Entre los más buscados por la Policía española figuran Daniel Vázquez Patiño por delitos sexuales contra menores, Ionut Raducan por trata de blancas y Mora Carrasco y Juan Miguel García Santos por tráfico de drogas
La detención de José María Pavón Pereira en Cartaya (Huelva) puso fin hace unos días a un largo periodo de vida fugitiva. Pavón, condenado a 41 años de prisión por un doble asesinato cometido en 2019, llevaba meses escondido en una nave aislada, intentando desaparecer del radar policial.
Cuando los agentes lo localizaron y procedieron a su arresto, la fuga terminó de forma casi silenciosa. Para los investigadores fue el cierre de una operación larga y minuciosa.

Para las familias de las víctimas, fue algo más: la sensación, tardía pero necesaria, de que la justicia volvía a ponerse en marcha.
Su detención, llevada a cabo por la Policía Nacional hace apenas unos días, ha servido para recordar que a las puertas de 2026 España sigue teniendo fugitivos considerados de alta peligrosidad en busca y captura.
Algunos llevan años escondidos, otros han aprendido a moverse entre países, trabajos ocasionales y entornos que prefieren no hacer preguntas.
Todos comparten un mismo hilo: detrás de cada nombre hay delitos graves y víctimas que siguen esperando una respuesta definitiva del Estado.
Los prófugos que siguen en paradero desconocido al inicio de 2026
Tras la detención de Pavón, la campaña de la Policía Nacional de “Los 10 más buscados” mantiene activa la búsqueda de varios perfiles prioritarios.
Son personas reclamadas por juzgados españoles por delitos especialmente graves, y cuya localización sigue siendo una prioridad policial.
Entre ellos figura Juan Herrera Guerrero, de 53 años, considerado de alta peligrosidad y buscado por delitos de abusos y agresiones sexuales a menores.
Su caso es uno de los que más preocupa a los investigadores por el riesgo de reincidencia.
En una situación similar se encuentra Daniel Vázquez Patiño, de 47 años, también reclamado por delitos sexuales contra menores.
En estos perfiles, subrayan fuentes policiales, el objetivo no es solo ejecutar una orden judicial, sino evitar que pueda haber nuevas víctimas.
El narcotráfico y el blanqueo de capitales ocupan otro bloque relevante de fugitivos. Juan Miguel García Santos, de 52 años, continúa en busca y captura por varios delitos relacionados con el tráfico de drogas, mientras que Sergio Jesús Mora Carrasco, de 48 años, es reclamado por tráfico de drogas y blanqueo de capitales, dos actividades que suelen ir de la mano y que requieren redes logísticas complejas.
A ellos se suma Julio Herrera Nieto, de 57 años, buscado por delitos contra la salud pública, tenencia ilícita de armas y blanqueo, un perfil que los investigadores consideran especialmente peligroso por su vinculación con armas.
Otro de los prófugos activos es Jesús Manuel Heredia Heredia, de 40 años, reclamado por delitos contra la salud pública y quebrantamiento de condena.
También sigue en paradero desconocido Manuel Rodríguez López, de 63 años, buscado por robos con violencia, delitos relacionados con armas y explosivos y por haber quebrantado condenas anteriores.
El último de los perfiles difundidos por la Policía Nacional es el de Ionut Ramón Raducan, de 33 años, reclamado por un delito de trata de seres humanos con fines de explotación laboral.

En estos casos, explican los investigadores, la persecución penal va acompañada de un objetivo añadido: localizar y proteger a posibles víctimas que hayan sido captadas o explotadas durante la huida del acusado.
Los “históricos” y la búsqueda que no se cierra con los años
Más allá de la campaña de “Los 10 más buscados”, España mantiene una lista paralela de fugitivos históricos, muchos de ellos difundidos por la Guardia Civil como delincuentes peligrosos. Son nombres que llevan años, incluso décadas, asociados a causas abiertas. Algunos se han convertido casi en símbolos de la fuga permanente.
Entre ellos aparece Antonio Anglés, principal sospechoso del crimen de las niñas de Alcàsser, en paradero desconocido desde los años noventa, o antiguos miembros de ETA como José Ignacio de Juana Chaos, cuya localización sigue siendo objeto de seguimiento.
En estos casos, admiten fuentes policiales, el paso del tiempo juega en contra: los rastros se enfrían, los entornos cambian y la colaboración internacional se vuelve imprescindible.
Los expertos en criminología explican que perseguir a un fugitivo reciente no es lo mismo que intentar cerrar una huida de largo recorrido.
En los primeros casos hay hábitos, contactos y movimientos recientes. En los segundos, lo que queda es la paciencia, la cooperación internacional y la esperanza de que un error, por pequeño que sea, rompa años de silencio.