su función, incomoda.
La investigación conjunta de elDiario.es y Univisión sobre las denuncias de presunta agresión sexual, acoso y trato vejatorio contra Julio Iglesias por parte de dos jóvenes que trabajaron para él en 2021 ha generado un terremoto mediático.
No solo por el nombre del acusado, uno de los artistas más universales de la historia de España, sino por la solidez del trabajo periodístico que la respalda y por el contexto judicial: una denuncia ya presentada ante la Audiencia Nacional por posibles delitos sexuales y de trata de seres humanos.
Ese martes, el eco de la investigación llegó al programa vespertino de Antena 3.
Y lo hizo de una manera especialmente tensa, con Ana Obregón intentando cuestionar el contenido de lo publicado en directo y con Sonsoles Ónega viéndose obligada a frenar, de forma clara y pública, a su propia colaboradora.
El programa había arrancado como tantos otros esa semana: abordando la noticia del día, dando voz a los testimonios de las dos jóvenes exempleadas que describen un entorno laboral marcado por el control, el miedo, la humillación y, según su relato, las agresiones sexuales.
Relatos que no se sustentan únicamente en su palabra, sino en un trabajo de contraste que ha implicado a más de una decena de fuentes, profesionales de la salud mental y personas del entorno de las denunciantes.
Para contextualizar la investigación, Sonsoles Ónega decidió conectar en directo con Ana Requena, una de las periodistas responsables del reportaje en elDiario.es.
La intención era clara: explicar cómo se ha construido la información, qué datos se han verificado y por qué se publica ahora.
Lo que nadie esperaba es que esa conexión derivara en un intento de desacreditación en pleno directo.
Nada más terminar la explicación inicial de Requena, Ana Obregón pidió la palabra para lanzar una pregunta que ya marcaba el tono.
“Decís que tenéis pruebas, ¿me puedes decir qué pruebas son aparte de lo que ellas cuentan?”, preguntó, dejando claro que su objetivo no era informarse, sino poner en duda la credibilidad del trabajo periodístico.
La respuesta de Ana Requena fue serena y precisa, como corresponde a quien ha dedicado años a una investigación de este calibre.
Explicó que habían hablado con al menos quince personas que habían trabajado en las casas de Julio Iglesias en los últimos años, además de personas del entorno directo de las denunciantes.
Fuentes que no aparecen para acusar directamente, sino para ayudar a reconstruir el contexto, el funcionamiento interno de esas residencias y el clima laboral que allí se respiraba.
Pero Ana Obregón no quedó satisfecha. Insistió: “¿Y de las quince personas cuántas han dicho que sucedía esto? ¿Dos, no?”.
Una forma de reducir la investigación a una simple cuestión numérica, ignorando deliberadamente cómo funciona el periodismo de investigación y la protección de fuentes en casos sensibles.
Requena trató de explicar que esas personas no estaban ahí para relatar agresiones concretas, sino para confirmar patrones, dinámicas y comportamientos.
Mencionó un elemento clave: la intervención de psicólogos que atendieron a las denunciantes y que respaldan la veracidad del impacto psicológico descrito.
Fue entonces cuando Ana Obregón dio un paso más allá y trató de desacreditar ese punto afirmando que un psicólogo no puede hablar con un periodista por el secreto profesional.
La corrección fue inmediata y necesaria: salvo que exista autorización expresa del paciente, algo que en este caso sí existe.
Un matiz fundamental que desmonta el argumento y que vuelve a poner sobre la mesa la seriedad con la que se ha trabajado la información.
En ese punto, el ambiente en el plató ya era claramente incómodo. Y fue entonces cuando Sonsoles Ónega decidió intervenir de forma contundente.
No con ambigüedades ni medias tintas, sino marcando una línea editorial clara y pública.
“Solo una cosa”, dijo la presentadora. “Hemos invitado a Ana Requena para que nos hable de la información que publica su medio, no para cuestionarla, ni para dudarla, ni para juzgarla”.
