Tras escuchar solo unos segundos, Jesús Cintora no pudo permanecer en silencio. Su reacción a las palabras de José Manuel Soto sobre Julio Iglesias fue completamente inesperada: una frustración genuina, evidente en su rostro y en cada palabra. Nada dramática ni exagerada, pero suficiente para que muchos se preguntaran: ¿qué estamos normalizando exactamente? Hay momentos en los que el silencio ya no es una opción.

Jesús Cintora no puede ocultar lo que piensa de José Manuel Soto tras lo que le oye decir sobre Julio Iglesias.

 

 

 

Jesús Cintora ha dejado bien claro con su reacción y sus gestos en ‘Malas Lenguas’ lo que opina de José Manuel Soto ante su defensa de Julio Iglesias.

 

 

 

 

Pasan los días y el nombre de Julio Iglesias sigue instalado en el centro del debate público, no solo por la gravedad de las denuncias que han salido a la luz, sino por algo quizá igual de revelador: la reacción de parte de su entorno y de algunos rostros conocidos que han optado por cerrar filas con el cantante atacando directamente a las mujeres que le acusan.

 

 

Lo que comenzó como una investigación periodística rigurosa de elDiario.es y Univisión se ha transformado en un espejo incómodo de cómo una parte del poder mediático, cultural y político sigue gestionando las denuncias de agresión sexual cuando el señalado es un icono intocable.

 

 

Las informaciones publicadas hablan de presuntas agresiones sexuales cometidas durante años contra trabajadoras en una posición de clara subordinación.

 

Relatos detallados, coincidentes en patrones, contextualizados y ahora bajo el foco de la Fiscalía.

 

No son rumores ni vídeos sacados de contexto, como algunos han querido reducirlo.

 

Son testimonios que, tras años de silencio, han encontrado un espacio donde ser escuchados.

 

Y precisamente eso parece haber desatado una reacción defensiva furiosa.

 

 

Ramón Arcusa, Ana Obregón y ahora José Manuel Soto han decidido ocupar ese espacio mediático no para pedir prudencia, ni para reclamar que la justicia investigue, sino para desacreditar a las víctimas, cuestionar sus motivaciones y sembrar la sospecha sobre una supuesta conspiración política.

 

El último en hacerlo, José Manuel Soto, cruzó una línea especialmente delicada al insinuar que las denunciantes serían actrices contratadas y que todo responde a una maniobra ideológica del Gobierno.

 

 

Sus palabras, difundidas en su cuenta de X y amplificadas por programas como Malas Lenguas, provocaron una reacción inmediata.

 

Jesús Cintora, visiblemente indignado, no se mordió la lengua al analizar ese discurso en directo. “Dar pena es el concepto”, dijo, dejando claro que no se trataba solo de una opinión desafortunada, sino de algo más grave.

 

Porque cuando hay mujeres relatando agresiones sexuales, convertirlas en parte de una trama política no es solo irresponsable: es profundamente dañino.

 

 

Cintora puso el foco donde más duele. En la impunidad. En la idea, todavía demasiado extendida, de que hay hombres a los que nada les pasa.

 

Da igual lo que se diga de ellos, da igual quién hable, da igual cuántos testimonios aparezcan.

 

Si eres un símbolo nacional, un artista universal o alguien cercano al poder, siempre habrá quien te defienda atacando a las víctimas. Y eso no es una anécdota: es un problema estructural.

 

 

El discurso de José Manuel Soto no surge en el vacío. Lleva años construyendo una narrativa de enfrentamiento constante contra el Gobierno de Pedro Sánchez, denunciando supuestas persecuciones ideológicas y alimentando la idea de que existe una élite progresista que destruye a quien no piensa como ella.

 

 

En ese marco, el caso de Julio Iglesias encaja perfectamente como relato victimista: el genio atacado por envidia, por éxito, por no alinearse políticamente.

 

El problema es que esa narrativa ignora deliberadamente lo esencial: aquí no se está juzgando una ideología, sino unos hechos.

 

 

Cuando Soto afirma que “han sacado unos vídeos con unas actrices contando unos supuestos abusos”, no solo desacredita a las mujeres, sino que deslegitima el trabajo periodístico de dos medios que han dedicado años a investigar.

 

Medios que, como explicó Ignacio Escolar, son conscientes del riesgo legal y económico que asumen.

 

¿De verdad alguien cree que elDiario.es y Univisión pondrían en juego su credibilidad y su supervivencia por una operación política? La pregunta retrata mejor a quien la formula que a quien la recibe.

 

 

El problema no es solo lo que se dice, sino el efecto que tiene. Cada vez que un famoso señala a las víctimas, miles de mujeres que han sufrido abusos reciben el mismo mensaje: no hables, no te expongas, no servirá de nada.

 

Te cuestionarán, te ridiculizarán, dudarán de ti. Y ese es uno de los motivos por los que tantas denuncias nunca llegan a hacerse públicas.

 

 

En Malas Lenguas, Chema Garrido lo resumió con una frase tan dura como certera: “Parece que hay gente que es impune y que si eres el rey emérito o Julio Iglesias da igual que violes a mujeres”.

 

No es una acusación jurídica, es una denuncia social. Habla de una percepción colectiva construida durante décadas, en la que el poder protege al poder y las víctimas quedan solas.

 

 

Este caso también ha servido para evidenciar una brecha clara entre generaciones y sensibilidades.

 

Mientras algunos siguen anclados en el “yo le conozco y es incapaz” o en el “si fuera verdad, lo habrían dicho antes”, otros empiezan a entender cómo funcionan las relaciones de abuso, el miedo, la dependencia económica y la manipulación emocional.

 

No es casualidad que muchas de las defensas más agresivas provengan de hombres que jamás han tenido que justificar por qué no se fueron, por qué callaron o por qué siguieron trabajando.

 

 

Jesús Cintora no solo respondió a José Manuel Soto. Respondió a un tipo de discurso que se repite una y otra vez cuando el acusado es poderoso.

 

Ese discurso que mezcla conspiraciones, victimismo masculino y ataques a las mujeres para no hablar de lo esencial. Y lo hizo con algo que hoy escasea: claridad moral.

 

No se trata de condenar sin juicio. Se trata de no condenar a las víctimas por hablar. Se trata de dejar que la justicia investigue sin ruido interesado.

 

Se trata de entender que el éxito artístico no es un salvoconducto ético. Y se trata, sobre todo, de asumir que el tiempo de los silencios cómplices se está acabando, aunque a algunos les incomode.

 

Mientras tanto, las investigaciones continúan. La Fiscalía estudia los hechos. Los medios siguen publicando datos contrastados.

 

Y el debate público, aunque embarrado por declaraciones irresponsables, ha abierto una conversación necesaria sobre poder, abuso y responsabilidad.

 

 

Quizá ese sea el verdadero motivo por el que algunos están tan nerviosos. Porque por primera vez, el foco no se mueve.

 

Porque esta vez, la reacción social no es unánime en defensa del famoso. Y porque cada vez más gente entiende que cuestionar a las víctimas no protege a nadie, solo perpetúa el daño.

 

 

Ahora la pregunta no es qué dirá el próximo amigo famoso de Julio Iglesias. La pregunta es si como sociedad estamos dispuestos a escuchar, a leer con atención y a exigir que la verdad se investigue hasta el final, caiga quien caiga.

 

Porque de eso va realmente todo esto. De justicia, de dignidad y de no mirar hacia otro lado una vez más.

 

 

 

 

Related Posts

Our Privacy policy

https://celebridad.news25link.com - © 2026 News