Un percance durante una emisión de RTVE podría parecer una anécdota sin importancia. Eso fue hasta que Arturo Pérez-Reverte hizo un comentario que causó gran revuelo en la opinión pública.
Un ‘atleto’ en Teledeporte reabre la guerra de Pérez-Reverte con el lenguaje inclusivo, pero su ataque a la RAE deja un matiz importante
A veces basta una sola palabra para que una retransmisión deportiva terminada hace meses vuelva repentinamente al centro de la conversación.
Eso es lo que ha ocurrido con “atleto”.
Un desliz pronunciado durante el Mundial de Relevos disputado en Gaborone, Botsuana, el pasado mes de mayo ha reaparecido ahora en las redes sociales y ha terminado provocando una durísima reacción de Arturo Pérez-Reverte.
El escritor no se limitó a corregir la expresión.
Convirtió el episodio en una crítica mucho más amplia contra determinadas formas de lenguaje inclusivo, contra los medios que las utilizan y, sorprendentemente, también contra la propia Real Academia Española, institución de la que él mismo forma parte desde 2003.
Pero detrás de la polémica existe un detalle particularmente interesante: la norma académica sobre “atleta” es bastante clara y la RAE lleva años pronunciándose públicamente sobre el lenguaje inclusivo.
Por eso creemos que esta historia merece algo más que decidir quién tiene razón en una discusión de X.
La verdadera cuestión es otra:
¿estamos ante un simple lapsus convertido artificialmente en símbolo de una batalla ideológica mucho mayor?
Todo comenzó en una jornada excelente para el atletismo español
Para comprender el contexto conviene regresar al 3 de mayo de 2026.
España cerraba su participación en los World Relays de Gaborone con un balance especialmente positivo. El equipo femenino de 4×400 consiguió la plata y estableció un nuevo récord nacional de 3:21.25, mientras que el 4×100 femenino logró la medalla de bronce. Además, cinco equipos españoles obtuvieron la clasificación para el Mundial de Pekín 2027.
Teledeporte y RTVE Play retransmitieron la competición, dentro de una cobertura en la que Lourdes García Campos ejercía labores de narración deportiva.
Precisamente al felicitar a la delegación española apareció la frase que meses después terminaría eclipsando buena parte de todo aquello.
La periodista quiso diferenciar entre mujeres y hombres y terminó diciendo “atletas y atletos”.
Un error breve.
Una palabra.
Y la retransmisión continuó.
Pero internet raramente permite que ciertos momentos desaparezcan definitivamente.
El vídeo reaparece meses después y llega a Pérez-Reverte
La secuencia empezó a circular nuevamente durante agosto en plataformas como X y otras redes.
Y finalmente terminó apareciendo ante Arturo Pérez-Reverte.
Su reacción no fue precisamente diplomática.
El académico reprodujo la expresión y utilizó el episodio para cuestionar lo que considera una deformación innecesaria del idioma. Además, dirigió una parte importante de su crítica hacia los medios de comunicación y hacia la RAE, sugiriendo que llegará un momento en que, si suficientes hablantes utilizan una forma incorrecta, la Academia terminará documentándola y aceptándola. Su mensaje empezó a circular ampliamente el 16 y 17 de agosto.
Su crítica tiene especial repercusión por una razón evidente.
Pérez-Reverte no observa a la RAE desde fuera.
Es académico de número y ocupa la silla T.
Fue elegido el 23 de enero de 2003 y tomó posesión el 12 de junio de aquel mismo año.
Por tanto, cuando critica a la Academia está cuestionando públicamente una institución a la que él mismo pertenece.
Y eso añade una segunda polémica a la primera.

La pregunta fundamental: ¿existe realmente “atleto”?
Actualmente, la respuesta normativa resulta bastante sencilla.
No es la forma que recoge el Diccionario para distinguir al deportista masculino.
El Diccionario de la lengua española define atleta como un sustantivo masculino y femenino cuando significa “persona que practica el atletismo”. Es decir:
el atleta
la atleta
La palabra permanece igual y el género se expresa mediante el artículo, los determinantes o los elementos que concuerdan con ella.
La gramática académica explica además que la mayoría de los nombres de persona terminados en -a funcionan como sustantivos comunes en cuanto al género y utiliza precisamente atleta como uno de sus ejemplos: un atleta y una atleta.
Desde este punto de vista, el error lingüístico de la retransmisión no plantea demasiadas dudas.
Pero existe una diferencia enorme entre afirmar que “atleto” no es la forma normativa y convertir automáticamente aquel lapsus en prueba de una política deliberada de RTVE.