Y añadió algo que resonó con fuerza en el plató y fuera de él: Y ahora Sonsoles no iba a poner en tela de juicio una investigación internacional firmada por elDiario.es y Univisión. “Solo faltaba”, sentenció.
Ese momento fue clave. Porque no se trataba de censurar una opinión, sino de recordar el lugar de cada cual.
Una cosa es opinar, y otra muy distinta es intentar desacreditar en directo un trabajo periodístico sin aportar datos, pruebas ni conocimiento del proceso de investigación.
Ónega no solo defendió a su invitada; defendió el periodismo como herramienta esencial para destapar realidades incómodas.
Lejos de rebajarse la tensión, el debate amenazó con derivar hacia la frivolización cuando la abogada Teresa Bueyes lanzó una pregunta completamente fuera de lugar, cuestionando si Julio Iglesias había intentado algo con Ana Obregón en el pasado. Fue otro punto de inflexión.
“No frivolicemos”, pidió Sonsoles Ónega con firmeza. “No se pueden establecer comparaciones que nos llevan al absurdo”.
Un recordatorio necesario: que una mujer famosa, con poder y reconocimiento, no haya vivido una experiencia negativa no invalida en absoluto el testimonio de jóvenes trabajadoras en una posición de clara desigualdad.
Comparar ambas situaciones no solo es absurdo, como señaló la presentadora, sino profundamente injusto.
Aun así, Ana Obregón insistió minutos después en defender al cantante desde su experiencia personal.
Aseguró que había vivido dos años en su casa y que jamás vio un trato incorrecto hacia el servicio.
Un argumento recurrente en este tipo de casos: “yo estuve allí y no vi nada”. Un argumento que el propio periodismo y la criminología llevan décadas desmontando, porque la ausencia de testigos visibles no implica la inexistencia de los hechos, especialmente cuando hablamos de espacios privados y relaciones de poder.
El momento más revelador llegó al final, con una última pregunta que dejó a la propia Obregón retratada.
“¿Cuánto han cobrado estas chicas?”, preguntó, insinuando una posible motivación económica detrás de la denuncia.
La respuesta de Ana Requena fue tan clara como demoledora: “Nada. Cero euros. No hay ningún pago”.
Ese dato, repetido ya en múltiples espacios, desmonta uno de los argumentos más habituales para desacreditar a las víctimas: el interés económico.
No hay exclusiva vendida, no hay beneficio económico, no hay contraprestación. Hay una denuncia judicial y un proceso largo, complejo y emocionalmente devastador.
La escena vivida en Y ahora Sonsoles resume con precisión el choque entre dos formas de entender la información y la responsabilidad pública.
Por un lado, quienes reaccionan desde la lealtad personal, la admiración o la incredulidad emocional.
Por otro, quienes sostienen que el periodismo no está para proteger mitos, sino para investigar hechos, contrastarlos y publicarlos, caiga quien caiga.
Este caso no va solo de Julio Iglesias. Va de cómo se trata a las víctimas cuando señalan a alguien poderoso.
Va de cómo ciertos discursos intentan desviar la atención hacia la reputación del acusado en lugar de analizar el contenido de las denuncias.
Y va, también, de la importancia de que los medios marquen límites claros cuando el debate se desliza hacia el descrédito, la frivolización o el ataque a quien informa.
Sonsoles Ónega no solo frenó a una colaboradora. Puso sobre la mesa una idea fundamental: cuestionar una investigación periodística no se hace con intuiciones, simpatías personales o experiencias individuales, sino con datos, hechos y el mismo rigor que se exige a quienes la publican.
Mientras la Audiencia Nacional estudia las diligencias y decide los siguientes pasos, el debate público seguirá creciendo.
Y escenas como esta demuestran hasta qué punto este caso ha tocado una fibra sensible en la sociedad española.
Porque cuando el nombre que aparece en una denuncia es el de un icono cultural, el verdadero escándalo no es que se investigue, sino que aún haya quien pretenda que no se haga.