La fama, la depresión y el amor: Alejandro Sanz habla como nunca en su documental sobre los secretos de una vida de luces y sombras.
Acaba de estrenar un documental en el que deja el alma al aire: “Me arrepiento del dolor que le provoqué a Jaydy Michel porque no lo merecía”.

Alejandro Sanz (56) acudió solo a la presentación de su documental ‘Cuando nadie me ve’, de Movistar. “Me he abierto como nunca”, dijo.
Alejandro Sanz peina canas, pero al mismo tiempo conserva esa sonrisa pícara infantil que, por cierto, también han heredado sus cuatro hijos por si acaso un día -improbable- se les olvida de dónde vienen.
Cuando sonríe sus ojos se achinan y es entonces cuando, más allá de los pelitos blancos de su barba incipiente, solo puedes ver al chaval que con 22 años se comió el mundo. O eso nos creíamos, porque al final fue el mundo el que se lo comió un poco a él.
El artista, que ha vendido 25 millones de discos en todo el mundo y que posee el récord de haber creado el álbum más vendido de la historia de España (el que incluía Corazón partío), es mucho más que música y números.
Es el niño orgulloso de sus orígenes andaluces que no esconde su acento gaditano, es el padre orgulloso de sus hijos a los que lleva por bandera y es el amante enamoradizo al que le cuesta entender el sentido del amor.
“Yo, que llevo la vida entera escribiendo sobre el amor, llego a la conclusión de que nunca sabes nada del amor porque en el fondo no tiene explicación”, dice precisamente él en su último documental, Cuando nadie me ve.

Con su primer disco, publicado en 1991, Alejandro Sanz vendió un millón de copias. “Entendí que ya nunca volvería a ser Alejandro Sánchez”, dice recordando su verdadero nombre.
En él, Sanz repasa sus luces, pero sobre todo sus sombras, esas que un día trató de esconder.
No esquiva su ruptura con Jaydy Michel, motivada por una infidelidad, sus problemas con las discográficas e incluso la espiral de autodestrucción en la que entró cuando vivía en Miami.
La depresión.
Es quizá el secreto mejor guardado de este documental. En él, Alejandro Sanz le pone nombre y apellidos a la crisis existencial que vivió hace dos años.
“No estoy bien, quiero decirlo. Estoy triste y cansado. Por si alguien más cree que hay que ser siempre una brisa de mar o un fuego artificial en una noche de verano.
Estoy trabajando para que se me pase… Pero a veces no quiero ni estar. Literalmente. Sólo por ser sincero.
Por no entrar al ruido inútil. Sé que hay gente que se siente así. Si te sirve, yo me siento igual”, escribió una mañana de mayo de 2023 de repente en sus redes sociales.
El artista no dio entonces más datos, pero hoy sabemos, gracias al documental, que estaba atravesando una depresión.
“La línea entre estar bien y estar mal es muy fina. Cuando me pasó esto no era capaz de escribir una canción ni una melodía ni nada.
Tenía la guitarra abandonada, no era capaz de sacar ni dos notas.
En mi vida estaban más presentes los números que las canciones y lo peor es que no me interesaba la música ni me interesaba nada”, explica el compositor.
“Me desencanté. Lo que más has querido en el mundo empiezas a no tener ningún sentimiento por ello. No tenía ganas de hacer música. Sentía rechazo absoluto”, añade.
Sus hijos.
A la hora de superar aquella depresión, tuvieron mucho que ver sus hijos, su motor.
Alejandro asegura que son lo mejor que le ha ocurrido en la vida y le aflora la ternura cuando habla de cada uno de ellos: de Manuela, fruto de su relación con la mexicana Jaydy Michel; Alexander, el hijo que tuvo con Valeria, una maquilladora con la que mantuvo una relación esporádica mientras continuaba casado con Jaydy; y Dylan y Alma, los dos pequeños que nacieron de su historia con Raquel Perera. Eso sí, también entona el mea culpa.

Alejandro Sanz y la modelo mexicana Jaydy Michel en 1999. Dos años antes empezaron a salir y se separaron en 2006.
“Yo no supe compaginar bien hacer el mejor disco del mundo con llevar una vida normal. Los años de tus hijos es un tiempo que no recuperas.
No lo hice bien. (…) Si me pasara ahora, hubiera renunciado a más cosas por ser un padre más presente”, explica Alejandro. “Cuanto mayor es el éxito, mayor es el precio que pagas”, reflexiona.
El hijo secreto.
Y entonces, mientras Alejandro disfrutaba de un éxito redondo, llegó también el momento donde más fama alcanzó también por su vida personal.
Su boda en Bali en 1999 con Jaydy Michel y el posterior nacimiento de Manuela fueron noticia y él mismo lo recuerda muy consciente de la presión que esa fama conllevaba.
Era el ídolo de millones de fans, el hombre perfecto, pero entonces un chantaje dio al traste con todo.

