Un emotivo mensaje del rey Felipe VI y la reina Letizia tras el terremoto en Colombia.
Felipe VI y Letizia miran a Colombia en su hora más difícil: un mensaje de solidaridad mientras 164 españoles siguen sin localizar
Un mensaje institucional puede parecer pequeño frente a una catástrofe de esta magnitud. No levanta edificios, no despeja carreteras y no puede sustituir el trabajo de quienes siguen buscando supervivientes bajo toneladas de hormigón.
Pero también existen momentos en los que las palabras adquieren otra función: recordar a quienes están atravesando la tragedia que el desastre no está ocurriendo en silencio.
Los Reyes Felipe VI y Letizia han querido trasladar públicamente ese mensaje a Colombia después del devastador terremoto que golpeó el oeste del país el lunes 10 de agosto. La Casa del Rey expresó su “profunda solidaridad” con el pueblo colombiano y reservó una parte especialmente significativa de su comunicado para quienes han perdido familiares y para las personas que todavía permanecen desaparecidas.
La preocupación española tiene además una dimensión muy concreta.
El Ministerio de Asuntos Exteriores todavía intenta localizar a 164 ciudadanos españoles.
Eso no significa que hayan sido oficialmente declarados víctimas ni que se encuentren necesariamente atrapados. Significa que, hasta la última actualización disponible, Embajada y Consulado no habían conseguido establecer contacto con ellos. José Manuel Albares ha señalado que no consta por ahora ningún fallecido ni herido español.
Y esa diferencia es fundamental en una emergencia donde las comunicaciones han sufrido importantes interrupciones.

“Acompañamos de corazón”
La Casa Real difundió el mensaje a través de sus canales oficiales.
Los Reyes trasladaron su solidaridad a Colombia y afirmaron que acompañan especialmente a las familias que han perdido a alguien. También mencionaron expresamente a las personas desaparecidas y a los 164 españoles todavía sin localizar, expresando su deseo de que puedan ser encontrados cuanto antes.
El tono evita cualquier protagonismo de la institución.
No hay una larga declaración política.
Tampoco una valoración sobre cómo está gestionando Colombia la emergencia.
El mensaje se concentra en tres elementos: víctimas, desaparecidos y solidaridad.
Desde mi perspectiva, es la elección adecuada.
En las primeras horas posteriores a una catástrofe, la prioridad institucional debería estar mucho más cerca del acompañamiento y la disponibilidad para colaborar que de cualquier intento de convertir la tragedia en una pieza de comunicación política.
El balance de 132 muertos quedó rápidamente superado
Aquí conviene actualizar el texto original.
Las primeras informaciones del lunes hablaban de 132 fallecidos y aproximadamente 570 heridos. Pero los equipos de rescate continuaron accediendo a edificios destruidos y las autoridades locales fueron incorporando nuevas víctimas durante el martes.
El balance más reciente recogido por Reuters y El País eleva ya la cifra a al menos 224 muertos, con cientos de heridos y un número todavía cambiante de desaparecidos. Las autoridades advierten que la cifra puede continuar aumentando conforme avancen las operaciones en las zonas donde las comunicaciones y el acceso siguen siendo difíciles.
Este detalle obliga a tratar cualquier número como provisional.
En una emergencia así, el titular de una mañana puede quedar desactualizado unas horas después.
Por eso resulta más responsable hablar de “al menos” y recordar continuamente que las cifras siguen evolucionando.
Un terremoto que golpeó el corazón del oeste colombiano
El seísmo de magnitud 7,4 se produjo alrededor de las 7:34 de la mañana, con epicentro próximo a San José del Palmar, en el departamento del Chocó. La sacudida se sintió en una amplia extensión del territorio colombiano y produjo daños especialmente graves en ciudades como Cali y Pereira.
La profundidad del terremoto permitió que las ondas sísmicas fueran percibidas a grandes distancias.
Bogotá también sintió el movimiento.
Asimismo se recibieron reportes desde distintas zonas del centro y oeste del país y desde territorios vecinos.
Pero sentir un terremoto y sufrir sus consecuencias no son lo mismo.
En Cali y Pereira, el problema no terminó cuando dejó de moverse el suelo.
Comenzó después.
Edificios colapsados.
Viviendas inhabitables.
Hospitales dañados.
Calles cubiertas de escombros.
Servicios básicos interrumpidos.
Y familias esperando saber si detrás de una pared destruida continúa alguien con vida. Reuters informa de unas 5.000 viviendas dañadas y de graves afectaciones en infraestructuras, mientras los equipos de emergencia utilizan maquinaria pesada y también trabajan manualmente entre los restos de edificios.
Las imágenes explican algo que los números nunca consiguen transmitir
Decir “224 muertos” es necesario.
