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No fue un desliz. Fue una elección. Ayuso decidió situar a Julio Iglesias en el centro del discurso y el resultado roza lo absurdo. No por casualidad, sino por cálculo. Lo que pretendía reforzar un relato ha terminado dejando al descubierto una desconexión inquietante con la gravedad del momento. La pregunta ya no es si se equivocó, sino por qué eligió precisamente este nombre… y qué dice eso de su forma de entender el poder.
El silencio empieza a ser más sospechoso que la denuncia. Alan Barroso y Gabriel Rufián destapan un posible escándalo fiscal que pone al PSOE contra las cuerdas. No hablan de errores menores, sino de cifras, privilegios y responsabilidades que nadie quiere aclarar. Mientras unos piden calma, otros exigen explicaciones inmediatas. La pregunta ya no es qué pasó, sino cuánto se sabe… y desde cuándo.
Carlos Herrera rompe su silencio sobre Julio Iglesias. Tras las graves acusaciones contra su amigo íntimo, el periodista decide hablar por primera vez. No fue una defensa cerrada ni un ataque frontal, sino un posicionamiento medido que dejó más preguntas que respuestas. ¿Lealtad personal o incomodidad pública? Sus palabras, esperadas durante días, han reabierto el debate sobre hasta dónde llega la amistad cuando el foco apunta a acusaciones tan serias.
Nada de esto es casual. Juan del Val pone el dedo en la llaga y deja una sospecha aún más inquietante sobre la última tormenta de Ayuso y el caso Julio Iglesias. No pregunta qué pasó, sino quién gana. Quién marca el tempo, quién señala al enemigo y quién queda fuera del foco. Su reflexión no necesita pruebas espectaculares: basta una duda bien colocada para que todo el relato empiece a resquebrajarse.
Una carta que incomoda y no pide permiso. El padre de una víctima de un grave ataque ocurrido en un hospital de Madrid se dirige directamente a Ayuso en una carta abierta que sacude conciencias. No hay consignas políticas ni retórica vacía, solo dolor, dignidad y una pregunta imposible de esquivar.