Xabier Fortes rompe su silencio en RTVE tras el ataque a Maricarmen en el programa ‘Horizonte’, apenas un día antes de su fallecimiento.
La muerte de Maricarmen reabre el debate sobre los límites de la televisión: Xabier Fortes cuestiona la teoría del “casting” difundida horas antes
La muerte de Maricarmen Abascal ha añadido una dimensión inesperadamente dolorosa a una polémica televisiva que llevaba días creciendo alrededor de su desahucio. La mujer de 87 años falleció el miércoles 7 de octubre en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde permanecía ingresada desde que fue desalojada el pasado 23 de septiembre de la vivienda del distrito de Retiro en la que había vivido durante más de siete décadas.
Su caso ya se había convertido en uno de los grandes símbolos de las movilizaciones por la vivienda.
Pero durante sus últimos días también pasó a ser objeto de algo completamente distinto: teorías sobre una supuesta manipulación política de su historia, dudas sobre la autenticidad de las protestas y comentarios televisivos que planteaban que todo podía formar parte de una operación organizada previamente.

Ese contexto explica la reacción de Xabier Fortes en ‘La Noche en 24 Horas’.
El periodista de RTVE no dedicó su intervención únicamente a lamentar la muerte de Maricarmen. También cuestionó el tratamiento que había recibido en algunas tertulias y programas durante los días anteriores. Fortes habló de “inhumanidad” y recordó que, apenas unas horas antes de conocerse su fallecimiento, se había llegado a presentar a Maricarmen como una supuesta actriz elegida mediante un “casting” para favorecer una estrategia política.
La referencia apuntaba claramente a ‘Horizonte’, el programa presentado por Iker Jiménez y Carmen Porter en Cuatro.
Durante la emisión del martes 6 de octubre, el periodista Chapu Apaolaza planteó una teoría según la cual el caso de Maricarmen estaría relacionado con una operación destinada a sustituir otros asuntos de la agenda pública. En su intervención habló de un supuesto “casting” decidido desde La Mareta y vinculó el desahucio, la movilización posterior y la actuación del Sindicato de Inquilinas con una estrategia política.
La afirmación era extremadamente grave porque no se limitaba a cuestionar la utilización política posterior del caso.
Ponía en duda la propia espontaneidad de la historia.
Convertía a una mujer de 87 años que acababa de perder su vivienda en una posible pieza seleccionada dentro de una operación.
El País y Vertele/elDiario han recogido esas declaraciones y el debate posterior generado alrededor de ellas.
Aquí conviene introducir una diferencia esencial.
En democracia es perfectamente legítimo analizar cómo utilizan los partidos políticos un acontecimiento social.
También es legítimo preguntarse si determinados colectivos intentan convertir un caso concreto en símbolo de una reivindicación más amplia.
Lo que necesita un estándar de prueba mucho mayor es afirmar que la propia historia fue fabricada o planificada de antemano.
Y precisamente sobre esa cuestión existe ya una verificación independiente.
EFE Verifica analizó la narrativa que aseguraba que el desahucio de Maricarmen formaba parte de un “plan orquestado” desde tiempo atrás. La supuesta prueba consistía en que el Sindicato de Inquilinas ya conocía y ayudaba a Maricarmen desde 2025.
La conclusión de EFE fue clara: esa interpretación era falsa.
El hecho de que el sindicato hubiera acompañado anteriormente a Maricarmen no demostraba ninguna operación preparada. El caso ya existía y la organización lo había utilizado como ejemplo de su trabajo con personas amenazadas de desahucio.
Este dato resulta importante porque permite separar hechos de interpretaciones.
Maricarmen no apareció repentinamente en septiembre de 2026.
Su conflicto por la vivienda venía desarrollándose desde años atrás.
EFE Verifica recuerda que el procedimiento se remontaba a 2018, cuando la sociedad propietaria cuestionó la continuidad del antiguo contrato de alquiler. El proceso pasó posteriormente por diferentes etapas judiciales y negociaciones hasta desembocar en el lanzamiento del 23 de septiembre.
Por tanto, la existencia de un movimiento organizado alrededor de su caso no prueba que el caso fuera inventado.
Es justamente al revés: la organización existía porque el conflicto también existía.
