Sonsoles Ónega, censurada por la dirección de su programa ante su comprometida pregunta a Patricia Conde.
Sonsoles Ónega se vio obligada a retirar una pregunta a Patricia Conde tras recibir un toque de atención de la dirección del programa de Antena 3.

El plató de Y ahora Sonsoles vivió este viernes un momento que, más allá de la anécdota televisiva, conectó con una realidad que muchas mujeres reconocen demasiado bien.
Patricia Conde acudía al programa con la excusa profesional de promocionar la sexta edición de El Desafío, pero terminó abriendo una puerta mucho más íntima: la de las renuncias silenciosas que hizo durante años para no incomodar a algunos hombres con los que compartió su vida.
La conversación empezó ligera, con ese tono cercano que Sonsoles Ónega suele imprimir a sus entrevistas.
Patricia, relajada, sonriente y con el oficio de quien lleva décadas frente a las cámaras, hablaba de trabajo, de retos físicos, de lo ilusionante que ha sido aceptar un formato tan exigente como El Desafío.
Pero poco a poco, sin dramatismos ni frases grandilocuentes, el discurso fue derivando hacia algo más profundo.
“Durante un tiempo, tuve que esconderme y hacerme muy pequeña para que ellos se sintieran bien”.
La frase cayó en el plató con una naturalidad que la hacía aún más demoledora. No había victimismo, no había reproche explícito.
Solo una constatación serena de algo vivido. Patricia Conde, una de las caras más reconocibles de la televisión española desde finales de los noventa, ponía palabras a una experiencia que no suele contarse cuando se habla de éxito.
Porque el éxito femenino, todavía hoy, incomoda. Y Patricia lo explicó con ejemplos concretos, cotidianos, casi insignificantes en apariencia, pero cargados de significado.
Parejas que le pedían que no usara tacones porque ya era alta. Comentarios sobre lo “demasiado arreglada” que iba para una cena.
Peticiones veladas —o no tanto— para bajar el brillo, para no destacar, para no ocupar demasiado espacio.
“¿Quién eres tú para decirme eso?”, reflexionaba en voz alta. Y añadía una frase que resume años de aprendizaje: cuando alguien intenta recortar tu forma de ser para sentirse mejor consigo mismo, esa relación tiene poco futuro.
No hablaba desde el resentimiento, sino desde la experiencia. Patricia Conde no se presentaba como una mujer que va “comiéndose la vida”, como ella misma puntualizó.
Al contrario, se definió como alguien reservada, discreta en su intimidad, lejos del estereotipo de mujer arrolladora que a menudo se proyecta sobre las figuras públicas.
Y, aun así, su independencia, su éxito profesional y su autonomía económica fueron motivo de conflicto.
“He trabajado mucho y me lo he ganado bien”, dijo. Una frase simple, pero cargada de verdad.
En ese “me lo he ganado” hay años de esfuerzo, de exposición pública, de decisiones difíciles y también de renuncias.
Y, según relató, no todos los hombres supieron convivir con eso.
Uno de los momentos más reveladores llegó cuando habló de algo tan aparentemente inocente como pagar la cena.
“Cuando sacas esa parte ‘masculina’ de pagar tú, se sienten inseguros”. La frase provocó asentimientos en el público y en el propio plató.
Porque no es solo una cuestión de dinero, sino de roles, de expectativas heredadas, de egos que se tambalean cuando una mujer no necesita ser cuidada, mantenida o protegida.
Patricia Conde no estaba haciendo un alegato teórico contra el machismo.
Estaba contando vivencias concretas, escenas reconocibles para muchas mujeres que han sentido la presión de minimizarse para encajar en una relación.
De hablar menos, de brillar menos, de pedir perdón por ocupar espacio.
En ese contexto, llegó uno de los momentos más incómodos —y más comentados— de la entrevista.
Sonsoles Ónega, siguiendo la inercia habitual de la televisión, lanzó una pregunta personal: “¿Tú estás sola ahora o tienes novio?”.
Patricia esquivó con elegancia: “Yo no estoy sola, nunca estoy sola”. Una respuesta inteligente, ambigua, que marcaba un límite sin confrontar.
Pero la insistencia llegó. Y ahí se produjo algo poco habitual: el propio equipo del programa advirtió en directo a la presentadora de que esa pregunta no estaba permitida.
Un gesto que evidenció que, incluso en espacios que presumen de cercanía, existen líneas que no deberían cruzarse.
Sonsoles, visiblemente incómoda, reaccionó con honestidad: pidió perdón. “Que no puedo preguntar esto, perdón”.
Un mea culpa en directo que, lejos de perjudicarla, humanizó la escena. La televisión en vivo tiene estas cosas: errores, rectificaciones, momentos reales que no están en el guion.
Para reconducir la situación, la presentadora dio paso a un monólogo de Patricia Conde sobre el “novio perfecto”.
Y fue ahí donde la actriz volvió a demostrar su inteligencia emocional y su sentido del humor.
Explicó, entre risas, por qué prefería no responder directamente a la pregunta sentimental: “Si ahora te digo que tengo novio, al que sí que le gusto de verdad, ya no me escribe. ¿Qué hago?”.
La frase, ligera en apariencia, escondía una reflexión muy actual sobre las dinámicas afectivas, la exposición pública y la fragilidad de las relaciones en tiempos de redes sociales y expectativas constantes.
Sonsoles cerró el tema con una complicidad sincera: “Pues no decir ni media, y yo, no haberte preguntado”.
Más allá del momento televisivo, la intervención de Patricia Conde resonó porque puso sobre la mesa un debate que sigue siendo necesario.
El del coste emocional del éxito femenino. El de las mujeres que, para sostener una relación, se ven empujadas a reducirse, a suavizar su luz, a convertirse en una versión más cómoda para el otro.
No es casual que este discurso llegue en 2026, en un contexto social donde se habla cada vez más de igualdad, pero donde las inercias culturales siguen pesando.
Patricia no señaló con el dedo, no dio nombres, no buscó polémica. Simplemente compartió lo vivido. Y eso, en televisión, tiene un valor enorme.
Su testimonio conecta con generaciones distintas. Con mujeres que crecieron viendo El Informal y que hoy, como ella, miran atrás y reconocen patrones que antes se normalizaban.
Y también con mujeres más jóvenes, que identifican esas actitudes y empiezan a ponerles límites antes.
La entrevista dejó claro que el verdadero desafío de Patricia Conde no está solo en superar pruebas físicas en un programa de entretenimiento.
Está en haberse reconstruido, en haber aprendido a no achicarse, en defender su espacio sin pedir disculpas.
Y en hacerlo desde un lugar sereno, sin rencor, con humor y con una honestidad desarmante.
Quizá por eso su discurso caló. Porque no venía envuelto en consignas ni en frases hechas.
Venía de una mujer que ha vivido, que ha caído, que ha aprendido y que hoy puede mirar atrás y decir: no merecía hacerme pequeña para que nadie se sintiera grande.
Y ahí está la clave. El verdadero mensaje que dejó Patricia Conde en Y ahora Sonsoles no fue sobre sus relaciones pasadas ni sobre si tiene pareja ahora.
Fue una invitación a revisar qué estamos dispuestos a tolerar, qué renuncias aceptamos por amor y dónde empieza el respeto propio.
Una conversación televisiva que, sin proponérselo, terminó siendo un espejo. Y eso, en un medio tan saturado de ruido, no es poca cosa.