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Felipe VI había estado en Colombia apenas unos días antes

El mensaje de la Casa Real posee además una proximidad temporal particular.

Felipe VI había viajado recientemente a Colombia para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente. Pocos días después, el país al que acababa de visitar enfrenta una de sus mayores emergencias sísmicas recientes.

España y Colombia mantienen además una relación humana que va mucho más allá de la diplomacia formal.

La comunidad colombiana en España es numerosa y existen también miles de ciudadanos españoles residentes, trabajando o viajando en Colombia.

Por eso el terremoto se vive simultáneamente a ambos lados del Atlántico.

En distintas comunidades españolas, asociaciones de colombianos han explicado la angustia de familias incapaces de contactar con familiares y amigos durante las horas posteriores al seísmo debido a problemas de telecomunicaciones.

Los 164 españoles “sin localizar” requieren precisión

La expresión puede resultar alarmante.

Por eso es importante explicar qué significa.

Albares señaló que las autoridades consulares han conseguido contactar con la mayoría de españoles incluidos en sus registros, pero faltan 164 personas con las que todavía no se ha establecido comunicación. Por ahora, Exteriores no tiene constancia de españoles muertos o heridos.

En desastres naturales es frecuente que una persona figure temporalmente como no localizada simplemente porque:

su teléfono está sin batería;

la red móvil ha dejado de funcionar;

ha sido evacuada;

se encuentra viajando;

o no ha podido informar todavía de que está bien.

Eso no significa minimizar la preocupación.

Significa no convertir “sin localizar” automáticamente en “víctima”.

La diferencia puede evitar horas adicionales de angustia a muchas familias.

Naciones Unidas está preparada para ampliar la respuesta

El sistema humanitario de Naciones Unidas ha comenzado a movilizar mecanismos de seguimiento y apoyo ante la emergencia colombiana. OCHA mantiene información específica sobre el terremoto del 10 de agosto y los organismos humanitarios están preparados para colaborar con las autoridades nacionales en función de las necesidades identificadas.

Ese orden también resulta importante.

Después de una catástrofe es frecuente escuchar que la ausencia inmediata de una gran operación internacional significa falta de solidaridad.

No necesariamente.

El Estado afectado coordina inicialmente sus capacidades y determina qué recursos necesita antes de solicitar determinados tipos de ayuda externa.

Mandar equipos que nadie ha pedido puede complicar aeropuertos, carreteras y logística en lugar de solucionar problemas.

La buena ayuda no consiste únicamente en enviar mucho.

Consiste en enviar aquello que realmente hace falta.

El mensaje de los Reyes Felipe VI y Letizia tras el terremoto en Colombia

 

Cruz Roja y equipos locales son quienes sostienen las primeras horas

Antes de cualquier gran operación internacional están las personas que ya se encontraban allí.

Bomberos.

Policías.

Sanitarios.

Protección civil.

Militares.

Cruz Roja.

Y miles de vecinos.

Las primeras horas después de un derrumbe son cruciales porque la posibilidad de encontrar supervivientes disminuye con el paso del tiempo.

Las imágenes llegadas de Cali y Pereira muestran precisamente esa combinación: profesionales trabajando junto a ciudadanos que ayudan a retirar escombros, transportar materiales o localizar personas atrapadas.

Quizá sea una de las pocas imágenes luminosas dentro del desastre.

Cuando desaparecen paredes, techos y calles conocidas, personas que horas antes eran desconocidas comienzan a trabajar como equipo.

Pero las redes también abren otra emergencia: la desinformación

Un desastre de esta magnitud genera inevitablemente imágenes, rumores y cifras a una velocidad enorme.

El País ha advertido incluso de la circulación de contenidos falsos o manipulados mediante inteligencia artificial después del terremoto.

Este problema merece especial atención.

Una fotografía falsa de una presa supuestamente rota puede provocar evacuaciones innecesarias.

Un rumor sobre otro gran terremoto “previsto” puede generar pánico.

Una cifra inventada de muertos puede multiplicar el sufrimiento.

Y un supuesto teléfono de ayuda fraudulento puede aprovecharse de familias desesperadas.

En situaciones así, la recomendación debería ser sencilla: priorizar siempre información del Servicio Geológico Colombiano, autoridades de emergencia, Policía, organismos humanitarios y canales consulares oficiales.

La velocidad importa.

La fiabilidad todavía más.

Nuestra valoración: el mensaje de los Reyes tiene sentido precisamente porque no intenta ocupar el centro

Felipe VI y Letizia no pueden resolver la emergencia.

Y tampoco deberían intentar presentarse como protagonistas de ella.

El valor de su mensaje está justamente en otra parte.

En mirar hacia Colombia.

En reconocer a las víctimas.

En recordar a los desaparecidos.

Y en hacer visible la preocupación por esos 164 ciudadanos españoles cuya situación todavía se intenta esclarecer.

Pero las palabras institucionales solo tienen verdadero peso cuando detrás existen acciones.

España dispone de mecanismos consulares y de cooperación que pueden contribuir a la respuesta si Colombia solicita asistencia. Exteriores ha señalado que la AECID permanece preparada para colaborar.

Esa debería ser la siguiente dimensión de la solidaridad.

No solamente condolencias.

También disponibilidad.

La historia cambiará durante las próximas horas

Esta quizá sea la advertencia más importante para cualquier publicación sobre el terremoto.

El texto inicial hablaba de 132 muertos.

Horas después ya hablamos de al menos 224.

El número de heridos también está cambiando.

Lo mismo ocurre con los desaparecidos.

Y probablemente cambiará la cantidad de españoles todavía sin localizar a medida que las comunicaciones se recuperen.

Por eso cualquier artículo que pretenda ser riguroso debería llevar implícita una palabra:

provisional.

Hoy Colombia continúa buscando.

Y mientras exista una persona atrapada bajo los escombros, la prioridad no debería ser discutir quién obtiene rédito político de la tragedia.

Debería ser encontrarla.

El mensaje de Felipe VI y Letizia termina precisamente mirando hacia quienes todavía faltan.

Quizá ahí esté también la única conclusión razonable en este momento.

No sabemos cuál será el balance final.

No sabemos cuánto tardarán las ciudades afectadas en reconstruirse.

Pero sí sabemos qué debería importar ahora: rescatar a quienes aún puedan ser salvados, atender a quienes han sobrevivido y acompañar a las familias que esperan una llamada.

Porque detrás de esos 164 españoles todavía sin localizar y de todos los colombianos cuyo paradero sigue sin aclararse hay personas esperando exactamente la misma noticia:

que el teléfono suene y, al otro lado, alguien pueda decir simplemente: “Estoy bien”.