Esa distinción parece sencilla, pero es especialmente relevante en un momento en el que una teoría puede viajar por televisión y redes sociales mucho más rápido que la documentación necesaria para comprobarla.
Xabier Fortes centró su reflexión precisamente en ese problema.
No estaba simplemente diciendo que un programa rival había expresado una opinión con la que él no coincidía.
Estaba planteando qué ocurre cuando una acusación no demostrada termina afectando a la dignidad de una persona real.
Y el hecho de que Maricarmen falleciera pocas horas después hizo que la discusión adquiriera una dimensión mucho más incómoda.
Fortes recordó que aquella mujer había sido descrita como “cuentista” o “actriz” dentro de ese marco de sospecha.
Después señaló el contraste temporal: pocas horas después, Maricarmen había muerto.
Esa proximidad temporal no demuestra que los comentarios televisivos tuvieran relación con su fallecimiento.
Tampoco debería utilizarse para construir una nueva causalidad sin pruebas.
Pero sí obliga a reflexionar sobre algo diferente: las personas sobre las que se habla en televisión continúan existiendo cuando las cámaras se apagan.
No son únicamente personajes narrativos.
Pueden estar enfermas.
Pueden tener familias.
Pueden estar atravesando situaciones extraordinariamente difíciles.
Y las afirmaciones realizadas sobre ellas permanecen públicamente disponibles incluso después de que la actualidad cambie.
Maricarmen había sido desahuciada el 23 de septiembre.
EFE documentó que salió de su domicilio en una camilla y fue trasladada por sanitarios del SAMUR. Tenía 87 años y había vivido en aquella vivienda desde 1956.
Desde aquel mismo día permaneció hospitalizada.
RTVE y EFE confirmaron que su salud ya era delicada y que durante las siguientes dos semanas su estado continuó siendo motivo de preocupación para su entorno. Falleció el 7 de octubre.
Es importante mantener aquí otra frontera.
Que Maricarmen fuera hospitalizada inmediatamente después del desahucio y muriera quince días más tarde no permite afirmar automáticamente que el lanzamiento provocara clínicamente su muerte.
No existe, al menos en las informaciones públicas disponibles, una conclusión médica que establezca esa causalidad.
Su fallecimiento puede analizarse dentro del contexto humano del desahucio.
Pero no debería convertirse en una prueba médica de algo que no ha sido establecido públicamente.
La precisión importa especialmente en una historia que ya ha sufrido problemas de desinformación.
EFE Verifica ha tenido que revisar no solamente la teoría del “plan orquestado”, sino también otros contenidos falsos relacionados con Maricarmen y con las protestas por la vivienda.
Circularon imágenes generadas con inteligencia artificial.
Vídeos descontextualizados.
Informaciones falsas sobre la acampada de Sol.
Y afirmaciones incorrectas sobre la situación personal de Maricarmen.
Ese entorno demuestra algo preocupante.
Una persona puede convertirse en símbolo y, a partir de ese momento, cada bando puede empezar a construir sobre ella la historia que necesita.
Para unos, Maricarmen representa todos los problemas de acceso a la vivienda.
Para otros, puede convertirse en prueba de una operación política.
El problema surge cuando el símbolo termina sustituyendo a la persona y los datos verificables dejan de importar.
Personalmente, creo que esa es la parte más interesante de la intervención de Fortes.
No porque necesariamente haya que compartir todas sus valoraciones.
Sino porque obliga a preguntarse qué estándar debería exigirse a una tertulia cuando pasa de la opinión a una acusación concreta.
Decir “creo que el Gobierno está utilizando políticamente este caso” es una interpretación.
Decir que una mujer fue elegida mediante un casting para construir una operación requiere demostrar algo mucho más específico.
Son niveles distintos.
Y tratarlos como si fueran equivalentes termina erosionando la frontera entre comentario y noticia.
La televisión de opinión vive precisamente de conversaciones rápidas.
Eso no es necesariamente negativo.
Los tertulianos interpretan acontecimientos, expresan hipótesis y discuten.
Pero cuanto más extraordinaria es la acusación, mayor debería ser la necesidad de explicar qué evidencias existen.
En este caso, la narrativa de un supuesto plan previo no ha quedado respaldada por la verificación independiente disponible.
