Paz Padilla rompió su silencio y respondió en el programa ‘El show de Paz’ a todos aquellos que se regodearon cuando su programa fue cancelado en Telecinco.
Paz Padilla responde al ‘hate’ antes del final de su programa: una cosa es el 6,8% y otra celebrar que un equipo pierda su trabajo
Paz Padilla ha decidido responder.
No a Telecinco.
No a quienes consideran que El show de Paz era un formato mejorable.
Ni siquiera a quienes creen que su cancelación después de apenas dos meses está perfectamente justificada por los datos de audiencia.
Su mensaje se dirige a otra clase de reacción: las burlas, insultos y celebraciones personales que aparecieron en redes sociales después de conocerse el final del programa.
Y la diferencia es importante.
Porque El show de Paz ha fracasado en términos de audiencia. Eso es medible.
Pero de ahí a considerar que ese fracaso convierte en legítimo cualquier ataque contra su presentadora o en motivo de celebración que un equipo termine su trabajo existe una distancia considerable.
Padilla aprovechó este sábado 29 de agosto la visita de Josema Yuste para explicarlo desde el propio plató:
“Te puede gustar más o menos mi trabajo, puedes hacer una crítica, pero no insultes”.
Quizá esa frase sea mucho más interesante que intentar presentar su intervención como una explosión de rabia.
Porque Paz no negó los malos datos.
Tampoco dijo que Telecinco estuviera equivocada al cancelar el programa.
Lo que cuestionó fue otra cosa:
¿por qué el fracaso profesional de alguien parece haberse convertido en un espectáculo paralelo?
Josema Yuste abrió involuntariamente la puerta al asunto
La conversación comenzó sin hablar directamente de la cancelación.
Paz preguntó a Josema Yuste si la vida podía resultar más sencilla antes de la existencia de unas redes sociales que someten a los personajes públicos a opiniones permanentes.
El humorista respondió que, al menos en parte, sí.
Explicó que antes existía menos dependencia de la inmediatez y menos presión por comprobar constantemente qué estaba diciendo la gente.
Y reveló también una decisión personal: no utiliza redes sociales y no tiene intención de hacerlo porque reconoce que las críticas podrían afectarle. Mediaset mantiene disponible el fragmento oficial de la entrevista.
Entonces Padilla llevó la conversación directamente hasta aquello que llevaba varios días viviendo.
Dijo que determinadas opiniones podían resultar “muy crueles”.
Y puso un límite que probablemente debería parecer bastante obvio:
criticar sí.
Insultar no.

“Yo soy la cara del cartel, pero detrás hay mucha gente”
Después llegó la parte más significativa de su intervención.
Paz recordó que cuando alguien escribe celebrando que un programa haya sido cancelado, generalmente está pensando en el rostro que aparece delante de la cámara.
En este caso, ella.
Pero un programa de televisión requiere redactores, realizadores, cámaras, técnicos de sonido, iluminación, producción, maquillaje, vestuario, guion, edición, auxiliares y decenas de profesionales que nunca aparecen en pantalla.
“Yo soy la cara del cartel, pero detrás hay mucha gente”, recordó.
Josema Yuste coincidió con ella y puso el foco en ese trabajo colectivo.
Y es precisamente aquí donde creemos que el argumento de Padilla resulta más sólido.
Una crítica puede decir:
El show de Paz tenía un ritmo deficiente.
No encontraba identidad.
Sus entrevistas no funcionaban.
La propuesta no justificaba dos horas de programación.
Telecinco tomó correctamente la decisión de retirarlo.
Todo eso entra dentro del análisis televisivo.
Pero escribir con satisfacción que decenas de trabajadores “se van a la calle” ya no evalúa el programa.
Evalúa el fracaso humano como entretenimiento.
Son terrenos diferentes.
Ahora bien: defender al equipo tampoco debería utilizarse para esquivar el dato principal
Aquí conviene mantener el equilibrio.
Paz tiene razón al pedir respeto.
Pero la cancelación no apareció de la nada.
Telecinco estrenó El show de Paz el 27 de junio como una apuesta específica para las tardes de sábado y domingo.
Mediaset lo presentó oficialmente como un espectáculo de aproximadamente dos horas con humor, entrevistas, historias humanas y un tono “cercano y optimista”. Era además uno de los principales estrenos de su batería de formatos para el verano.
El estreno obtuvo un 7,8% de cuota.
Después, el programa permaneció durante prácticamente toda su trayectoria entre el 6% y el 8%.
El domingo 23 de agosto igualó su mínimo con un 6,1% y 486.000 espectadores.
Su promedio acumulado se ha situado alrededor del 6,8%-7%, dependiendo del momento utilizado para realizar el cálculo.
Para Telecinco, esos números no eran suficientes.
Esa parte de la historia tampoco debe suavizarse.
Por tanto, decir que el programa fue un fracaso de audiencia es perfectamente legítimo
La palabra “fracaso” suele resultar incómoda.