Pero la cifra tiene un problema: puede terminar convirtiendo una catástrofe humana en estadística.
Cada número representa una historia interrumpida.
Una persona que salió a trabajar.
Un niño que estaba desayunando.
Una familia que esperaba comenzar una semana normal.
Un paciente ingresado.
Un comerciante abriendo su establecimiento.
Un trabajador sanitario comenzando su turno.
En Pereira, una profesional sanitaria relató cómo tuvieron que evacuar a centenares de pacientes, incluidos recién nacidos en incubadoras, personas ingresadas en cuidados intensivos y mujeres embarazadas después de que el terremoto dañara instalaciones médicas.
En Cali, vecinos se incorporaron espontáneamente a las búsquedas mientras los equipos profesionales intentaban localizar personas bajo edificios derrumbados. Reuters describe operaciones realizadas con grúas, excavadoras y, cuando era necesario, simplemente con las manos.
Ahí está probablemente la dimensión real de la tragedia.
No en la magnitud 7,4.
En lo que sucede después de esos segundos.
Las réplicas mantienen el miedo
El Servicio Geológico Colombiano ha continuado registrando réplicas después del terremoto principal. Según el balance recogido por El País, se habían contabilizado 47 réplicas hasta la tarde del lunes, la mayor de magnitud 4,8. Las autoridades han advertido de que pueden producirse nuevos movimientos.
Para alguien que acaba de ver cómo un edificio se derrumba, una réplica moderada no se siente necesariamente como algo “moderado”.
Cada movimiento devuelve el miedo.
Explica también por qué muchas personas prefieren permanecer temporalmente en espacios abiertos antes que regresar inmediatamente a viviendas dañadas.
Y supone un riesgo adicional para los rescatistas que trabajan sobre estructuras cuya estabilidad todavía no está asegurada.
Abelardo de la Espriella afronta una crisis apenas días después de asumir la Presidencia
La catástrofe ha golpeado Colombia en un momento político muy particular.
Abelardo de la Espriella había asumido la Presidencia apenas unos días antes, el 7 de agosto. Tras el terremoto declaró el desastre nacional y situó las tareas de rescate y atención a los afectados entre las prioridades absolutas del nuevo Gobierno.
Eso convierte la emergencia en la primera gran prueba de su mandato.
Pero sería prematuro realizar balances políticos definitivos mientras continúan las búsquedas.
La eficacia de un Gobierno después de un terremoto no se mide únicamente por una declaración durante las primeras horas.
Se medirá también por lo que ocurra dentro de semanas y meses:
la atención médica;
los alojamientos temporales;
la reconstrucción de viviendas;
la recuperación de hospitales y colegios;
la transparencia en las ayudas;
y la capacidad para impedir que quienes han perdido prácticamente todo queden abandonados cuando las cámaras internacionales se marchen.
Felipe VI había estado en Colombia apenas unos días antes
El mensaje de la Casa Real posee además una proximidad temporal particular.
Felipe VI había viajado recientemente a Colombia para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente. Pocos días después, el país al que acababa de visitar enfrenta una de sus mayores emergencias sísmicas recientes.
España y Colombia mantienen además una relación humana que va mucho más allá de la diplomacia formal.
La comunidad colombiana en España es numerosa y existen también miles de ciudadanos españoles residentes, trabajando o viajando en Colombia.
Por eso el terremoto se vive simultáneamente a ambos lados del Atlántico.
En distintas comunidades españolas, asociaciones de colombianos han explicado la angustia de familias incapaces de contactar con familiares y amigos durante las horas posteriores al seísmo debido a problemas de telecomunicaciones.
Los 164 españoles “sin localizar” requieren precisión
La expresión puede resultar alarmante.
Por eso es importante explicar qué significa.
Albares señaló que las autoridades consulares han conseguido contactar con la mayoría de españoles incluidos en sus registros, pero faltan 164 personas con las que todavía no se ha establecido comunicación. Por ahora, Exteriores no tiene constancia de españoles muertos o heridos.
En desastres naturales es frecuente que una persona figure temporalmente como no localizada simplemente porque:
su teléfono está sin batería;
la red móvil ha dejado de funcionar;
ha sido evacuada;
se encuentra viajando;
o no ha podido informar todavía de que está bien.
Eso no significa minimizar la preocupación.
Significa no convertir “sin localizar” automáticamente en “víctima”.
La diferencia puede evitar horas adicionales de angustia a muchas familias.
Naciones Unidas está preparada para ampliar la respuesta
El sistema humanitario de Naciones Unidas ha comenzado a movilizar mecanismos de seguimiento y apoyo ante la emergencia colombiana. OCHA mantiene información específica sobre el terremoto del 10 de agosto y los organismos humanitarios están preparados para colaborar con las autoridades nacionales en función de las necesidades identificadas.