EFE ha concluido que el hecho presentado como prueba no demuestra la existencia de una operación organizada.
Esto no impide discutir la utilización política posterior del desahucio.
El caso tuvo consecuencias políticas reales.
Las movilizaciones por el acceso a la vivienda crecieron.
La acampada de la Puerta del Sol convirtió a Maricarmen en una referencia.
El Gobierno impulsó medidas sobre vivienda.
Y el asunto terminó completamente integrado dentro del debate político nacional.
RTVE ha documentado ampliamente cómo el desahucio se convirtió en uno de los detonantes de una oleada de movilización social.
Pero una cosa es decir que un acontecimiento terminó teniendo consecuencias políticas.
Otra muy distinta es decir que fue fabricado para producirlas.
Confundir ambas cosas es precisamente el tipo de salto lógico que debería evitarse.
La muerte de Maricarmen provocó además una reacción inmediata entre quienes participaban en la acampada de Sol.
EFE confirmó que su caso había fortalecido las protestas en favor del derecho a la vivienda. Tras conocerse el fallecimiento, los participantes volvieron a recordar su figura como uno de los principales símbolos de la movilización.
También se depositaron flores y velas cerca del edificio en el que había vivido.
Esas escenas muestran hasta qué punto una historia inicialmente privada había terminado transformándose en un asunto colectivo.
Pero tampoco deberían utilizarse para borrar la complejidad jurídica del conflicto.
El desahucio no ocurrió simplemente porque alguien decidiera una mañana expulsar a una mujer mayor.
Existía un procedimiento judicial.
Existía una controversia sobre la continuidad del contrato de renta antigua.
Existían posiciones enfrentadas sobre las alternativas propuestas.
Y existieron meses de negociaciones y recursos.
EFE Verifica ha reconstruido esos elementos precisamente para evitar simplificaciones.
Después ocurrió algo especialmente relevante.
Tras el desahucio se alcanzó finalmente un acuerdo que habría permitido a Maricarmen regresar a su vivienda con un nuevo contrato adaptado a su situación económica.
Pero nunca pudo hacerlo.
Continuó hospitalizada y murió antes de recibir el alta.
Este desenlace convierte inevitablemente el caso en una historia muy difícil de observar únicamente desde la distancia política.
Había una solución.
Llegó después del lanzamiento.
Y la persona para la que había sido diseñada murió antes de poder beneficiarse de ella.
Quizá por eso las palabras de Fortes sonaron mucho más duras de lo habitual.
No estaba valorando una discusión abstracta.
Estaba hablando pocas horas después de la muerte de alguien sobre quien se había difundido una teoría extraordinariamente grave sin pruebas conocidas.
Pero también aquí creo que conviene evitar otro error.
Criticar aquella teoría no debería convertirse en una licencia para deshumanizar a quienes la expresaron.
El debate puede ser muy firme sin transformarse en una competición de insultos.
Puede analizarse qué se dijo.
Qué evidencias había.
Qué se ha podido comprobar posteriormente.
Y qué responsabilidad tienen quienes presentan información ante millones de personas.
Eso resulta mucho más útil que dividir la televisión entre buenos y malos.
También permite hacer una pregunta más difícil sobre el papel del presentador.
¿Debe un conductor interrumpir siempre a un colaborador cuando expresa una teoría no demostrada?
No existe una regla absoluta.
Una tertulia funciona precisamente mediante opiniones diferentes.
Pero cuando la afirmación contiene una acusación factual grave, el presentador puede pedir evidencias, introducir contexto o recordar que la hipótesis no está demostrada.
No es censura.
Es información.
Esa distinción resulta fundamental porque permitir que una afirmación circule sin contraste puede hacer que parte de la audiencia interprete una especulación como un hecho.
Y una vez que esa idea entra en redes sociales, corregirla posteriormente resulta mucho más difícil.
Precisamente por eso el trabajo de verificación cobra cada vez más importancia.
Una teoría puede necesitar veinte segundos para formularse.
Desmontarla puede requerir revisar contratos, fechas, entrevistas anteriores, procedimientos judiciales y declaraciones de varias partes.
El desequilibrio es evidente.
La falsedad puede ser simple.
La realidad suele ser más lenta.
El caso de Maricarmen lo demuestra perfectamente.