Pero dentro de la televisión comercial tiene un significado bastante concreto.
Un programa nace con determinadas expectativas.
Si no alcanza un nivel de audiencia suficiente para mantener la inversión y la estrategia de la cadena, termina.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido.
Mediaset ha decidido que desde el sábado 5 de septiembre Fiesta vuelva a ocupar íntegramente la franja de tarde, comenzando nuevamente a las 16:00 horas.
Por tanto, defender a Paz frente al insulto no requiere inventar un éxito que no existió.
El show de Paz no funcionó como Telecinco esperaba.
Y al mismo tiempo:
Paz no tiene por qué aceptar insultos porque su programa no funcionara.
Las dos afirmaciones pueden convivir perfectamente.
De hecho, Paz no ha discutido públicamente el audímetro
Eso diferencia bastante su reacción de otras despedidas televisivas.
Horas antes de la emisión del sábado, Padilla había publicado un mensaje en Instagram.
No cuestionó la cancelación.
No dijo que los datos estuvieran manipulados.
No acusó a Telecinco de haberla abandonado.
Su reflexión fue sentimental, pero coherente con la propuesta con la que había nacido el programa.
Recordó algunos de sus momentos favoritos y afirmó sentirse orgullosa de un equipo que había intentado entretener y emocionar.
Terminó reivindicando que el objetivo consistía en hacer televisión y, al mismo tiempo, “intentar hacer un poquito de bien”.
Puede gustar o no esa filosofía televisiva.
Pero no apareció después del fracaso como una justificación improvisada.
Mediaset había promocionado desde junio el formato precisamente alrededor de historias humanas y “héroes anónimos”.
La reacción de Paz coincide además con algo bastante insólito: el presidente de RTVE salió en defensa del respeto hacia el equipo
Días antes, José Pablo López, presidente de una corporación que compite directamente contra Telecinco, publicó una reflexión sobre la manera en que determinadas personas celebraban la cancelación de programas.
No mencionó expresamente a Paz Padilla.
Por eso conviene no afirmar que su mensaje estaba oficialmente dedicado a ella.
Pero la publicación coincidió exactamente con la polémica por El show de Paz y fue interpretada de esa manera por numerosos medios.
López describió como “descarnado” contemplar la crueldad con la que algunas redes celebran un fracaso profesional.
Y terminó con una idea difícil de discutir:
“La crítica no está reñida con la humanidad”.
Es probablemente la mejor síntesis de toda esta controversia.
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Porque tampoco deberíamos convertir “las redes sociales” en una sola persona
Aquí existe otro matiz importante.
Decir que “las redes celebraron la cancelación” puede producir la misma distorsión que tantas noticias sobre supuestos “veredictos del público”.
No sabemos qué piensa “Twitter” o “X” como conjunto.
Existen millones de usuarios.
Algunos criticaron el programa.
Otros insultaron.
Otros celebraron su retirada.
Otros defendieron a Paz.
Y muchos probablemente no dijeron absolutamente nada.
Por tanto, cuando Padilla habla del hate recibido, está reaccionando a determinados mensajes reales, no demostrando que exista un rechazo unánime contra ella.
La misma regla que utilizamos para las audiencias televisivas debería aplicarse aquí:
una selección de comentarios no representa automáticamente a toda una sociedad.
Tampoco toda crítica dura es ‘hate’
Este punto también merece atención.
Existe una tendencia creciente entre personajes públicos a colocar dentro de la palabra hater cualquier valoración negativa.
Eso tampoco sería sano.
Un crítico puede decir que un programa le parece malo.
Un espectador puede considerar que Paz Padilla no funciona como presentadora.
Alguien puede celebrar que Fiesta recupere cinco horas porque prefiere el programa de Emma García.
Incluso se puede ironizar sobre una decisión de programación.
Nada de eso constituye automáticamente acoso.
La línea aparece cuando el análisis del producto desaparece y se sustituye por ataques personales, humillaciones, insultos o satisfacción ante el perjuicio profesional de personas concretas.
Y precisamente esa es la frontera que Paz dibujó:
“Puedes hacer una crítica, pero no insultes”.
No parece una exigencia particularmente radical.
El director de Secuoya también había expresado su sorpresa
Sergio Lizarraga, directivo de Secuoya Studios —la compañía que produce el formato junto a Mediaset—, reaccionó previamente al mensaje de José Pablo López.
Según explicó, le había sorprendido especialmente el nivel de hostilidad con que algunas personas estaban recibiendo el final del programa.
Su reflexión insistía también en que una cancelación no afecta únicamente a la figura conocida que aparece en el cartel.
Esta coincidencia entre Paz, un responsable de la productora y el presidente de una corporación rival revela algo interesante.
Ya no se está discutiendo únicamente sobre El show de Paz.