Ese orden también resulta importante.
Después de una catástrofe es frecuente escuchar que la ausencia inmediata de una gran operación internacional significa falta de solidaridad.
No necesariamente.
El Estado afectado coordina inicialmente sus capacidades y determina qué recursos necesita antes de solicitar determinados tipos de ayuda externa.
Mandar equipos que nadie ha pedido puede complicar aeropuertos, carreteras y logística en lugar de solucionar problemas.
La buena ayuda no consiste únicamente en enviar mucho.
Consiste en enviar aquello que realmente hace falta.

Cruz Roja y equipos locales son quienes sostienen las primeras horas
Antes de cualquier gran operación internacional están las personas que ya se encontraban allí.
Bomberos.
Policías.
Sanitarios.
Protección civil.
Militares.
Cruz Roja.
Y miles de vecinos.
Las primeras horas después de un derrumbe son cruciales porque la posibilidad de encontrar supervivientes disminuye con el paso del tiempo.
Las imágenes llegadas de Cali y Pereira muestran precisamente esa combinación: profesionales trabajando junto a ciudadanos que ayudan a retirar escombros, transportar materiales o localizar personas atrapadas.
Quizá sea una de las pocas imágenes luminosas dentro del desastre.
Cuando desaparecen paredes, techos y calles conocidas, personas que horas antes eran desconocidas comienzan a trabajar como equipo.
Pero las redes también abren otra emergencia: la desinformación
Un desastre de esta magnitud genera inevitablemente imágenes, rumores y cifras a una velocidad enorme.
El País ha advertido incluso de la circulación de contenidos falsos o manipulados mediante inteligencia artificial después del terremoto.
Este problema merece especial atención.
Una fotografía falsa de una presa supuestamente rota puede provocar evacuaciones innecesarias.
Un rumor sobre otro gran terremoto “previsto” puede generar pánico.
Una cifra inventada de muertos puede multiplicar el sufrimiento.
Y un supuesto teléfono de ayuda fraudulento puede aprovecharse de familias desesperadas.
En situaciones así, la recomendación debería ser sencilla: priorizar siempre información del Servicio Geológico Colombiano, autoridades de emergencia, Policía, organismos humanitarios y canales consulares oficiales.
La velocidad importa.
La fiabilidad todavía más.
Nuestra valoración: el mensaje de los Reyes tiene sentido precisamente porque no intenta ocupar el centro
Felipe VI y Letizia no pueden resolver la emergencia.
Y tampoco deberían intentar presentarse como protagonistas de ella.
El valor de su mensaje está justamente en otra parte.
En mirar hacia Colombia.
En reconocer a las víctimas.
En recordar a los desaparecidos.
Y en hacer visible la preocupación por esos 164 ciudadanos españoles cuya situación todavía se intenta esclarecer.
Pero las palabras institucionales solo tienen verdadero peso cuando detrás existen acciones.
España dispone de mecanismos consulares y de cooperación que pueden contribuir a la respuesta si Colombia solicita asistencia. Exteriores ha señalado que la AECID permanece preparada para colaborar.
Esa debería ser la siguiente dimensión de la solidaridad.
No solamente condolencias.
También disponibilidad.
La historia cambiará durante las próximas horas
Esta quizá sea la advertencia más importante para cualquier publicación sobre el terremoto.
El texto inicial hablaba de 132 muertos.
Horas después ya hablamos de al menos 224.
El número de heridos también está cambiando.
Lo mismo ocurre con los desaparecidos.
Y probablemente cambiará la cantidad de españoles todavía sin localizar a medida que las comunicaciones se recuperen.
Por eso cualquier artículo que pretenda ser riguroso debería llevar implícita una palabra:
provisional.
Hoy Colombia continúa buscando.
Y mientras exista una persona atrapada bajo los escombros, la prioridad no debería ser discutir quién obtiene rédito político de la tragedia.
Debería ser encontrarla.
El mensaje de Felipe VI y Letizia termina precisamente mirando hacia quienes todavía faltan.
Quizá ahí esté también la única conclusión razonable en este momento.
No sabemos cuál será el balance final.
No sabemos cuánto tardarán las ciudades afectadas en reconstruirse.
Pero sí sabemos qué debería importar ahora: rescatar a quienes aún puedan ser salvados, atender a quienes han sobrevivido y acompañar a las familias que esperan una llamada.
Porque detrás de esos 164 españoles todavía sin localizar y de todos los colombianos cuyo paradero sigue sin aclararse hay personas esperando exactamente la misma noticia:
que el teléfono suene y, al otro lado, alguien pueda decir simplemente: “Estoy bien”.