No era una actriz aparecida de repente.
Existían documentos y cobertura de su situación anteriores al desahucio de septiembre.
Su conflicto era conocido.
El Sindicato de Inquilinas ya la había acompañado porque precisamente esa es una de las funciones que realiza con personas amenazadas de perder su vivienda.
EFE Verifica comprobó esos antecedentes.
Eso debería ser suficiente para abandonar la teoría de que la mera existencia de apoyo previo prueba una operación fabricada.
A partir de ahí podemos volver a las preguntas que sí permanecen abiertas.
¿Fue adecuada la respuesta de las administraciones?
¿Podía haberse encontrado antes una solución?
¿Hasta qué punto se utilizó políticamente el caso después?
¿Fue proporcionada la actuación de todos los participantes?
¿Y qué cambios debería provocar una situación como esta en las políticas de vivienda?
Esas son discusiones legítimas.
Y además tienen una ventaja: pueden debatirse mediante datos, legislación y propuestas.
No necesitan convertir a Maricarmen en actriz de una historia inventada.
Desde mi perspectiva, la muerte de Maricarmen deja una lección especialmente incómoda para todos los medios, no solamente para un programa concreto.
Cuando un caso concentra tanta atención, aumenta la tentación de encontrar una explicación total.
Un bando puede querer convertirlo en prueba definitiva de que todo el sistema de vivienda es cruel.
Otro puede querer demostrar que todo es manipulación política.
Pero la realidad casi nunca cabe en una explicación total.
Maricarmen era una mujer con un problema de vivienda real.
Existía un procedimiento legal real.
Hubo una movilización real.
Hubo utilización política del acontecimiento, como ocurre habitualmente cuando un caso adquiere repercusión nacional.
También hubo desinformación comprobada.
Todas estas cosas pueden coexistir.
No necesitamos eliminar unas para reconocer las otras.
Por eso considero que la pregunta más importante después de las palabras de Xabier Fortes no es si RTVE derrotó argumentalmente a ‘Horizonte’.
Ese enfoque volvería a convertir la historia en una guerra entre cadenas.
La cuestión verdaderamente útil es otra.
¿Qué responsabilidad tiene un medio cuando decide atribuir una operación organizada a una persona que no dispone de la misma capacidad para responder desde otro plató?
¿Es suficiente presentar una hipótesis como opinión?
¿O cuando esa hipótesis incluye hechos concretos debería exigirse una base comprobable?
Y, una vez demostrado que una narrativa no estaba respaldada por las pruebas utilizadas para sostenerla, ¿debería existir una rectificación con la misma visibilidad que tuvo la afirmación original?
Son preguntas mucho más interesantes que cualquier rivalidad televisiva.
Xabier Fortes utilizó una palabra especialmente dura: “inhumanidad”.
Esa palabra pertenece a su valoración personal.
Puede compartirse o discutirse.
Lo que no necesita interpretación es el dato central: un día antes de morir Maricarmen, en televisión se presentó una teoría que vinculaba su caso con un supuesto casting político; EFE Verifica ha concluido que la narrativa más amplia sobre un “plan orquestado” no está sostenida por las pruebas utilizadas para defenderla.
Ese contraste debería servir para algo más que alimentar otro enfrentamiento.
Debería recordarnos que el escepticismo periodístico es necesario, pero funciona en las dos direcciones.
Hay que desconfiar de la versión que ofrece un activista.
También de la versión de una empresa.
De un Gobierno.
De un partido.
Y de una teoría espectacular formulada desde un plató.
El método debería ser siempre el mismo: preguntar qué evidencia existe.
Maricarmen ya no puede responder a las teorías formuladas sobre ella.
Murió quince días después de abandonar su casa y sin llegar a regresar al hogar para el que finalmente se había alcanzado una solución.
Su historia seguirá formando parte del debate español sobre vivienda.
Pero quizá el mínimo respeto que merece ahora sea no añadirle hechos que nadie ha demostrado.
Criticar.
Investigar.
Contrastar.
Discutir.
Todo eso forma parte del periodismo.
Convertir una sospecha en certeza sin pruebas debería ser otra cosa.
Y después de lo sucedido, esa diferencia quizá sea la reflexión más valiosa que deja la intervención de Xabier Fortes.