Se está hablando de una cultura cada vez más habitual alrededor de la televisión:
convertir el audímetro en una competición deportiva donde alguien debe ser humillado cuando pierde.
Y eso también afecta a cómo hablamos de las audiencias
Un 6,1% es un mal resultado para un programa con estas expectativas.
No significa que 486.000 personas sean “nadie”.
Un 7% es insuficiente comercialmente para Telecinco en esas condiciones.
No significa que el contenido carezca de cualquier valor.
La televisión funciona con una paradoja permanente.
Medio millón de personas reunidas delante de un programa sería una multitud gigantesca en prácticamente cualquier otro contexto.
En televisión puede significar una cancelación.
Ambas cosas son verdad.
El verdadero problema probablemente fue que ‘El show de Paz’ nunca encontró un espacio suficientemente definido
Aquí creemos que existe una lectura más útil que simplemente culpar a Paz.
El programa intentó reunir:
humor;
entrevistas;
testimonios humanos;
cámaras ocultas;
personajes del corazón;
nostalgia televisiva;
y momentos emocionales.
La mezcla era amplia.
Quizá demasiado.
El espacio pretendía diferenciarse mediante un tono positivo, pero necesitaba competir dentro de una franja donde Antena 3 mantiene una fortísima oferta cinematográfica y donde el propio Fiesta disponía ya de una audiencia reconocible.
Además, Telecinco atraviesa una crisis estructural que va mucho más allá de este formato.
El País recuerda que la cadena cerró julio con un mínimo histórico del 7,1% mensual, mientras que varios de sus estrenos estivales tampoco consiguieron consolidarse.
Por tanto, atribuir todos los problemas exclusivamente a Padilla sería demasiado fácil.
Ella encabezaba el programa.
Pero no diseñó por sí sola el contexto en el que debía competir.
También resulta revelador que Telecinco vuelva inmediatamente a ‘Fiesta’
Cuando un experimento falla, las cadenas suelen regresar a terreno conocido.
Eso hará Mediaset.
Fiesta recuperará desde el 5 de septiembre su horario habitual de 16:00 a 21:00 horas, con Emma García nuevamente al frente.
La decisión demuestra que El show de Paz fue realmente una prueba.
Telecinco redujo temporalmente una marca estable para comprobar si podía introducir otra oferta.
Los datos dijeron que no.
Fin de la prueba.
No necesariamente fin de Paz Padilla en Mediaset.
Hasta ahora no existe un anuncio que permita concluir que la cadena haya roto definitivamente su relación profesional con ella.
Se cancela un programa, no se ha anunciado la cancelación de una persona.
Nuestra lectura: Paz acierta al separar la crítica del ensañamiento, pero tampoco necesita convertir el programa en una causa moral
A nuestro juicio, la posición más sólida de Padilla está precisamente en su frase más sencilla:
no insultes.
Cuando añade que su equipo pretendía “hacer un poquito de bien”, entra ya en un terreno más subjetivo.
Puede ser una intención sincera.
Pero hacer un programa amable no lo convierte automáticamente en un buen programa.
Y cuestionarlo tampoco convierte a nadie en una mala persona.
El público tiene derecho a aburrirse.
A cambiar de canal.
A preferir Multicine.
A considerar que el formato no funcionaba.
Y Telecinco tiene derecho a cancelar un espacio que promedia aproximadamente un 6,8%.
Pero ninguna de esas circunstancias exige disfrutar con el fracaso personal de quienes participaron en él.
Nuestra conclusión: el audímetro dicta si continúa un programa, no cuánto respeto merece quien trabaja en él
Este domingo 30 de agosto termina El show de Paz después de dos meses en la parrilla.
Su balance comercial es difícil de discutir.
No consiguió asentarse.
Se movió aproximadamente entre el 6,1% y el 8,1%.
Terminó igualando su mínimo pocos días antes de conocerse la cancelación.
Y Telecinco ha preferido devolver toda la tarde a Fiesta.
Pero la intervención de Paz Padilla abre un debate que continuará mucho después de que desaparezca el decorado.
La televisión necesita crítica.
Necesita análisis.
Y necesita que sus fracasos puedan señalarse sin eufemismos.
Pero criticar un producto no requiere destruir a quienes lo fabricaron.
Quizá por eso resulta significativo que uno de los apoyos más claros haya llegado precisamente desde la competencia.
José Pablo López lo resumió en una frase.
Paz lo expresó con otras palabras.
El principio es el mismo:
el fracaso profesional forma parte de una industria creativa.
El insulto no tiene por qué formar parte de la crítica.
Y ahora sí queda una cuestión interesante para debatir:
¿Crees que Paz Padilla tiene razón al denunciar que una parte de las redes ha cruzado la línea entre criticar ‘El show de Paz’ y disfrutar del fracaso de quienes trabajan en él, o piensas que los personajes televisivos deben asumir que una exposición pública tan grande incluye también reacciones extremadamente duras cuando un programa no funciona?