¿Fue realmente una decisión de lenguaje inclusivo?
Aquí creemos que conviene introducir prudencia.
El vídeo permite comprobar que se pronuncia la palabra.
Lo que no permite demostrar por sí solo es qué proceso mental llevó a Lourdes García Campos hasta ella.
Puede interpretarse como un intento fallido de desdoblamiento.
Puede haber surgido porque acababa de mencionar a las mujeres y quiso diferenciar inmediatamente al grupo masculino.
Puede haber sido simplemente un lapsus espontáneo producido durante una retransmisión en directo.
Quien trabaja ante un micrófono durante horas sabe que los errores ocurren.
Cambiar palabras.
Mezclar nombres.
Confundir terminaciones.
Comenzar una frase de una manera y terminarla siguiendo otra estructura.
Por eso, a nuestro juicio, el salto entre “una periodista dijo atleto” y “RTVE promueve oficialmente la palabra atleto” necesitaría muchas más pruebas.
La primera afirmación está registrada.
La segunda sería una interpretación.
Y no son lo mismo.
Pérez-Reverte lleva años enfrentado al lenguaje inclusivo
Lo que sí resulta completamente coherente con su trayectoria pública es la reacción del escritor.
Su oposición a determinadas fórmulas de lenguaje inclusivo no comenzó con esta retransmisión.
En octubre de 2021, durante una entrevista en El Hormiguero, Pérez-Reverte ya manifestó abiertamente su rechazo a alterar artificialmente determinadas estructuras del idioma. Allí defendió que las lenguas evolucionan, pero cuestionó que ese proceso pueda acelerarse mediante imposiciones externas y comparó la evolución lingüística con el crecimiento natural de una planta.
Su posición ha permanecido bastante estable desde entonces.
Para Pérez-Reverte, una cosa es que el idioma cambie como consecuencia del uso espontáneo de millones de hablantes y otra intentar modificar su estructura deliberadamente para responder a objetivos políticos o sociales.
Y ahí encontramos probablemente la clave de su indignación con “atleto”.
No parece molestarle únicamente una palabra incorrecta.
Lo interpreta como símbolo de algo mucho mayor.
Sin embargo, su reproche al “silencio” de la RAE necesita contexto
Esta es probablemente la parte más interesante del episodio.
Pérez-Reverte incluye en su crítica la idea de una Academia que terminaría aceptando prácticamente cualquier innovación cuando se documentara suficientemente.
Pero presentar a la RAE como una institución silenciosa ante el lenguaje inclusivo resulta difícil de sostener literalmente.
La Academia lleva años publicando posicionamientos detallados sobre la cuestión.
En 2020 presentó su Informe sobre el lenguaje inclusivo en la Constitución española, elaborado después de una consulta del Gobierno. En él defendió que la Academia debe observar los usos consolidados de los hablantes y estudiar los cambios lingüísticos a través de sus corpus, pero también mantuvo la validez del masculino genérico en numerosos contextos.
En 2024 volvió a pronunciarse sobre recomendaciones relativas al uso no sexista del lenguaje y señaló que siguen existiendo discrepancias importantes alrededor del denominado masculino inclusivo.
La institución también explica expresamente que fórmulas como “los ciudadanos” pueden comprender a hombres y mujeres dependiendo del contexto y que los desdoblamientos sistemáticos no son lingüísticamente necesarios en todos los casos.
Por tanto, puede discutirse la política lingüística de la RAE.
Puede considerarse demasiado flexible.
Puede acusársela de aceptar determinadas modificaciones.
Pero no puede afirmarse sin matices que carezca de una posición pública sobre estas cuestiones.
La tiene.
Y está ampliamente documentada.
¿Puede la RAE aceptar mañana una palabra que hoy consideramos incorrecta?
Aquí aparece otra cuestión fascinante.
Pérez-Reverte ironiza sobre la posibilidad de que, si miles de personas comenzaran a utilizar “atleto”, la Academia terminara registrándola.
La exageración funciona perfectamente como provocación.
Pero también toca un debate real sobre qué hace exactamente un diccionario.
La RAE explica que parte de su trabajo consiste en observar el uso efectivo de la comunidad hispanohablante. Eso significa que las academias no inventan de manera independiente todos los cambios de la lengua; documentan transformaciones cuando estas llegan a consolidarse suficientemente entre los hablantes.
Eso no significa que cualquier error repetido veinte mil veces sea automáticamente correcto.
La incorporación de una voz depende de factores como su extensión, estabilidad, documentación, significado y uso real.
Y aquí surge una paradoja muy interesante.
