Silencio en San Javier, pero los movimientos son claros: Felipe VI ha ordenado una auténtica caza de brujas. Dos sospechosos, seguimientos discretos, teléfonos intervenidos. Todo para proteger lo más valioso: la seguridad y la intimidad de Leonor. Fuentes cercanas hablan de una filtración interna, de sombras demasiado cerca del entorno real. ¿Paranoia o amenaza real? Porque cuando el Rey activa el protocolo de guerra, es que algo —o alguien— ya ha cruzado la línea.(hh)

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