El momento más tenso de la jornada llegó cuando Jesús Cintora, escuchando a José María Aznar evitar una vez más condenar abiertamente el franquismo, no pudo contenerse. Tras varios segundos de silencio incómodo, Cintora se inclinó hacia el micrófono y soltó una sola palabra, seca, atronadora, imposible de ignorar: “¿DE VERDAD?” El plató se congeló. Esa palabra, mitad incredulidad, mitad acusación, rebotó en el ambiente como un disparo. Aznar intentó continuar su argumentación, pero la mirada fulminante de Cintora dejaba claro: la paciencia se había agotado. ¿Qué pasó después? Solo se sabe que el ambiente quedó tan tenso que cualquiera podía “cortarlo con un cuchillo”. - News

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El momento más tenso de la jornada llegó cuando Jesús Cintora, escuchando a José María Aznar evitar una vez más condenar abiertamente el franquismo, no pudo contenerse. Tras varios segundos de silencio incómodo, Cintora se inclinó hacia el micrófono y soltó una sola palabra, seca, atronadora, imposible de ignorar: “¿DE VERDAD?” El plató se congeló. Esa palabra, mitad incredulidad, mitad acusación, rebotó en el ambiente como un disparo. Aznar intentó continuar su argumentación, pero la mirada fulminante de Cintora dejaba claro: la paciencia se había agotado. ¿Qué pasó después? Solo se sabe que el ambiente quedó tan tenso que cualquiera podía “cortarlo con un cuchillo”.

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