Muchas palabras perfectamente normales en el español actual fueron consideradas extrañas o innecesarias en algún momento.
El idioma cambia.
Pero tampoco cambia simplemente porque alguien quiera que lo haga mañana.
Entre esas dos posiciones se encuentra probablemente toda la discusión.
Un error lingüístico terminó eclipsando dos medallas
Hay además algo casi irónico en esta historia.
Aquella retransmisión celebraba una de las mejores actuaciones recientes del atletismo español en una competición internacional.
El 4×400 femenino consiguió una plata y un récord nacional.
El 4×100 femenino terminó tercero.
Cinco relevos obtuvieron billete para Pekín 2027.
Tres meses después, gran parte de la conversación alrededor de aquellas imágenes ya no gira sobre Paula Sevilla, Ana Prieto, Rocío Arroyo, Blanca Hervás, Lucía Carrillo, Jaël-Sakura Bestué, Esperança Cladera o Maribel Pérez.
Gira alrededor de una sílaba.
“-o”.
Ese fenómeno dice bastante sobre cómo funcionan actualmente las redes sociales.
Los éxitos deportivos necesitan contexto.
Una equivocación necesita diez segundos.
Y una indignación bien formulada puede recorrer internet durante días.
Nuestra lectura: Pérez-Reverte acierta en la gramática, pero eso no cierra todo el debate
A nuestro juicio, hay dos cuestiones distintas y mezclarlas empobrece la discusión.
Desde el punto de vista normativo, “atleta” sirve tanto para hombres como para mujeres. En eso la documentación académica no deja demasiadas dudas.
Por tanto, “atleto” resulta innecesario dentro del español estándar actual.
Hasta ahí, el asunto parece sencillo.
Pero de ahí no se deduce necesariamente que el error de una comentarista demuestre que toda RTVE haya adoptado una estrategia lingüística absurda.
Tampoco parece exacto presentar a la RAE como una institución que nunca se ha pronunciado sobre lenguaje inclusivo cuando existen informes, recomendaciones y páginas completas dedicadas precisamente a explicar su posición.
Y quizá ahí encontremos el aspecto que las redes suelen eliminar del debate:
se puede considerar ridícula una palabra y, al mismo tiempo, pensar que el castigo público generado por un lapsus es desproporcionado.
Ambas posiciones son compatibles.
También debemos preguntarnos qué esperamos de una televisión en directo
Una retransmisión deportiva exige velocidad.
No existe posibilidad de editar cada oración antes de emitirla.
El narrador tiene que reaccionar constantemente a tiempos, resultados, imágenes, nombres propios y acontecimientos imprevisibles.
Eso no elimina la responsabilidad profesional.
Pero sí debería introducir cierta proporcionalidad.
Si cada error verbal cometido en directo se convierte meses después en una prueba definitiva de decadencia cultural, prácticamente cualquier archivo televisivo podría producir una polémica diaria.
La crítica lingüística es legítima.
La discusión sobre lenguaje inclusivo también.
Pero quizá deberíamos distinguir entre una política editorial sostenida y una frase pronunciada incorrectamente una sola vez.
Sin esa diferencia, dejamos de analizar el fenómeno y comenzamos simplemente a buscar munición para confirmar posiciones que ya teníamos.
Y ahí está el verdadero debate
El episodio de “atletas y atletos” puede parecer trivial.
Sin embargo, concentra tres conversaciones mucho mayores.
La primera trata sobre cómo debe evolucionar una lengua.
La segunda, sobre hasta qué punto instituciones y medios deberían intervenir activamente en esa evolución.
Y la tercera, quizá la más contemporánea, sobre nuestra tendencia a convertir cualquier equivocación capturada en vídeo en una batalla cultural.
Pérez-Reverte ha vuelto a hacer exactamente aquello por lo que lleva décadas siendo una figura especialmente incómoda: utilizar una frase contundente para obligar a miles de personas a discutir.
Pero esta vez la mejor respuesta quizá no consista simplemente en elegir entre estar con él o contra él.
Conviene separar los elementos.
“Atleto” no es la forma normativa actual.
La RAE sí ha expresado reiteradamente su posición sobre el lenguaje inclusivo.
Y una equivocación individual no demuestra automáticamente una política general de RTVE.
Tres ideas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Por eso, nuestra pregunta final es quizá más interesante que el propio lapsus:
¿Crees que Pérez-Reverte hace bien en utilizar errores como “atleto” para denunciar lo que considera una deformación del idioma, o piensas que convertir un lapsus de una retransmisión en una batalla ideológica termina exagerando un error que debería haberse quedado simplemente en una anécdota?
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