A mediados de los 2000, Alejandro Sanz sufrió adicciones. “No podía terminar los conciertos”, cuenta Raquel Perera.
Alejandro no hace la más mínima referencia a ese chantaje que sufrió por parte de unos exempleados en 2005 y que propició que él mandase un comunicado anunciando que era padre de un niño llamado Alexander; sin embargo, sí cuenta cómo se vivió aquello dentro de su aparente feliz matrimonio con Jaydy.
“En esa época (se refiere cuando vivía a caballo entre Miami y Madrid), no había charco en el que no me metiese.
Caí en todas las tentaciones”, empieza explicando. “Estando en Miami conozco a Valeria, que trabajaba conmigo de estilista.
Hubo una atracción inmediata y mantuvimos una relación esporádica, ya que nos veíamos cuando yo iba a Miami.
Un día me dice que está embarazada y que no sabe si abortar. Yo lo único que le dije fue: ‘te apoyaré en todo lo que decidas”.
“Me arrepiento del dolor que le provoqué a Jaydy porque no se lo merecía, pero Alexander está aquí y eso vale más que todo.
Lo único que podía hacer era decírselo a mi mujer. Se lo dije y ahí decidimos separarnos”, cuenta Alejandro con cierta tristeza.
Sin embargo, le cambia el gesto cuando habla de sus hijos de nuevo. “Hay un momento que se quedará para siempre en la retina que es cuando Manuela conoce a Alexander. Fue increíble. Le dije: tienes un hermano de otra mamá”.
Pena y adicciones.
Poco después de su ruptura con Jaydy, falleció el padre de Alejandro y entonces el caos se ciñó sobre el artista.
Refugiado en su estudio de Miami, el artista entra en una espiral de autodestrucción de la que solo lograría salir con ayuda de una mujer, la que se convertiría en su segunda esposa, Raquel Perera. La joven llegó a la vida de Alejandro como ayudante de Rosa Lagarrigue, su mánager.

Alejandro Sanz y Jaydy Mitchel se convirtieron en padres en julio de 2001 de una niña que llamaron Manuela.
Trabajaban juntos, así que el artista fue incapaz de esconder los problemas que padecía a su nueva compañera.
“Me di cuenta de que había algo que entorpecía su ritmo normal de trabajo.
Los efectos de todo eso que estaba sufriendo empezaron a tener efectos negativos en su salud mental y física”.
Raquel explica con dolor cómo al cantante le costaba incluso terminar los conciertos, mientras a sus palabras las acompañan imágenes de Sanz visiblemente demacrado e incluso concediendo entrevistas donde apenas puede entenderse lo que dice.
“No podía más. Yo trataba de tapar un agujero, mientras el agua entraba por otro. El submarino se hundía”, recuerda él.
Y entonces abandonó la gira y se aisló en su finca de Jarandilla de la Vera (Cáceres) para escapar de todo y de todos.
Menos de Raquel, que permaneció a su lado. “Él me mostró su dolor y yo le dije que no le iba a soltar nunca”, dice ella. “Llegó el amor civilizado. No iba a ser siempre un canalla”, recuerda él.
Ruptura con Raquel.

Con Raquel, Alejandro Sanz se casó en 2012 en su finca de Jarandilla de la Vera (Cáceres).
La pareja duraría más de una década. Se casaron en 2012, tuvieron dos hijos, pero un día el amor se esfumó.
“Yo respiraba correctamente mi oxígeno cuando encontraba su mirada, pero hubo un día en que no encontré su mirada y ahí se me paró el mundo.
Fue un golpe seco y letal”, dice Raquel sobre su inesperada ruptura. “Tú puedes tener a Alejandro de alguna manera, pero no puedes poseerlo”.
Ivette en el docu.
Y es curioso porque es ahí cuando Alejandro recuerda el tema que la compuso cuando rompieron.
Se llama El trato y en él describe con crudeza las promesas que los dos se hicieron cuando creyeron que lo suyo sería para siempre.
“En directo estas canciones tienen peligro”, dice él, y es que en un concierto, mientras cantaba esta canción, rompió a llorar.
¿Y quién aparece coreando la canción y animando a su ídolo entre el público? Ivette Playá, la joven que lo denunció públicamente hace unos meses acusándole de haberla tratado mal mientras mantenían una relación sentimental. ¿Nadie revisó ese frame? ¿Ivette se coló por casualidad?
Candela Márquez.

Candela Márquez es la última pareja conocida de Alejandro. Rompieron hace unos meses.
En el documental no se menciona a Candela, pero ella aparece a lo largo de todo el metraje.
Lo acompaña al estudio y forma parte de su círculo de confianza.
Las muestras de afecto son constantes y, en un momento dado, mientras él la besa, pronuncia con voz en off unas palabras reveladoras.
“Hoy en día creo mucho más en los momentos que en las eternidades. Las eternidades son muy románticas, pero los momentos son mucho más honestos”.
Lío con su mánager.
Pero si hay un tema que, por desconocido, resulta de lo más interesante en el documental es descubrir cómo se rompe la relación profesional y personal de Alejandro Sanz y Rosa Lagarrigue, su mánager desde 1991.
Tras 25 años juntos, su relación contractual se rompe y Rosa terminan demandando al artista resultando este condenado a pagarle la friolera de 5,4 millones de euros.
“Más se perdió en Cuba”, dice él quitándole hierro al asunto. Pero lo cierto es que aquello supuso un varapalo anímico y económico para Sanz, que ahora no quiere ni encontrarse con quien durante años fue su mano derecha:
“Le tuve mucho cariño, pero la decepción fue al mismo nivel de ese cariño. Me la encontré un día en Sevilla y me dio un beso a traición. Yo se lo devolví”.