Donald Trump compareció durante casi una hora ante los medios, rodeado de su secretario de Defensa, su secretario de Estado y el máximo responsable militar de la operación en Venezuela.
Desde el primer minuto dejó claro que el mensaje estaba cuidadosamente calculado y que no había margen para interpretaciones ambiguas.
Trump afirmó con contundencia que no existe ningún ejército en el mundo capaz de ejecutar una operación como la que, según él, llevaron a cabo las fuerzas estadounidenses bajo su supervisión directa.
El presidente subrayó que siguió la operación en tiempo real y que cada decisión estratégica fue tomada desde la más alta instancia del poder ejecutivo.

Con ese marco, lanzó la primera advertencia que sacudió a la comunidad internacional.
Estados Unidos, dijo Trump, ha ido a Venezuela para quedarse.
No se trataba de una incursión puntual ni de una operación limitada en el tiempo.
Según sus propias palabras, el objetivo es dirigir el país hasta que se produzca lo que denominó una “transición segura”.
Trump insistió en que no permitirán que ningún otro actor internacional intervenga en el proceso venezolano.
“Vamos a dirigir el país”, afirmó sin rodeos, señalando al equipo que lo acompañaba como los hombres encargados de ejecutar el cambio político.
Ese cambio, aclaró, no incluye a María Corina Machado.
El presidente estadounidense se refirió a la líder opositora venezolana con un tono aparentemente cordial, pero políticamente demoledor.
“La señora Machado es una mujer muy agradable”, dijo, “pero no tiene el respeto ni el apoyo del país”.
Con esa frase, Trump desautorizó públicamente a una de las figuras más visibles de la oposición venezolana.
El mensaje fue interpretado como una señal clara de que Washington apuesta por otros interlocutores dentro del entramado político venezolano.
El segundo gran eje del discurso fue el petróleo.
Trump aseguró que el negocio petrolero en Venezuela ha sido un desastre durante décadas.
Acusó a los gobiernos venezolanos de no haber sabido explotar uno de los mayores recursos energéticos del planeta.
Según el presidente, el país prácticamente no extrae nada en comparación con su potencial real.
La solución, afirmó, pasa por la entrada masiva de empresas petroleras estadounidenses.
Trump anunció que compañías de Estados Unidos invertirán miles de millones de dólares para explotar los recursos venezolanos de forma “eficiente”.
Proteger esos recursos, añadió, es una cuestión clave para la seguridad nacional estadounidense.

En ese contexto, confirmó que el embargo petrolero contra Venezuela se mantendrá en vigor.
También advirtió que el despliegue militar en la región continuará activo.
El presidente dejó abierta la puerta a una segunda oleada de ataques si lo considera necesario.
El tono se volvió aún más duro cuando lanzó un mensaje directo a los países latinoamericanos.
Trump pidió que “tomen nota” de lo ocurrido en Venezuela.
La advertencia incluyó menciones explícitas a Cuba y al presidente colombiano Gustavo Petro.
El secretario de Estado, Marco Rubio, fue todavía más agresivo en su lenguaje.
“Que cuide su trasero”, dijo en referencia a los líderes que, según Washington, podrían desafiar la nueva estrategia estadounidense.
Rubio reforzó el mensaje afirmando que cuando Trump dice algo, lo cumple.
“No se juega con Trump”, sentenció.
Para eliminar cualquier duda sobre el alcance de la operación, la Casa Blanca difundió una imagen que dio la vuelta al mundo.
En ella se veía a Nicolás Maduro aparentemente rendido.
La fotografía se convirtió en un símbolo inmediato del nuevo escenario político que Estados Unidos quiere imponer en Venezuela.
Desde Washington, la corresponsal Cristina Olea explicó que Trump promete implicarse directamente en el gobierno venezolano.
También en la gestión de su industria petrolera.
Según Olea, el presidente estadounidense aseguró que su país gobernará Venezuela hasta que exista una transición “en condiciones”.
Sin embargo, dejó muchas preguntas sin responder.
No explicó con claridad cómo piensa administrar el país ni bajo qué marco legal internacional lo hará.
Trump habló de un equipo estadounidense en contacto con venezolanos.
No especificó quiénes son esos interlocutores.
Lo que sí dejó claro es que no se trata de María Corina Machado.
En cambio, sorprendió al revelar contactos con Delcy Rodríguez.
Rodríguez ha sido hasta ahora la vicepresidenta y mano derecha de Nicolás Maduro.
Este detalle generó un fuerte impacto político.
Muchos analistas interpretan que Washington busca apoyarse en sectores del propio chavismo para pilotar la transición.
Tampoco quedó claro hasta qué punto habrá tropas estadounidenses desplegadas en suelo venezolano.
Las fuerzas que se encuentran en el Caribe permanecen en estado de alerta máxima.
Durante meses, Trump justificó las operaciones navales como una lucha contra el narcotráfico.
Hablaba de ataques contra supuestas narcolanchas.
Pero en esta comparecencia fue mucho más lejos.
El presidente presumió abiertamente de que Estados Unidos vuelve a dominar el continente americano.
Esta afirmación contrasta de forma directa con sus promesas de campaña.
Trump había asegurado que no intervendría en otros países.
Sin embargo, esta operación se perfila como la mayor intervención estadounidense en la región desde la invasión de Panamá en 1989.
Y lo más llamativo es que se ha llevado a cabo sin el respaldo explícito del Congreso.
El silencio del poder legislativo ha generado un intenso debate constitucional en Estados Unidos.
Expertos legales cuestionan si el presidente ha excedido sus atribuciones.
En América Latina, la reacción ha sido inmediata.
Varios gobiernos han expresado preocupación por la soberanía venezolana.
Otros, en cambio, han guardado silencio.
En Venezuela, la incertidumbre domina el ambiente político y social.
La imagen de Maduro rendido ha sido celebrada por algunos sectores.
Para otros, es vista como una humillación nacional.
Las calles del país viven horas de tensión.
La población teme que la transición prometida derive en una ocupación prolongada.
Organismos internacionales han pedido explicaciones formales a Washington.
La ONU ha convocado reuniones de urgencia.
La Unión Europea sigue el desarrollo de los acontecimientos con cautela.
Rusia y China han expresado su rechazo a cualquier intervención unilateral.
Ambos países consideran que se trata de una violación del derecho internacional.
Estados Unidos, por su parte, insiste en que actúa por la estabilidad regional.
Trump repite que su objetivo es evitar que otros actores entren en Venezuela.
El petróleo, una vez más, aparece como el verdadero eje del conflicto.
Mientras tanto, el futuro político de Venezuela permanece en el aire.
Lo que parecía impensable hace solo unos meses se ha convertido en realidad.
Una nueva etapa se abre para el país sudamericano.
Y el mundo observa con atención las consecuencias de una decisión que puede redefinir el equilibrio de poder en toda la región.